Indicadores nacionales e internacionales muestran que México, que llegó a ser considerado el segundo país con más católicos a escala global, ha comenzado a experimentar un declive en el número de devotos, al menos durante la última década, fenómeno atribuido por algunos excreyentes a una “pérdida de la fe”, pero hacia las instituciones religiosas.
Dentro de la región de Latinoamérica, México es el cuarto país con mayor pérdida de fieles católicos, con el 17 por ciento, detrás de Colombia, Chile y Brasil.
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Los informes de Pew Research apuntan a que la proporción de la población adulta que se identificaba como creyente de esta corriente religiosa pasó de 81 por ciento a 67 por ciento en los últimos 10 años.

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Alma, quien creció en una familia católica, contó que, por ejemplo, la reunión familiar del 24 de diciembre era más un ritual en torno al nacimiento de Jesucristo; el 12 de diciembre se decoraba el altar a la Virgen de Guadalupe y se acudía a las misas de la colonia; donde la carne estaba tajantemente prohibida durante la Semana Santa y, ante cualquier emergencia o alegría, se acudía a la oración frente al enorme altar a un lado del comedor.
Sin embargo, “al ver que las adversidades de la vida diaria no se solucionaban con ir a depositar monedas a la Iglesia, ni pagar para que el padre nombrara a tu familia en la misa”, comenzó a distanciarse.
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“Fui tomando consciencia de cómo, al menos en México, se lucra mucho con nuestra fe, pero más allá de eso, con nuestras dificultades y las peripecias a las que uno siempre se tiene que enfrentar… Ver tantos abusos, de cómo las personas que más pregonan, muchas veces son las que cometen actos deshonestos, contrarios a lo que se supone dicta la palabra de Jesús, me hizo comenzar a ver esto como una hipocresía, en la que las mismas enseñanzas que se nos dan en la iglesia, terminan por ni siquiera ser predicadas por quienes se ponen al frente de la institución religiosa…Yo no perdí tanto la fe en Dios, sino en la iglesia como institución”, declaró.
Un caso similar es el de Carmen, quien llegó a profesionalizarse como catequista en el Estado de México, labor que dejó abruptamente luego de que el sacerdote de la iglesia a donde acudía le tocó una pierna e intentó tocarle el seno, cuando le ayudaban a mudar sus cosas.
“En ese momento no supe cómo reaccionar. Era un padre al que todos queríamos, pero entré en shock, salí corriendo de la iglesia y jamás regresé. Allí terminó todo, nunca volví a pisar nada y, durante mucho tiempo, no lo conté”, compartió.
La caída de religiosos en México también es una percepción compartida por la Asociación de Datos Religiosos (ARDA, por sus siglas en inglés).
En su balance, en el que se consideran distintas religiones, se expone que la población que practica alguna religión va en caída, al pasar de 96.2 por ciento a inicios del siglo, a 95.7 por ciento en 2025, tendencia que se proyecta hacia el 2050.
Los datos oficiales dentro de México ya advertían el declive de fieles desde el año 2020. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que 10.5 por ciento de la población no profesa ninguna religión, lo que equivale a uno de cada 10 habitantes. Esta proporción marca un cambio relevante frente a décadas anteriores, cuando la afiliación religiosa mostraba mayor estabilidad.
En el periodo de 2010 a 2020, la Iglesia católica perdió cinco puntos porcentuales de seguidores, de acuerdo con cifras censales. En contraste, el grupo de personas sin religión creció 2.85 por ciento en el mismo lapso, lo que confirma una tendencia sostenida hacia la diversificación de creencias y posturas espirituales.
Aunque el catolicismo conserva el mayor número de fieles, el bloque de población sin afiliación religiosa ya supera los nueve millones de personas. A esta cifra se suman cerca de tres millones de habitantes que mantienen alguna creencia, pero no se identifican con instituciones formales. Además, 722 mil 381 personas se reconocen como ateas o agnósticas, lo que amplía el espectro de posturas frente a la fe.
El análisis territorial revela contrastes marcados entre entidades. Zacatecas encabeza la lista con 92.3 por ciento de la población católica, mientras Chiapas apenas supera el 53 por ciento.
En el sureste y la frontera norte, estados como Quintana Roo, Campeche y Baja California presentan los niveles más bajos, con rangos que van de 54 a 62 por ciento.
En sentido opuesto, Guanajuato, Aguascalientes y Jalisco registran porcentajes superiores al 89 por ciento, lo que confirma la persistencia de bastiones tradicionales. Otro indicador clave que apunta a la pérdida generalizada de seguidores católicos en todo el país.
Baja California lidera esta caída al pasar de 72 por ciento de población católica a 62 por ciento en tan sólo una década. Este descenso ilustra la velocidad con la que cambian las preferencias religiosas en algunas regiones.
En el mapa de credos, varias denominaciones superan el millón de adeptos, como: grupos cristianos, evangélicos, testigos de Jehová y pentecostales, que consolidan su presencia en distintas zonas.
En paralelo, corrientes como la New Age, escuelas esotéricas, espiritualistas y cultos populares reúnen 68 mil practicantes, una cifra que, incluso, rebasa a religiones tradicionales como el judaísmo en el país.
Espectro
Registro de la población devota en el país
- Sin afiliación religiosa, 9 millones.
- Creyentes sin instituciones formales, 3 millones
- Ateas o agnósticas, 722 mil 381 personas


