Dirigidos por Won Ki Hong

“Goedam”: los cortos terroríficos que Netflix importa desde Corea

Los efectos especiales de los cortos sirven para crear secuencias pesadillezcas; las leyendas urbanas y las alegorías son la materia prima de los relatos

AAAABf913WfUVRTLd0Ig-QobxogJWFc5borWn0hBpQKMCv5C85TT88YvruavFxoNete35NTqfJvGnI1D0vRbMhDwhZlxC6DO
Imagen promocional de "Goedam"Especial
Por:
  • Jesús Chavarría .

A principios de este siglo, el cine de terror asiático, con producciones de Japón y Corea a la cabeza, era la referencia obligada a nivel mundial. Esto provocó que la fórmula comenzara a ser llevada al desgaste y replicada en occidente con base sobre todo a remakes, que pasaron con más pena que gloria. Afortunadamente, cada cierto tiempo llegan propuestas para recordarnos lo acertado que puede llegar a ser el concepto cuando se dejan de lado los excesos y se retoman sus rasgos básicos, y este puñado de cortos coreanos estrenados en Netflix bajo el título de “Goedam”, son un ejemplo de ello.

Así pues, aquí la austeridad de recursos nuevamente se convierte en una virtud, cuando para enrarecer lo cotidiano apuestan por enfocarse en la limpieza del trazo, que obedece a la parsimonia, con rodeos y recorridos que van estirando los puntos de tensión, además de encuadres que nos recuerdan el temor que provoca mirar por los rendijas, las puertas entreabiertas y los retrovisores, en contraste con los espacios abiertos en donde el breve transitar de la gente da paso a la inquietud del vacío y el silencio.

Esto es acompañado de pequeños sobresaltos, provocados por guiños siniestros en cuadros, reflejos y fotografías, que habrán de dar paso a las ya conocidas secuencias mostrando espectros de cabellos largos, que se retuercen en posturas imposibles, con el sonido del crujir de sus huesos reclamando el protagonismo, a veces culminando con lo explícito de la sangre.

Destacan los juegos espaciales que sirven para crear secuencias pesadillezcas en las escuelas, así como la naturalidad con que se integran los dispositivos electrónicos como otro detonador del miedo, en este caso además incluyendo el uso de las redes sociales, encontrando uno de sus mejores momentos en el pasaje que gira alrededor de una blogger.

Lo mismo sucede con las alegorías y las leyendas urbanas, que son parte de la materia prima y que dan pie a historias, que van del taxista nocturno siempre expuesto a lo sobrenatural, a siniestros viajes dimensionales y oscuros rituales.

Como suele suceder con toda antología, hay episodios mejor logrados que otros, lo cual le resta consistencia al conjunto, pero aún así funciona y el formato permite que a la hora de verlos en la compañía de amigos o de la familia, se convierta en una experiencia divertida al poder comentar entre uno y otro.

Es cierto que “Goedam” no resulta precisamente novedosa, pero el director Won Ki Hong conoce la fórmula y la ejecuta con sobriedad. Buena opción tanto para aficionados al género, como para público en general.