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Cine mexicano, otra víctima del coronavirus
Una escena de la película Rencor tatuado, de Julián Hernández Pérez. Foto: Especial

Perdidas totales para cintas nacionales que estaban en cartelera al cerrar los cines, que los espacios de exhibición independientes estén en riesgo de desaparecer, falta de ingresos para los trabajadores de la industria y el temor de que filmes queden desplazados por los grandes estudios, son parte de las problemáticas que enfrenta el cine mexicano a raíz de la suspensión de actividades como parte de las medidas para prevenir el Covid-19.

“A partir la del 22 de marzo, las 10 películas que estaban en cartelera cortan su corrida de estreno. Las afecta mucho porque los productores se lo juegan todo en esta carta, invierten el millón, los 100 mil pesos, para tratar de llamar la atención y luego venderla en streaming y a la televisión; quien pierde casi al 100 por ciento sus posibilidades de recuperación es la producción, sobre todo la nacional, porque los extranjeros ya exhibieron en otra época, en otros países”, afirmó a La Razón, Víctor Ugalde, presidente del Observatorio Público Cinematográfico Rafael E. Portas.

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En cartelera estaban filmes mexicanos como la comedia romántica Veinteañera divorciada y fantástica que hasta el 22 de marzo había acumulado 36.5 millones de pesos, de acuerdo a cifras de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine); Rencor tatuado, con tres mil 250 espectadores; y el documental Familia de medianoche, con 30 mil personas. Pero también estaban cintas de distribuidoras nacionales, entre ellas Goliath, de Dominik Locher.

“La estrenamos apenas el viernes 20, se vio tres días nada más, y esto tiene una repercusión directa en los ingresos de la empresa. Íbamos a participar con dos películas en la muestra de la Cineteca y al posponerse, la inversión en copias, publicidad y otros materiales, se va a quedar en el limbo”, indicó en entrevista Alfonso López, director de Alfhaville Cinema, que durante 15 años se ha dedicado a la distribución de cine independiente y de arte.

López señaló que la inversión que llegan a hacer por filme va desde los siete mil hasta los 50 mil dólares (de 167 mil a más de un millón de pesos). En el caso de esta empresa, que, compra películas de arte y festivales, por lo menos una inversión de 10 mil dólares está detenida, “implica que la recuperación va a ser prácticamente nula”, lamentó.

Víctor Ugalde consideró que volver a poner estas cintas en pantalla cuando abran las salas de cine, tampoco es una opción, pues se tendría que hacer una nueva campaña de publicidad.

“En 2009, cuando sucedió lo mismo con el AH1N1; le pasó a Amar y morir, que también le cortaron su corrida de estreno, iba muy bien, se quedó con sus 850 mil espectadores y 35 millones de pesos. Cuando abrieron los cines, la primera semana fue de poca asistencia, la segunda se empezó a restablecer, pero la gente va a las salas por novedades, no por lo que ya venía antes”, refirió.

Cineastas, por su parte, apuntaron que cuando se reactiven las actividades, los filmes mexicanos quedarán relegados.

“¿Tú crees que las distribuidoras mayores, Cinépolis y Cinemex, van a tocarse el corazón y le dejarán tras esto 50 por ciento de las salas a las películas nacionales?, no, porque sus tratos son con las mayores, que están perdiendo un dineral en el mundo y que se van a venir como monstruos”, dijo la realizadora Lucía Carreras.

Mientras que Emilio Portes, director de Belzebuth, señaló: “si de por sí los cineastas mexicanos filman una vez cada cuatro años; es un gran golpe para el bolsillo”.

Carreras, quien junto con Lola Ovando fundó Madrecine, teme que filmes como Nudo mixteco, de Ángeles Cruz, que prevé su estreno en noviembre próximo, quede desplazado. “Se va a volver muy complicado, porque el desfile de filmes va a ser enorme”, abundó.

Otro sector que se verá afectado son las salas independientes, como el Centro Cultural Tijuana, la Casa del Cine, la Cineteca Nacional y Cine Tonalá. Este último, el lunes pasado lanzó una campaña para recibir donaciones. Ayer también pusieron en renta algunas cintas, a través del canal Tonalá.TV.

Para quienes estaban rodando, también hay pérdidas. “Estábamos grabando la  ópera prima Vergüenza, del Centro de Capacitación Cinematográfica, pero no se permitirá terminar hasta nuevo aviso; hay cosas que pertenecen a la escuela, pero otras las tuvimos que rentar; es un ingreso que ya se perdió, cerca de medio millón de pesos”, contó el cineasta y editor Miguel Salgado.

El realizador había donado su sueldo a esta filmación y esperaba recuperarse con un trabajo de edición de una serie de televisión; pero todo está parado.

Urgen apoyos gubernamentales para la industria

Ante la crisis que se prevé para la industria del cine mexicano, realizadores y productores también señalaron la necesidad de que el Gobierno del país brinde apoyos, como se ha hecho en Francia, donde se destinó una partida.

“El Gobierno federal y de la ciudad deberían considerar algún tipo de apoyo fiscal. Me preocupa mucho el destino de los espacios alternativos, pues su pérdida de ingresos durante el tiempo que dure la contingencia podría resultar en una bancarrota”, refirió Carreras.

Abundó que el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), “debería estar tomando cartas en el asunto, de cómo se van a paliar muchas de las cosas afectadas; en cintas que son de Foprocine y Fidecine tendrán más injerencia, las cuales; como tienen fondos nacionales, por obligación deben tener seguro”.

Por su parte, Víctor Ugalde señaló que las asociaciones de productores podrían tomar medidas para contrarrestar la crisis.

“Una buena ayuda para las películas que salen sería que el Estado mexicano las adquiera para pasarlas en la pantalla de manera gratuita”, aseguró.

Con información de Adriana Góchez

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