Para la mayoría de los estudios de Hollywood resulta relativamente fácil adaptar al cine cualquier libro popular; sin embargo, lo verdaderamente difícil es encontrar la forma en que le haga justicia al material original y que logre conectar con el público cinéfilo, al mismo tiempo que cumpla con la siempre codiciada meta de conquistar la taquilla. Algo en lo que Christopher Nolan tiene amplia experiencia, pues el cineasta ya ha demostrado su talento al tomar personajes e historias que millones de personas y diversas generaciones conocen para reinventarles en el formato cinematográfico, tal como lo ha hecho exitosamente en el pasado con su trilogía de Batman y Dunkerque, y más recientemente con Oppenheimer.
Con su adaptación de la Odisea de Homero, el director inglés nos entrega la que es ya su cinta más ambiciosa hasta ahora y una que se coloca directamente entre lo mejor que ha hecho en su de por sí notable carrera fílmica. Lo primero que hay que decir acerca del filme es que se trata de un blockbuster con el espíritu propio del cine de autor, el cual nos hace testigos de una aventura épica que, sin duda, cumple con las expectativas que vino generando desde que se anunció su realización y que, incluso a pesar de sus imprecisiones históricas que han sido tema de conversación, es un ejemplo perfecto de cómo puede tomarse inspiración de una obra conocida con el objetivo de otorgarle una nueva vida en la pantalla grande, porque más que una adaptación en toda la extensión de lo que esto significa, lo que bien vemos aquí es una reinterpretación del texto homérico.
La Odisea presenta el viaje largo y lleno de adversidades, aventuras y peripecias que es emprendido por un rey Odiseo (Matt Damon en una de las mejores actuaciones de toda su trayectoria) motivado por regresar a su hogar, mientras que su fiel esposa Penélope (Anne Hathaway) y su hijo Telémaco (Tom Holland), empeñado en descubrir si su padre continúa con vida, deben lidiar con la presión política y aquellos que pretenden a la reina al pensar que su esposo ha muerto durante su ausencia de casi 20 años tras su participación en la Guerra de Troya y su intento por volver junto a sus hombres a su reino en Ítaca.

Adaptación que rompe los límites de la tecnología
El héroe debe superar las pruebas que se le presentan en las formas de una batalla aparentemente interminable, diferentes clases de criaturas, la hechicera Circe (Samantha Morton), la bella ninfa Calipso (Charlize Theron).
También debe enfrentar las dudas de sus propios soldados y a los dioses mismos, al mismo tiempo que su esposa e hijo tienen enfrente al cruel y arrogante Antínoo (Robert Pattinson), el más peligroso de los pretendientes y quien tiene una peculiar obsesión por Odiseo.
A pesar de durar casi tres horas, la película mantiene un ritmo ágil todo el tiempo, lo cual hace que se sienta ligera y que te mantengas atento a cada secuencia y a cada diálogo, esto es un triunfo directo de su edición que sabe cuándo dar espacio a la contemplación y cuándo acelerar. También hace historia al ser el primer largometraje de ficción filmado en su totalidad con cámaras IMAX, formato que le permite tener una escala visual alucinante que se ve potenciada por una fotografía que exprime todo lo posible la profundidad, la luz natural y la oscuridad de ciertos espacios para sumergirnos en imponentes entornos.
Además, lejos de apoyarse únicamente en lo digital, destaca por un uso magistral de efectos prácticos que aportan una textura de un realismo sobrecogedor en cada escena y esa misma autenticidad se traslada al departamento de vestuario, en el que cada detalle se nota sumamente cuidado para contar su propia historia entre prendas desgastadas por el paso del tiempo y atuendos increíbles como las armaduras que vemos. La experiencia sensorial se completa con un diseño de audio impecable gracias al cual notamos cada estruendo y los silencios, así como con la música original de Ludwig Göransson (Oppenheimer), que es tan épica como la historia que acompaña.
Con La Odisea, Nolan nos regala una obra monumental e impecable que desde ya podemos considerar como fuerte candidata para lograr reconocimientos durante la próxima temporada de premios a lo mejor del séptimo arte, incluyendo el Oscar. Pero, antes de todo eso, ya pueden verla en salas de cine para vivir una auténtica y completa experiencia fílmica.
Adaptación que rompe los límites de la tecnología
| Por Carlos Aguillón |
CON UN PRESUPUESTO de 250 millones de dólares, el más alto de toda la carrera de Christopher Nolan, La Odisea llega a los cines convertida en uno de los mayores hitos tecnológicos de la industria. Más allá de adaptar el clásico de Homero, volvió a desafiar los límites del cine al apostar por nuevas cámaras IMAX, escenarios construidos a escala real y un rodaje que recorrió medio mundo para evitar las pantallas virtuales.
Uno de los mayores logros fue convertirse en la primera película filmada íntegramente con cámaras IMAX de 70 milímetros de nueva generación. Para hacerlo posible, Nolan y el fotógrafo Hoyte Van Hoytema trabajaron junto con IMAX en el desarrollo de un modelo renovado: más ligero, silencioso y capaz de registrar escenas de diálogo sin el característico ruido mecánico que durante décadas limitó el uso de este formato.
La apuesta fue tan ambiciosa que la producción consumió 2.1 millones de pies de película IMAX, equivalentes a cerca de 640 kilómetros de negativo, una cantidad nunca antes utilizada en una cinta comercial. Cada rollo ofrecía apenas unos minutos de grabación, por lo que las tomas debían ensayarse al detalle antes de rodar, lo cual fue un desafío.
El realismo también alcanzó al elemento más emblemático de la historia: el Caballo de Troya. En lugar de crearlo por computadora, el equipo construyó una estructura física de aproximadamente 10.7 metros de altura, instalada sobre una playa para filmar las secuencias clave. Matt Damon relató que el propio Christopher Nolan y Van Hoytema ingresaron al interior del caballo para estudiar dónde colocar las cámaras y aprovechar al máximo los espacios reales, manteniendo la filosofía del director de privilegiar efectos prácticos sobre el CGI.
La producción se desarrolló durante 91 días y concluyó nueve días antes de lo programado. El rodaje pasó por Grecia, Italia, Marruecos, Escocia, Islandia y Malta, utilizando playas, fortalezas, islas volcánicas y paisajes naturales en lugar de escenarios digitales.
El despliegue logístico también fue monumental. Alrededor de cinco mil extras participaron en la filmación, mientras que 675 artesanos confeccionaron más de cinco mil 300 vestuarios para recrear el mundo de la antigua Grecia. Sólo las escenas de la Guerra de Troya movilizaron cerca de dos mil extras, convirtiéndose en una de las secuencias más complejas del filme.
Incluso las escenas marítimas buscaron autenticidad. Nolan utilizó embarcaciones reales, entre ellas el Draken Harald Hårfagre, el barco vikingo moderno más grande del mundo, adaptado para representar una nave de la época.
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Arantza Ruiz es la décima habitante confirmada de La Casa de los Famosos México 2026

