El mundo se prepara para mirar a México. Las cámaras apuntan al estadio, las calles se llenan de aficionados y la cuenta regresiva para el silbatazo inicial del Mundial 2026 está por terminar. El balón está listo para rodar. Pero para María de Jesús Tlatempa Bello, madre del normalista José Eduardo Bartolo Tlatempa, el tiempo parece detenido desde la noche del 26 de septiembre de 2014.
Han pasado más de 11 años desde la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y, mientras el país se presenta ante el mundo como anfitrión de la mayor fiesta del futbol, decenas de familias siguen esperando una respuesta que nunca llegó.
“No los hemos podido ver. Ni abrazar. Ni platicar con ellos. No sabemos cómo ni dónde están”, dice María de Jesús a La Razón con la voz quebrada, rodeada de las fotografías de los jóvenes desaparecidos.
Desde el lunes las familias anunciaron una nueva jornada de movilizaciones. Lo hicieron después de una mañana marcada por la tensión, luego de que los autobuses en los que viajaban fueran sometidos a revisiones por parte de autoridades federales y capitalinas en la caseta de Tlalpan.
Para los padres y madres de los normalistas, aquello fue más que una inspección, fue otro golpe, otra señal de desconfianza, otra herida abierta.
Mientras el país habla de estadios llenos, selecciones nacionales y derrama económica, María de Jesús habla de sueños interrumpidos. De sueños que no aparecen en las transmisiones deportivas y de sueños que desaparecieron junto con 43 jóvenes.
“Me hubiera gustado que él viera el futbol. Que nada de esto estuviera pasando. Que nos escucharan”, relata. Hace una pausa, mira una de las fotografías, y continúa: “La gente sale a celebrar y nosotros seguimos buscando. Lo único que queremos es ver a nuestros hijos”.
En el discurso oficial, el Mundial representa una oportunidad histórica para México. Para las familias de Ayotzinapa, la coincidencia de fechas tiene un significado distinto. Mientras miles de personas llenarán las gradas para celebrar goles, ellas volverán a marchar con lonas, fotografías y consignas.
La madre de familia, ya cansada con el pasar del tiempo, dice que no es para protestar contra el futbol, sino para recordar que hay una deuda pendiente: “¿Qué harían ustedes?”.
La pregunta de María de Jesús no está dirigida únicamente al Gobierno, tampoco a las autoridades encargadas de investigar el caso, está dirigida a cualquier persona que la escuche.
“Yo les pregunto: ¿qué harían ustedes si un familiar se les desaparece? Si se lo llevan, lo esconden y nadie les dice dónde está”, reitera.
La interrogante queda suspendida entre el ruido de los automóviles que cruzan Paseo de la Reforma y las voces de otras madres que sostienen las imágenes de sus hijos. Ninguna tiene una respuesta. Porque después de más de una década, la incertidumbre sigue siendo la misma.
Las familias rechazan cualquier señalamiento que las vincule con actos violentos, aseguran que durante 11 años su movimiento se ha mantenido por la vía pacífica.
Acusan hostigamiento en contra de familiares
| Por Claudia Arellano |
El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan acusó que las protestas de los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa han sido desacreditadas por las autoridades federales y denunció presuntos actos de hostigamiento e intimidación en contra de madres, padres y estudiantes que participan en las movilizaciones realizadas en la Ciudad de México.
A través de un comunicado difundido en redes sociales, la organización criticó el despliegue de seguridad implementado en la capital del país con motivo de la inauguración de la Copa Mundial de Futbol 2026 y las protestas encabezadas por integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Según Tlachinollan, las calles de la ciudad han sido “blindadas y amuralladas”, mientras persisten demandas sociales relacionadas con la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y otros casos de personas desaparecidas en México.
- El Tip: Autoridades dan seguimiento a una célula radical de normalistas que habrían pedido fabricar mil explosivos.
“Quieren desacreditar la lucha de las madres y padres de los 43 y estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Sin embargo, desde la lucha por los 43 y miles de desaparecidos en el país y el magisterio, son luchas legítimas a las que las autoridades federales no han dado respuesta”, señaló la organización.
Las declaraciones se producen luego de las acciones de protesta realizadas por familiares de los estudiantes desaparecidos, quienes el pasado 8 de junio participaron en la toma de la caseta de Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, como parte de una jornada para exigir avances en las investigaciones del caso.
De acuerdo con Tlachinollan, durante las movilizaciones los manifestantes han permitido el tránsito por carriles laterales mientras mantienen bloqueados algunos accesos centrales y distribuyen información para exigir respuestas sobre el paradero de los 43 jóvenes desaparecidos desde septiembre de 2014.
• Luz verde al líder azul
