CON UN PRESUPUESTO de 250 millones de dólares, el más alto de toda la carrera de Christopher Nolan, La Odisea llega a los cines convertida en uno de los mayores hitos tecnológicos de la industria. Más allá de adaptar el clásico de Homero, volvió a desafiar los límites del cine al apostar por nuevas cámaras IMAX, escenarios construidos a escala real y un rodaje que recorrió medio mundo para evitar las pantallas virtuales.
Uno de los mayores logros fue convertirse en la primera película filmada íntegramente con cámaras IMAX de 70 milímetros de nueva generación. Para hacerlo posible, Nolan y el fotógrafo Hoyte Van Hoytema trabajaron junto con IMAX en el desarrollo de un modelo renovado: más ligero, silencioso y capaz de registrar escenas de diálogo sin el característico ruido mecánico que durante décadas limitó el uso de este formato.
La apuesta fue tan ambiciosa que la producción consumió 2.1 millones de pies de película IMAX, equivalentes a cerca de 640 kilómetros de negativo, una cantidad nunca antes utilizada en una cinta comercial. Cada rollo ofrecía apenas unos minutos de grabación, por lo que las tomas debían ensayarse al detalle antes de rodar, lo cual fue un desafío.
El realismo también alcanzó al elemento más emblemático de la historia: el Caballo de Troya. En lugar de crearlo por computadora, el equipo construyó una estructura física de aproximadamente 10.7 metros de altura, instalada sobre una playa para filmar las secuencias clave. Matt Damon relató que el propio Christopher Nolan y Van Hoytema ingresaron al interior del caballo para estudiar dónde colocar las cámaras y aprovechar al máximo los espacios reales, manteniendo la filosofía del director de privilegiar efectos prácticos sobre el CGI.
La producción se desarrolló durante 91 días y concluyó nueve días antes de lo programado. El rodaje pasó por Grecia, Italia, Marruecos, Escocia, Islandia y Malta, utilizando playas, fortalezas, islas volcánicas y paisajes naturales en lugar de escenarios digitales.
El despliegue logístico también fue monumental. Alrededor de cinco mil extras participaron en la filmación, mientras que 675 artesanos confeccionaron más de cinco mil 300 vestuarios para recrear el mundo de la antigua Grecia. Sólo las escenas de la Guerra de Troya movilizaron cerca de dos mil extras, convirtiéndose en una de las secuencias más complejas del filme.
Incluso las escenas marítimas buscaron autenticidad. Nolan utilizó embarcaciones reales, entre ellas el Draken Harald Hårfagre, el barco vikingo moderno más grande del mundo, adaptado para representar una nave de la época.
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Arantza Ruiz es la décima habitante confirmada de La Casa de los Famosos México 2026
