Miércoles 21.04.2021 - 12:23

La Cuarta Compañía, los escandalosos expedientes sobre corrupción carcelaria

La Cuarta Compañía, los escandalosos expedientes sobre corrupción carcelaria
Por:
  • jesus_chavarria

Después de que hace dos años se viera por primera vez en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde fue considerada como una de las propuestas con mayor viabilidad a la hora de intentar ganarse el gusto del público, y luego de que además se convirtiera en la gran ganadora de la entrega 59 de los premios Ariel, se llevó 10 de 20 a los que estaba nominada, por fin La Cuarta Compañía llega a la cartelera y es una de las opciones más interesantes para este fin de semana cargado de estrenos previos al avasallamiento de Avengers Infinity.

La película se apunta en la línea de las producciones que recientemente se han enfocado en rescatar esos episodios de la cultura popular mexicana de una época en específica -Quebranto de Roberto Fiesco, El hombre que vio Demasiado de Trisha Ziff , Mexican Gánster de José Manuel Cravioto- que muchos cineastas habían querido ignorar.

Son los directores Amir Galván Cervera y Mitzi Vanessa Arreola -a quienes habrá que seguirles la pista- los que toman la escandalosa historia del grupo de internos que a finales de los 70 integraban el equipo de fútbol americano del reclusorio Santa Martha Acatitla, apodados Los Perros, y eran utilizados por las fuerzas policiacas dirigidas por el infame Arturo El Negro Durazo, durante el sexenio de José López Portillo, para realizar diversos crímenes fuera del mismo, dígase robo de autos y bancos; para ofrecer un relato que pese a su clara naturaleza periodística y de investigación, nunca pierde de vista su afán de entretenimiento y resulta efectivo en ese sentido.

El trabajo de producción es consistente y en general cuidadoso, aunque la manufactura es irregular, pues en contraste con las escenas que exhiben las entrañas carcelarias y obedecen a un estilo tradicional, las de acción deportiva lucen más hollywoodenses y hasta algo espectaculares, sin embargo, en ambos casos el acabado es de alto nivel y la reproducción correcta.

Destaca el desempeño algo implosivo, orgánico y casi coral del reparto, que evita el dramatismo excesivo y mantiene un tono moderado con base a la conjunción del oficio de veteranos de la talla de Manuel Ojeda, con la intensidad de actores jóvenes, aunque experimentados, como Adrián Ladrón y Gabino Rodriguez.

Quizás el punto débil de toda la propuesta es que siempre da la sensación de que a través de un discurso crítico poderoso, que aquí resulta un tanto cauto, podrían haberse explorado más las implicaciones políticas de la historia y no solo apostar por la congruencia del retrato, pero aún así éstas vienen implícitas en una trama que no cae en regodeos innecesarios, que entre atmósferas recargadas avanza sin problemas, estirando los puntos de tensión y bordeando temas de tanta vigencia como la corrupción del sistema carcelario, para capturar la atención del espectador de principio a fin.

kl