Cada 24 horas llegan a las plataformas de streaming más de 75 mil canciones creadas completamente con Inteligencia Artificial (IA). La cifra, revelada por Deezer, equivale a alrededor de 44 por ciento de todos los lanzamientos diarios, aunque la propia plataforma advirtió recientemente que el volumen ya supera las 90 mil canciones al día, es decir, más de la mitad del contenido nuevo que recibe. Algunas tienen millones de reproducciones, constató La Razón.
La tendencia encendió las alarmas de un negocio que enfrenta una avalancha de música sintética, demandas millonarias y una carrera contrarreloj para definir quién será el verdadero dueño de las obras del futuro.
- El Dato: México ocupa el décimo lugar entre los mercados de música grabada más importantes del mundo. Amprofon ha advertido que la IA es un gran desafío.
Lo que hace apenas un par de años parecía una herramienta para agilizar procesos creativos, en la actualidad es un fenómeno que sacude a toda la industria. Con plataformas como Suno y Udio, cualquier persona puede generar una pieza completa —con letra, voz, arreglos e instrumentación— en cuestión de segundos, sin necesidad de cantar, tocar un instrumento o entrar a un estudio de grabación.
El crecimiento ha sido tan acelerado que Deezer desarrolló un sistema capaz de detectar canciones creadas mediante IA. La empresa sostiene que buena parte de ese material ni siquiera busca conquistar al público, sino aprovechar los sistemas de regalías mediante reproducciones automatizadas.
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“La verdadera pelea no es contra los músicos que usan la IA como herramienta, sino contra quienes programan computadoras para generar miles de canciones y subirlas en masa para inundar las plataformas”, explicó Manuel Moussallam, director de Investigación y Desarrollo de Deezer, al presentar el detector de contenido sintético.
La preocupación va mucho más allá de la creatividad. Cada canción creada automáticamente compite por aparecer en recomendaciones, listas editoriales y reproducciones que, hasta hace poco, pertenecían exclusivamente a compositores e intérpretes. Para las disqueras, el riesgo no sólo es artístico: también es económico. Además de que se vulneran los derechos de autor de los artistas.
La dimensión económica explica por qué la batalla legal apenas comienza. De acuerdo con un estudio de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC), el mercado de la música generada con Inteligencia Artificial moverá 16.8 mil millones de dólares al año en 2028 y acumulará un valor cercano a 42 mil millones de dólares en apenas un lustro.
Mientras las empresas desarrolladoras de estas herramientas obtendrían ingresos anuales por 4.2 mil millones de dólares, los compositores y autores podrían perder 24 por ciento de sus ingresos, lo que representa una merma acumulada de 10.5 mil millones de dólares entre 2023 y 2028 si no cambia la regulación actual.z
Por ello, grandes disqueras como Universal Music Group, Sony Music Entertainment y Warner Music Group mantienen una ofensiva legal contra empresas desarrolladoras de Inteligencia Artificial. Su argumento es que los modelos de las empresas fueron entrenados utilizando millones de obras protegidas por derechos de autor sin autorización de sus creadores y sin pagos.
La batalla ya comenzó a dar resultados. A finales de julio, un tribunal de Múnich, Alemania, determinó que Suno, plataforma de Inteligencia Artificial que permite a cualquier usuario crear canciones completas y realistas a partir de descripciones de texto, infringió derechos de autor al utilizar material protegido durante el entrenamiento de su sistema.
La resolución ordenó el pago de daños y la entrega de información sobre los beneficios económicos obtenidos gracias a esa utilización, un fallo considerado histórico por especialistas en propiedad intelectual.
Paradójicamente, incluso las propias empresas que impulsaron esta revolución comenzaron a reconocer la necesidad de establecer límites. Suno anunció que implementará sistemas de marcas de agua y huellas digitales para facilitar la identificación de canciones generadas con IA y combatir el fraude derivado de la publicación masiva de contenido sintético.
“La gran música la hacen las personas”, afirmó su director ejecutivo, Mikey Shulman, al presentar las nuevas medidas de la compañía.
Sin embargo, sobre la violación a los derechos de autor fue omisa para obtener las licencias correspondientes y el caso se tuvo que llevar a un tribunal para que se dictaran medidas al respecto.
