Serie llega a Prime Video

Prefiero La Muerte un apocalipsis zombi punk

EL DIRECTOR Sebastián Sariñana comparte que quiso darle un toque mexicano; “era como meter en una licuadora: morros, terror, comedia, gore”, dice

LOS PROTAGONISTAS en un póster de la serie. Foto: Prime Video

El director Sebastián Sariñana convierte la serie Prefiero la muerte en un explosivo retrato de la adolescencia mexicana, donde los zombies, el punk, el gore, la comedia y los conflictos de crecer se mezclan para construir una historia que, más allá del apocalipsis, busca abrir posibilidades para la ficción nacional.

“Todo nació con zombies”, comenta a La Razón Sebastián Sariñana. “La idea era contar un coming of age zombi y hacer lo que históricamente han hecho las grandes historias de zombis: hablar de la cultura. Tenía ganas de contar algo de zombis en México que hiciera eso, que hablara de nuestra cultura”.

La serie, que se estrena mañana en Prime Video, sigue a Archie, un adolescente que, después de ser mordido por un zombi, une fuerzas con su mejor amiga, Cris, y su amor platónico, Brenda, para intentar detener la amenaza que puede desatar el apocalipsis en Mendoza, una pequeña ciudad de provincia.

Para Sariñana, la producción fue encontrando su identidad durante el proceso creativo, hasta convertirse en una combinación de géneros y tonos poco habitual. “Era una bola de cosas hechas en una licuadora: punk, morros, zombis, provincia, terror, comedia, gore, adolescentes”, señala. Esa mezcla, lejos de buscar una fórmula, fue parte de la apuesta para construir un universo propio.

El camino para colocar el proyecto tampoco fue sencillo. “Los recursos son más limitados que en otros lugares del mundo y la gente quiere que las cosas peguen; a veces el querer que las cosas peguen se vuelve algo tóxico para la creatividad”, afirma. Prime Video decidió apostar por la propuesta y, para él, ahí está una de las claves de la producción.

  • EL DATO: ES CODIRIGIDA por Humberto Hinojosa. Actúan Luis Fernando Peña, Nashla Aguilar y Leonardo Ávila.

El realizador insiste en que la industria mexicana necesita ampliar sus posibilidades: “Si seguimos haciendo lo mismo, pareciera que estamos haciendo éxitos, pero en realidad el éxito puede significar muchas cosas”.

El punk también cuenta la historia. La música no llegó después para acompañar a las imágenes; estuvo presente desde la concepción de la serie. Los supervisores musicales trabajaron con Sariñana a partir de referencias, hasta construir una identidad sonora que corre en paralelo con los personajes.

“Desde el principio tenía muy claro el tipo de sonido que quería que acompañara la serie”, explican Joe Rodríguez y Javier Nuno, supervisores y curadores musicales. “Empezamos con referencias muy de un mundo indie, low fi, punk, post punk, y después hicimos una playlist colaborativa en la que sumamos artistas.

Sebastián Sariñana llevó esa intención incluso al rodaje: “Yo la filmé escuchando punk. Desde que la estábamos produciendo ya sabía que eso era lo que quería. Buscamos que la imagen y la música se sintieran como suena el punk, que hubiera esa angustia, esa catarsis también en el lenguaje cinematográfico”.

El soundtrack de Camilo Lara, del Instituto Mexicano del Sonido, siguió esa misma búsqueda experimental. “Fue medio low fi; se sentía como güeyes tomando vino en el cuarto de alguien, grabando locuras en un estudio casero”, recuerda Sebastián Sariñana sobre el proceso para encontrar un sonido que conviviera con las canciones seleccionadas.

Los supervisores también ven en la música una puerta para descubrir nuevos talentos.

“De repente estás viendo una escena y suena a una rola que nunca has escuchado y que está a poca madre, te obliga a sacar el celular, a buscarla y decir: ‘Ah, güey, este artista está chido’. Hay muchos talentosos en México y Latinoamérica que no tienen tanta exposición porque no pertenecen al mainstream”, dice.

Canciones como “No dejes de sonreír”, “Reggaetón vampiro”, “Perro rompebolas” y “Marucha” forman parte de ese universo. “Yo le llamaría un cubetazo de hielo a la cara. Por un momento estás viendo zombies, luego estás escuchando punk, luego estás llorando, luego ves sangre, o hay alguien rezándole a Jesucristo”, concluye el director.


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