Un ciudadano estadounidense asumió el control del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más poderosas del país, en un hecho que introduce nuevas tensiones legales y diplomáticas en la lucha contra el narcotráfico.
De acuerdo con información publicada por The Wall Street Journal (WSJ), Juan Carlos Valencia González, hijastro de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, se colocó al frente de la estructura tras la caída de su antecesor.
El nuevo líder del CJNG es hijo de Armando Valencia Cornelio, alias Maradona, cabeza del extinto Cártel del Milenio, y de Rosalinda González Valencia, quien posteriormente contrajo matrimonio con El Mencho. Autoridades mexicanas y estadounidenses lo identifican como la figura con mayor capacidad para evitar disputas internas y mantener la cohesión del cártel, considerado uno de los más violentos y con mayor alcance internacional.
Identificado también como El Tres, El R3 o El Pelón, nació en Santa Ana, California, y enfrenta una recompensa de cinco millones de dólares ofrecida por autoridades estadounidenses. Ese perfil lo coloca como uno de los objetivos prioritarios dentro de la agenda de seguridad bilateral.
Además, el WSJ señaló que el líder habría optado por moderar su nivel de violencia en esta etapa inicial, con el objetivo de reducir la presión de agencias estadounidenses y consolidar su control interno dentro de la organización.
Fuentes cercanas a la dinámica del grupo criminal indicaron que Valencia González busca evitar conflictos con operadores de alto rango, entre ellos Audias Flores, El Jardinero, con el fin de garantizar estabilidad en la cadena de mando.
A partir de este relevo, el diario estadounidense advirtió que “un ciudadano estadounidense parece estar ahora al mando del cártel de drogas más poderoso de México”, una condición que podría alterar el equilibrio de la cooperación bilateral en materia de seguridad.
La nacionalidad del nuevo líder, subrayó el WSJ, “podría complicar los esfuerzos de Estados Unidos” para combatir el tráfico de drogas.
Bajo ese contexto, agencias de inteligencia de Washington enfrentan limitaciones jurídicas para actuar. Las normas vigentes exigen autorización de la Fiscalía General y la validación de un tribunal para acreditar que el objetivo opera como “agente de una potencia extranjera”, lo que eleva el umbral probatorio y ralentiza cualquier operación.
Con estos requisitos, especialistas citados por el medio estadounidense consideraron que las herramientas de investigación disponibles resultan más restringidas cuando se trata de ciudadanos estadounidenses. Aunque los obstáculos no impiden por completo la acción, sí introducen procesos adicionales que afectan la rapidez y eficacia de las estrategias de inteligencia.
De acuerdo con el Wall Street Journal, “la ciudadanía de Valencia González aumentaría drásticamente las apuestas si (el presidente de EU) Donald Trump cumpliera con su deseo —expresado públicamente— de llevar a cabo asesinatos selectivos contra narcotraficantes mexicanos”.
El medio advirtió que esta situación podría “perjudicar la importante alianza estratégica que se ha desarrollado entre la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y Washington”, en un momento en que ambos países mantienen coordinación en materia de seguridad.
Frente a este panorama, el ascenso de Valencia González marca, de acuerdo con el WSJ, la consolidación de una estructura familiar al interior del CJNG. El diario describió el relevo como la “coronación formal de la dinastía de la familia Valencia”, originaria del occidente de México, con fuerte presencia en actividades delictivas de alto impacto.
Este cambio en la cúpula del CJNG no sólo redefine el liderazgo de una de las redes criminales más influyentes del continente, sino que también coloca a México y Estados Unidos ante un desafío inédito: enfrentar a un capo con ciudadanía estadounidense, respaldo familiar y capacidad operativa, en un entorno donde las leyes y la política limitan las opciones de acción directa.