El conflicto tampoco se limita a las composiciones. La clonación de voces abrió un nuevo frente que preocupa a artistas, productores y sellos discográficos. El caso más conocido fue “Heart on My Sleeve”, la canción creada con voces sintéticas que imitaban a Drake y The Weeknd y que acumuló millones de reproducciones antes de ser retirada de las plataformas por reclamaciones de derechos de autor.
Desde entonces, músicos de todo el mundo comenzaron a exigir regulaciones específicas. El ex-Beatle Paul McCartney advirtió que la IA podría permitir que “cualquiera robe el trabajo de la gente”, mientras que el cantante y compositor británico Elton John calificó como “un robo” cualquier legislación u acuerdo que permita entrenar modelos con obras protegidas sin autorización.
Ambos intérpretes forman parte del creciente movimiento internacional que exige proteger la propiedad intelectual frente al desarrollo de estas tecnologías.
No todos, sin embargo, ven a esta tecnología como una enemiga. La cantante Grimes autorizó públicamente el uso de una versión digital de su voz siempre que exista un reparto equitativo de regalías. El cantante Randy Travis, quien perdió la capacidad de cantar tras sufrir un derrame cerebral, logró lanzar nueva música gracias a una recreación autorizada de su voz mediante Inteligencia Artificial, demostrando que la tecnología también puede convertirse en una herramienta de inclusión.
En Udio, por ejemplo, las voces que más se usan para crear similares son las de Justin Bieber, Ariana Grande, Myles Smith y Maestro Gims.
Mientras artistas y empresas debaten, los consumidores apenas comienzan a notar el cambio. Una encuesta realizada por Ipsos para Deezer reveló que 97 por ciento de los oyentes no logra distinguir entre una canción creada por Inteligencia Artificial y una interpretada por seres humanos.
Al mismo tiempo, 73 por ciento considera que ese contenido debería identificarse claramente, mientras una parte importante de los usuarios afirma que dejaría de escucharlo si supiera que fue generado por algoritmos.
Las plataformas también buscan una ruta propia. Deezer ya etiqueta parte del contenido generado mediante Inteligencia Artificial y limita su presencia en ciertas recomendaciones, mientras otros servicios analizan mecanismos similares.
Paralelamente, la industria musical discute la creación de estándares internacionales para identificar obras producidas total o parcialmente con estas herramientas.
En el ámbito regulatorio, Europa, Estados Unidos y Reino Unido trabajan en nuevas disposiciones enfocadas en cuatro principios: consentimiento del autor, transparencia sobre el entrenamiento de los modelos, identificación del contenido generado por IA y protección del derecho de imagen y de la voz de los artistas. México todavía carece de una legislación específica sobre este tipo de creaciones, por lo que especialistas consideran que el debate apenas comienza y va con retraso.
Disputas millonarias
Algunos intentos por regular la Inteligencia Artificial.
Fallo contra Suno: El generador de IA, que permite a usuarios crear canciones, perdió una demanda por vulneración de derechos de autor que presentó GEMA, la cual reclamó que se entrenaron modelos sin obtener ninguna licencia y sin pagar a los artistas. El 31 de julio, el Tribunal Regional de Múnich concluyó que la empresa vulneró la legislación alemana y estadounidense sobre derechos de autor.
Sony Music vs. Udio: La disquera presentó una demanda contra la compañía por haber utilizado más de 30 mil canciones protegidas para entrenar a sus modelos sin pedir permiso para pagar derechos. Están incluidas grabaciones de Elvis Presley y Harry Styles.
Rechazan acuerdos: La Federación Estadounidense de Músicos demandó a Universal Music Group y Warner Music Group por llegar a una negociación en sus demandas con Suno y Udio. La asociación señaló que las disqueras están permitiendo que las compañías utilicen el trabajo de creadores para entrenar modelos de Inteligencia Artificial.
Pierde demanda:
Un tribunal determinó que la empresa OpenAI infringió los derechos de autor de las letras de las canciones. El recurso lo interpuso GEMA, sociedad alemana de gestión colectiva de derechos de autor musicales. Los demandantes tienen derecho a una indemnización.
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