Plétora de arte y cultura

París, un viaje entre la postal y lo inesperado

EL DESTINO sorprende con sus grandes monumentos como la Torre Eiffel o la Catedral de Notre-Dame; admira la metrópoli al atardecer para vivir una experiencia única

LA TORRE EIFFEL es el monumento más famoso y visitado de París.
LA TORRE EIFFEL es el monumento más famoso y visitado de París. Foto: Armando Armenta|La Razón

En París, Francia

Hay ciudades que uno cree conocer antes de visitarlas, pero basta estar frente a ellas para descubrir que nada alcanza a prepararnos para lo que ofrecen. París es una de ellas. Los monumentos, cafés, museos, avenidas y fachadas que parecen construidas para una fotografía forman parte de un imaginario que, una vez ahí, nos obliga a mirar más allá de esa postal.

CIUDAD LUZ. Hay una primera imagen que difícilmente puede competir con otras: la Torre Eiffel. Contemplarla desde abajo, entre los jardines y los espacios abiertos que la rodean, es el preludio ideal antes de recorrer las entrañas de una estructura que, aunque parecía efímera en su tiempo, hoy resulta difícil imaginar la silueta de la capital francesa sin ella.

NOTRE-DAME resguarda la Corona de espinas de Cristo.
NOTRE-DAME resguarda la Corona de espinas de Cristo. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

Hay un momento particularmente recomendable para subirla: el atardecer. Desde las alturas, París comienza a cambiar mientras cae la luz y cuando comienza su espectáculo luminoso, la experiencia adquiere otra dimensión.

París puede recorrerse a pie. Del Campo de Marte se puede continuar hacia el Río Sena, llegar al Puente Alejandro III

—que sorprende por sus esculturas y ornamentaciones— y avanzar hacia la Plaza de la Concordia para admirar el obelisco de Luxor y sus fuentes.

EL ARCO del Triunfo fue construido por orden de Napoleón.
EL ARCO del Triunfo fue construido por orden de Napoleón. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

Otra visita imperdible es la Ópera Garnier. Mármol, esculturas, dorados, terciopelo y una gran escalinata construyen un espacio que parece más cercano a un palacio. En el interior, la mirada se dirige inevitablemente hacia la cúpula de Marc Chagall en la sala principal, donde la pintura contemporánea convive con la arquitectura del siglo XIX.

El día no puede terminar sin visitar las Galeries Lafayette, donde incluso si no tienes la intención de comprar, resulta interesante subir hasta la terraza y mirar París desde otra perspectiva.

DESDE la Torre Eiffel se tienen hermosas vistas de la ciudad.
DESDE la Torre Eiffel se tienen hermosas vistas de la ciudad. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

CAPITAL DEL ARTE. El viaje no puede excluir uno de los lugares que más planificación exige: el Louvre. Este antiguo palacio real, transformado en museo, alberga inmensas colecciones que hacen imposible recorrerlo completamente en una visita breve, por eso conviene llegar con una idea clara de lo que se quiere ver: La Mona Lisa, la Victoria de Samotracia, la Venus de Milo, las antigüedades egipcias y obras como La libertad guiando al pueblo pueden formar parte de un recorrido inicial.

Uno de los contrastes más interesantes de este recinto versa en el poder contemplar pinturas que millones de personas reconocen instantáneamente a detenerse frente a piezas cuya importancia quizá no conocíamos antes.

LA ÓPERA Garnier  y Sainte-Chapelle son visitas obligadas.
LA ÓPERA Garnier y Sainte-Chapelle son visitas obligadas. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

Al otro lado del Sena, el Museo de Orsay ofrece una experiencia diferente.

El edificio ya es, por sí mismo, parte de la visita. Lo que alguna vez fue una estación ferroviaria conserva sus enormes relojes y su estructura característica, pero en sus salas aparecen algunas de las obras fundamentales del impresionismo y el posimpresionismo. Monet, Renoir, Manet, Cézanne, Toulouse-Lautrec y Van Gogh son algunos de los nombres que nos confirman que una cosa es reconocer sus pinturas y otra encontrarse frente a ellas.

Después de varias horas de recorrido cultural, los Jardines de Luxemburgo ofrecen un respiro. Sentarse, observar el paisaje, leer o simplemente descansar permiten que el viaje tenga también momentos de relajación.

LA ÓPERA Garnier y Sainte-Chapelle son visitas obligadas.
LA ÓPERA Garnier y Sainte-Chapelle son visitas obligadas. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

La misma idea funciona en el barrio de Le Marais. Más allá de sus palacetes históricos, calles y plazas, el barrio permite descubrir restaurantes, cafés, tiendas y una vida nocturna que vale la pena vivir al menos por una noche.

MONUMENTALIDAD. Tras el incendio de 2019, la Catedral de Notre-Dame resurgió de sus cenizas y ya se puede admirar completamente gratis. Entrar después de lo que ocurrió con el edificio produce una sensación particular, pues ya no se trata únicamente de contemplar un templo medieval, sino que sus reliquias, gárgolas y torres nos recuerdan lo efímero que puede resultar incluso lo que creíamos eterno.

EL MUSEO del Louvre resguarda una amplia colección de arte.
EL MUSEO del Louvre resguarda una amplia colección de arte. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

Muy cerca, Sainte-Chapelle ofrece otro de esos momentos difíciles de traducir: sus enormes vitrales convierten el interior de la capilla en un espacio dominado por el color y la luz.

Finalmente, Montmartre y los alrededores del Sacré-Cœur nos ofrecen una panorámica única de la urbe con la Torre Eiffel de fondo, sobre todo al caer el sol, cuando el perfil parisino parece adquirir una iluminación distinta. Tras unos cuantos días de recorrido por sus barrios, monumentos y hasta en sus estaciones subterráneas, París nos confirma que uno encuentra lo que esperaba hallar, pero también ofrece aquello que apareció sin haberlo buscado.

EL MUSEO del Louvre resguarda una amplia colección de arte.
EL MUSEO del Louvre resguarda una amplia colección de arte. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

Tres días en la urbe francesa

Recorrer la metrópoli en pocos días es posible siempre y cuando tengas una buena organización.

  • DÍA UNO. Visita la Torre Eiffel, los Jardines del Trocadero, el Arco del Triunfo y la Ópera Garnier.
  • DÍA DOS. Recorre el Museo del Louvre, Notre-Dame, los Jardines de Luxemburgo y Sainte-Chapelle.
  • DÍA TRES. Ve a Montmartre y el barrio de Les Marais; visita el Museo de Orsay y los Campos Elíseos.
EL EDIFICiO del Museo de Orsay recuerda la Belle Époque.
EL EDIFICiO del Museo de Orsay recuerda la Belle Époque. ı Foto: Armando Armenta|La Razón

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