A DOS COLUMNAS
En el repertorio musical de Coahuila está instalado “El corrido de Rosita Alvírez”, que narra el asesinato de una mujer por no querer bailar con un hombre. Esa historia cantada de un feminicidio es el punto de partida de la película El desaire, en la cual el director y coguionista Gabo Ramos retrata los mecanismos cotidianos de control y la violencia de género que enfrentan miles de mujeres todos los días en México, al igual que en otras partes del mundo.
“Es una canción emblemática de Coahuila y la escuché por primera vez cuando tenía unos cinco años, luego cuando estaba en la preparatoria en Saltillo escuché la versión que cantaba El Piporro, donde se burlaba de la situación y me incomodaba”, señaló en entrevista con La Razón el director Gabo Ramos.

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Cuando comenzó su primera escuela de cine en Coahuila, se propuso hacer proyectos relacionados con la región y por eso pensó que de este corrido se podía contar una historia local, pero al mismo tiempo global.
“Me di cuenta de que, al ser el corrido de Rosita Alvírez de Saltillo y la escuela de cine estar en Saltillo, teníamos la oportunidad de analizar esa letra y todo el comportamiento social a su alrededor, porque ahí había una historia que contar, podíamos darle la vuelta un poco a la narrativa y contar una versión diferente”, explicó.
Producida y filmada en su totalidad en Saltillo, Coahuila, El Desaire sigue a una joven de una familia tradicional que atraviesa el duelo por la pérdida de su padre y debe hacerse cargo de la florería familiar para mantener a su madre, mientras se le presenta la oportunidad de retomar sus estudios y se enfrenta a una complicada relación con su novio, quien tiene una conducta posesiva y marcada por los celos conforme ella prioriza su formación académica.
La protagonista debe lidiar con la insistencia de un cliente envuelto en actividades delictivas que la acosa constantemente.
Otro motivante para el cineasta, para sacar adelante su cinta, era el poder dejar un documento audiovisual para sus hijas, que pudiera funcionar para ellas y otras mujeres como una especie de manual de alertas a identificar al estar en una relación romántica con otra persona. “Creo que el mayor acierto que tiene la película es que plantea esta violencia de género que nace en el núcleo de una relación de pareja, porque nos vamos dando cuenta, conforme va pasando la película de estas microviolencias que se van agravando poco a poco, hasta que terminan en una agresión física u otra tragedia”, expresó.
“Para mí el cine tiene esta cualidad de poder dejar algo que permanezca por muchos años y en este caso la película siento que se vuelve un documento muy importante para que quienes la vean puedan reflexionar sobre sus actos, sobre todo los hombres, y puede ayudarnos a entender que las actitudes que tenemos no son las adecuadas; mientras que a las mujeres les puede servir para detectar esas violencias que a veces no ven a la primera, siento que la película deja un precedente y ayuda a que se abra la conversación entre mujeres y hombres, eso me parece increíble”, compartió.
Algo que también favoreció a la producción fue que su equipo tuvo mucho tiempo para analizar castings y así entender mejor qué actrices y qué actores iban a necesitar para interpretar a cada personaje. “Vico Escorcia [la protagonista] me mandó su casting y me convenció mucho su actuación, una vez que definimos que ella era la indicada para hacer el papel principal, construimos todo el casting alrededor de ella y ése fue un acierto porque pudimos dedicarle mucho tiempo a construir su entorno con base en ella, e íbamos entendiendo qué necesitaba cada personaje y con mucho cuidado escogimos al resto del elenco”, reveló para finalizar la entrevista.
Con un enfoque que confronta la violencia, esta película comparte un mensaje claro para generar conciencia sobre los feminicidios. El Desaire ya está en la cartelera mexicana.

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