Múltiples lecturas —algunas orientadas por el interés de quienes las plantean—, las que se empiezan a perfilar tras las elecciones legislativas en Coahuila, en las que el PRI perfila llevarse carro completo y en las que incluso arrebataría reductos que tenía Morena en la entidad. Unos consideran que representan el termómetro del impacto que han tenido en la opinión pública casos como el de Sinaloa, para evaluar al oficialismo y a la oposición. Otros, que sigue habiendo territorios en los que la operación de gobernadores y sus aceitadas estructuras territoriales es central para contener cualquier avance morenista. Uno más: que el PRI vuelve a las andadas, pero ahora con mecanismos más sofisticados de compra de votos involucrando hasta el uso de códigos QR. Ya se verá cuál de todos es el más acertado. Por lo pronto, nos hacen ver, la temprana acusación morenista de anomalías cometidas por el tricolor daba cuenta de un escenario adverso y también de la ruta que habrá de seguir ese proceso: los tribunales.

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