A las siete de la mañana, el Monumento a la Revolución todavía tenía huecos, pero ya no estaba vacío. Las primeras familias habían llegado con bolsas de comida, bancos plegables, gorras, protector solar y botellas de agua congelada para asegurar un lugar cerca del templete donde la Presidenta Claudia Sheinbaum rendiría su informe de Rendición de Cuentas por el segundo aniversario de su victoria electoral.
Bajo una luz todavía suave, doña Elvira extendió una bolsa de mandado sobre el piso y se sentó frente a las vallas. Venía de la alcaldía Gustavo A. Madero (GAM) con su hija, dos nietos y una bandera guinda que había planchado desde la noche anterior: “Salimos antes de que amaneciera porque si una llega tarde ya no ve nada”, dijo mientras revisaba que los niños no perdieran las gorras.
- El Dato: El evento de Rendición de Cuentas por de la Presidenta se transmitió de manera simultánea en pantallas ubicadas en plazas públicas de los 31 estados del país.
Cerca de ella, una pareja acomodó tortas envueltas en servilletas y un termo de café. No llevaban pancarta ni manta, sólo una mochila pesada y el cálculo de varias horas bajo el sol. Él miró hacia el templete, todavía lejano, y resumió la apuesta de la mañana: “El buen lugar se gana temprano; después uno ya nada más aguanta”.

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Desde las calles aledañas empezó a entrar más gente. Familias de distintas alcaldías caminaron entre puestos de playeras, tazas, botones, peluches y banderas de la Cuarta Transformación. La imagen de Sheinbaum Pardo apareció sobre mesas improvisadas, colgada en ganchos, estampada en prendas o convertida en recuerdo para quienes buscaban llevarse algo de la jornada.
El calor de la mañana comenzó a sentirse entre los asistentes y cambió la forma de la espera. Una señora abrió una sombrilla grande y dejó que dos desconocidas se acercaran a la sombra. Una llevaba agua, la otra compartió galletas. Ninguna preguntó nombres. En ese pequeño refugio de tela, la plaza comenzó a parecer una reunión de vecinos que coincidieron en el pedazo de concreto.
- 130 mil personas asistieron al evento de rendición de cuentas
Grupos procedentes de la GAM resaltaron por su llegada temprana y por la cantidad de familias que ocuparon los primeros tramos de la explanada. Algunos adultos mayores buscaron sombra cerca de los bordes; jóvenes y niñas permanecieron junto a las vallas para no perder la vista. Entre mochilas, cartulinas enrolladas, banderas guindas y botellas de refresco, el cansancio empezó a mezclarse con la expectativa.
Poco antes de las diez de la mañana, la plancha dejó de tener espacios libres. Los pasillos se estrecharon, los vendedores alzaron la voz y las banderas cubrieron el horizonte bajo el arco del monumento. Una niña pidió un peluche de Claudia Sheinbaum en un puesto cercano, pero su madre le prometió comprarlo al final, si alcanzaba el dinero para el regreso.
La comida sostuvo la permanencia. Tacos envueltos en aluminio, vasos con agua fresca, tortas caseras y fruta picada circularon entre familias que llevaban varias horas de pie. Un hombre cargó a su hijo dormido sobre el hombro mientras su esposa cuidaba las mochilas. “Luego le vamos a contar que estuvo aquí, aunque ahorita sólo recuerde el ruido”, comentó sin apartar la vista del templete.
Atrás, una mujer que había llegado sola terminó integrada a un grupo de señoras que le cuidaron su lugar y le compartieron agua. A cambio, ella tomó fotografías cuando la multitud levantó las banderas: “Ya hasta familia me salió”, dijo con una sonrisa breve, antes de guardar el celular y abrir paso a una adulta mayor que intentaba acercarse a la sombra.

Por momentos, la escena tuvo ritmo de acto político; por otros, pareció comida familiar extendida sobre la vía pública. Había quienes coreaban consignas, quienes buscaban señal en el teléfono, quienes revisaban la hora y quienes calculaban el regreso.
Pese al calor, la asistencia se mantuvo en el lugar durante el desarrollo del acto. Cada pausa del mensaje presidencial encontró respuesta entre aplausos, consignas y movimientos de banderas. La escena mostró una movilización organizada, pero también una dinámica de convivencia entre familias que permanecieron juntas desde las primeras horas.
Cuando el discurso de la mandataria comenzó, los primeros lugares tenían historia. No eran sólo puntos frente al templete, sino espacios defendidos desde las siete de la mañana con mochilas, bancos, paciencia y comida compartida. Doña Elvira sacó por fin la bandera planchada y la levantó sin prisa. Alrededor, los aplausos subieron como una ola entre la gente que había llegado desde temprano para ver el informe de cerca.
Rumbo al cierre, las calles cercanas seguían llenas. Quienes no alcanzaron sitio frente a la explanada escucharon desde pantallas, altavoces y tramos laterales ocupados por puestos. Entre el cansancio y la celebración, el Monumento a la Revolución quedó convertido en una postal de banderas, familias y espera larga, con asistentes que hicieron de la madrugada una forma de estar cerca del segundo aniversario del triunfo electoral de la Presidenta Sheinbaum.


