Voces de Coyote vs. Acme

Doblaje mexicano, salarios precarios y una industria bajo presión

OCTAVIO ROJAS y Gerardo García dicen a La Razón que el reconocimiento del público no se traduce en mejores condiciones; star talents ganan 500 mil pesos y ellos 20 mil

El coyote, en un fotograma de la película.
El coyote, en un fotograma de la película. Foto: Especial

El estreno en cines de la película animada Coyote vs. Acme en México coloca nuevamente al doblaje en el centro de la conversación, no sólo por recuperar voces emblemáticas de los Looney Tunes, sino porque detrás de sus personajes existe una industria que, pese al creciente reconocimiento del público, enfrenta salarios rezagados, jornadas y producciones cada vez más aceleradas y el riesgo de que la Inteligencia Artificial utilice las voces de los actores sin autorización.

Octavio Rojas y Gerardo García, intérprete y director del doblaje de la cinta, hablaron con La Razón sobre el presente de un oficio que consideran fundamental para conectar las producciones internacionales con el público.

“Es maravilloso que cada vez sea más el reconocimiento del público, pero lo que sí nos llega a doler, quizá sí en lo económico por la diferencia abismal con un star talent. Te cuestionas: ‘¿Por qué mi trabajo vale menos?’. Se siente feo, porque uno dedica su vida a esto y de cierta forma te hace sentir rebajado”, sostiene el actor Octavio Rojas, quien está por cumplir 40 años de trayectoria, con más de tres mil proyectos.

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La llegada de celebridades e influencers al doblaje tampoco le parece negativa por sí misma. El cuestionamiento está en la diferencia de valoración frente a quienes han construido una carrera detrás del micrófono.

“Cuando comencé, todos los actores que estaban a mi lado eran star talents, porque sí eran actores de cine, radio, televisión; locutores que veías en teatro. Ahora son youtubers o influencers”, explica.

Octavio Rojas también ha sido testigo de cómo la tecnología transformó la manera de grabar. Cuando inició, los actores compartían el estudio y construían las escenas juntos. “Era más teatral, porque interactuabas con tus compañeros. Los tenías aquí juntos: las risas, el llanto, el enfado, todo esto. Éramos una familia disfuncional, pero familia”, recuerda.

Aquella dinámica, dice, exigía una concentración que hoy se ha perdido en buena medida. “Si había cinco o seis que se tenían que doblar en una escena, éramos cinco o seis actores. Si alguien se equivocaba, era repetir toda la escena. Imagínate el grado de responsabilidad que teníamos todos. Era concentración total”, relata.

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Para el intérprete del gallo Claudio, la tecnología ha traído beneficios, pero también modificó la esencia del trabajo. “Se ha vuelto algo frío, ya no es lo mismo. Ahora se graban los diálogos divididos, se hacen por partes, incluso los gritos se separan para que el ingeniero tome niveles. Antes era más artesanal, pero sentías esa experiencia”, apunta.

Gerardo García, quien está por cumplir tres décadas en la industria y dirigió el doblaje de Coyote vs. Acme, observa otro de los grandes retos: el tiempo. La película se trabajó aproximadamente entre 10 y 15 días, con alrededor de 20 a 30 intérpretes. “Es bastante complejo, sobre todo por la inmediatez, por el tiempo que tenemos para realizarla. No hay tanto tiempo para profundizar en los personajes, hacer un análisis y meternos a hacer lecturas”, señala.

El director considera que esa rapidez está directamente relacionada con el crecimiento exponencial de contenidos que necesitan una versión en español. “Con tanto producto que hay que doblar, muchas veces se ha tenido que usar más gente en algunas empresas que tal vez no está tan preparada y sí se está llegando a ver un desbalance, porque no hay tanta calidad en algunos doblajes”, advierte.

Aun con esas dificultades, Gerardo García sostiene que México conserva una posición privilegiada en el mundo del doblaje. “Estamos superfuertes y sólidos. Es una tradición, son como 80 años de doblaje fácil y ya está muy ubicado en todo el continente el doblaje mexicano, cómo suena y el nivel de calidad que tiene”, afirma.

El reconocimiento, además, aumentó gracias a las redes sociales y las convenciones, espacios que permitieron que los espectadores identificaran finalmente a quienes estaban detrás de sus personajes favoritos.

“Antes éramos mundialmente desconocidos. A partir de las redes sociales fue conforme el público comenzó a interesarse más y a conocernos”, cuenta.

Pero el nuevo escaparate abrió la puerta a otro problema: la explotación digital de las voces. Encontró contenidos en redes sociales donde utilizaron su interpretación de un personaje de la serie Suits, para generar mensajes que nunca grabó. “Se ve que metieron mi voz a alguna inteligencia porque usan clips de la serie, pero venden consejos de vida, de superación personal con mi voz y la imagen del protagonista”.

Sin embargo, no considera que la IA deba convertirse en enemiga del gremio: “No hay que verla como algo satánico, debe ser una herramienta con consentimiento. Si yo estoy, Dios no lo quiera, muy enfermo, no puedo hablar y urge sacar una película, si me dicen: ‘Tenemos unos diálogos que pueden funcionar, ¿nos autorizas?’, ahí es benéfico. Pero están tomando mi consentimiento”.


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