En la comunidad de Marquelia, Guerrero, un niño de cuatro años no imaginaba que enfrentaría la batalla más grande que nadie desearía: sobrevivir a un tumor cerebral agresivo.
Su madre, Guadalupe González, recuerda cada momento con un dolor que se mezcla con esperanza mientras pide un milagro, se aprieta los dedos para conseguir los recursos económicos y humanos para buscar la manera de salvar a su hijo que, hace unos meses, se veía sano.
“Nos dijeron que mi hijo tiene pocos días de vida”, comparte Guadalupe. Desde aquel primer vómito que parecía inofensivo, hasta el momento en el que los médicos confirmaron el tumor, la vida del menor y su familia dio un giro irreversible. Cinco cirugías y largas noches de incertidumbre han marcado el día a día de esta familia, que, ante las circunstancias, tuvo que dejar su hogar para residir en la Ciudad de México, aunque sin los recursos suficientes para enfrentar esta batalla.

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- EL DATO: EL MENOR está internado en el Hospital de Pediatría Siglo XXI; sus padres tienen la cuenta bancaria de Mercado Pago 722969017679262733, para donativos.

El pequeño enfrenta una delicada condición médica tras ser diagnosticado con meduloblastoma anaplásico de células grandes, un tumor cerebral clasificado como grado cuatro por la Organización Mundial de la Salud (OMS), considerado uno de los tipos más agresivos dentro de los tumores del sistema nervioso central.
De acuerdo con la información médica del caso, el menor presenta, también, hidrocefalia, ventriculitis y desnutrición aguda; un conjunto de complicaciones que obliga a un manejo urgente y multidisciplinario. Además, los especialistas señalan que la ventriculitis, infección asociada comúnmente a dispositivos de drenaje cerebral, representa una emergencia neurológica e infecciosa que requiere atención inmediata.
De acuerdo con literatura médica y especialistas en neurooncología, el subtipo anaplásico de células grandes se asocia con un pronóstico reservado, particularmente cuando existe diseminación tumoral al momento del diagnóstico. El caso refleja la complejidad del tratamiento de los tumores cerebrales pediátricos, donde la coordinación entre neurocirugía, infectología, oncología y nutrición clínica, resulta fundamental para enfrentar la enfermedad incierta y de alta agresividad.
Ante la situación, su padre, Antonio Ojeda, perdió su empleo; pero no la esperanza de que algún otro médico tenga un diagnóstico esperanzador para su hijo.
Guadalupe también tuvo que dejar su trabajo. Sin embargo, en medio del miedo y la angustia, la familia encontró un rayo de esperanza en su comunidad: “Gracias a nuestra gente logramos reunir el dinero para pagar el seguro y que mi hijo pudiera continuar con su tratamiento”.
“La solidaridad se ha manifestado en colectas y apoyo del preescolar donde estudiaba mi hijo”, con ello, la madre dice a La Razón que se ha demostrado que la fuerza de una comunidad puede ser un refugio en momentos difíciles.
El niño ha librado varias batallas en el hospital, incluida la colocación de una válvula para aliviar la presión en su cerebro. Ha estado en terapia intensiva, ha enfrentado complicaciones respiratorias y, aun así, cada sonrisa, cada intento de moverse, es una victoria silenciosa para su familia.
“A veces está bien, consciente, comiendo… y otras veces su cuerpo lo traiciona. Pero seguimos luchando, buscando una segunda opinión, buscando esperanza. Quisiéramos que otro oncólogo nos diera otra esperanza, otro diagnóstico. Desde ayer no despierta, ha estado durmiendo y ya nos dijeron que él ya requiere los cuidados paliativos”, recuerda su madre.
“Sólo queremos que mi hijo tenga la oportunidad de seguir luchando, de estar con nosotros, de vivir… y que nuestros hijos puedan abrazarlo”, dice, con una mezcla en su voz de fuerza y vulnerabilidad.
“Queremos explorar todas las opciones, aunque los médicos nos digan que es un tumor muy raro y agresivo”, recalca.
“Estamos tratando de entender, de saber qué sigue, sin comprender nada, quedándonos sin recursos. Estamos bien agradecidos con nuestra comunidad de Marquelia y ellos se esfuerzan, pero el gasto nos ha rebasado”, expone Guadalupe.
¿Dónde donar?
- Mateo se encuentra internado en el Hospital de Pediatría Siglo XXI; sus padres tienen abierta la cuenta bancaria de Mercado Pago 722969017679262733, a nombre de Guadalupe Raquel González, donde reciben donativos.
SÓLO queremos que mi hijo tenga la oportunidad de seguir luchando, de estar con nosotros, de vivir… y que nuestros hijos puedan abrazarloGUADALUPE GONZÁLEZ Madre del pequeño

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