El Mochaorejas, serie original de ViX Premium, coloca en pantalla una de las épocas más violentas de la delincuencia en México y revela el desafío de abrir espacio a narrativas complejas en la televisión actual.
Inspirada en la investigación de Olga Wornat, la producción reconstruye el caso de Daniel Arizmendi, líder de una banda de secuestradores capturado en 1998. La ficción, protagonizada por Damián Alcázar y Paulina Gaitán, exhibe componentes policiales, testimoniales y sociales, acompañados de un reparto amplio entre quienes destaca Scarlet Gruber.
El ingreso de ambos intérpretes al proyecto ocurrió, según Alcázar, “tras un casting riguroso prácticamente en todos los personajes”. El actor subraya que la producción apostó por “tener a los mejores”, y que esa exigencia fue decisiva para el resultado final. Gruber coincide: “Me sentí muy afortunada de ser parte de esta serie. Siempre había querido trabajar con Damián, se me hace un maestro”, resaltaron en entrevista con La Razón.
- El Dato: La historia ficcionada, basada en hechos reales, cuenta el contexto de la ola de secuestros que se vivieron en los noventa.
La historia se desarrolla bajo la tensión de aquellos años noventeros en los que el secuestro se convirtió en amenaza recurrente. Alcázar recuerda el primer acercamiento al personaje: “De entrada digo: no, muchas gracias, el tema es escabroso. Pero leyendo los guiones dije: wow, es una gran historia, vale la pena tocarlo, no hay que ocultarlo ni olvidarlo”. Para el actor, la ficción permite mirar el pasado para evitar su repetición.
El clima en el set, marcado por escenas de cautiverio, obligó a los actores a trabajar desde una emocionalidad intensa. Gruber lo describe como un proceso absorbente: “Yo era como una esponja. Observé mucho a Damián: su disciplina, su energía, su compromiso. Aunque tenía los ojos vendados podía sentir el temor del personaje que tenía enfrente”. Tras cada corte, sin embargo, reinaba el compañerismo: “Decía ‘corte’ y ahí estaban todos apapachándome”, recuerda.
Damián Alcázar sostiene que el oficio también implica generosidad intergeneracional: “Los jóvenes aprenden de cómo lo haces tú, no porque seas un maestro, sino por la pasión, la puntualidad. Y yo aprendo de la juventud, porque refrescas nuevas cosas, contrastas, cuestionas”.
Más allá del caso criminal, la serie invita a reflexionar sobre el rol de las plataformas en la diversificación de contenidos. Para Alcázar, la industria ha tardado en permitir apuestas de este calibre: “Siempre reaccionamos tarde en Latinoamérica, pero se pueden hacer grandes cosas. Veo el material y digo: lo quieren hacer de verdad. Tenemos un nivel maravilloso, sólo que hay que saber explotarlo con buenos proyectos como éste”.
El actor celebra que la televisión pueda ser no sólo negocio, sino también instrumento creativo. Gruber, que enlaza proyectos de tono exigente, afirma que la ficción le permite explorar contradicciones humanas: “Elegir personajes que no se parecen en nada a mí me hace experimentar sentimientos y situaciones que espero jamás vivir”.
Tras cerrar grabaciones, la actriz se tomará un respiro: “Voy a viajar por Asia para desconectarme un poco y recargar batería”, mientras Alcázar continúa sumando estrenos en México y Latinoamérica: “Tengo muchísimos proyectos en puerta, hay estrenos de películas filmadas que llegarán este año. Tengo la fortuna de ser requerido en varios países, por lo que seguiremos con un año muy cargado de trabajo, pero siendo más riguroso y selectivo”, adelanta.
Con ocho episodios dirigidos por Mauricio Cruz, la producción confirma que el género criminal vuelve a ocupar espacio en la conversación cultural y que, como apunta Alcázar, queda camino por explorar: “Si se abre la posibilidad, podemos iniciar una televisión de gran escala. Estoy esperando la siguiente”, concluyó.


