A más de una semana del inicio de la Copa Mundial de Futbol, la conversación pública gira en torno a la derrama económica, la llegada de turistas, la modernización de infraestructura y la proyección internacional del país. Sin embargo, hay un tema que permanece prácticamente fuera de los reflectores: el impacto que los megaeventos deportivos pueden tener sobre la seguridad y los derechos de las mujeres.
Diversos organismos internacionales y organizaciones feministas han documentado que eventos deportivos de gran escala suelen registrar incrementos en distintos tipos de violencia de género, desde agresiones dentro del hogar hasta acoso sexual, explotación y trata de personas.
En este contexto, la Red Nacional de Refugios (RNR) lanzó la campaña feminista “La violencia contra las mujeres no es parte del juego”, una iniciativa que busca colocar en la agenda pública una problemática que, advierten especialistas, ha sido invisibilizada en la preparación rumbo al Mundial 2026.
De acuerdo con datos de ONU Mujeres, durante grandes eventos deportivos se han registrado aumentos de hasta “30 por ciento en las llamadas de emergencia relacionadas con violencia familiar.”
Aunque el deporte se asocia con celebración, convivencia y orgullo nacional, investigaciones de distintos países han encontrado una correlación entre eventos deportivos masivos y el incremento de agresiones contra mujeres y niñas.
La socióloga y especialista en estudios de género, Marcela Lagarde, ha advertido en múltiples ocasiones que la violencia contra las mujeres no surge de manera aislada, sino que responde a estructuras sociales que normalizan el control, la discriminación y la desigualdad.
“Cuando las instituciones no colocan la protección de las mujeres como una prioridad, los espacios de riesgo se amplían”, ha señalado la académica en diversos foros sobre violencia de género.
Para las organizaciones feministas, el Mundial representa justamente uno de esos escenarios que requieren acciones preventivas extraordinarias.
Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran que entre marzo de 2025 y marzo de 2026 los reportes de violencia familiar continuaron registrando cifras elevadas en el país.
Además, las tres entidades mexicanas que serán sede de la Copa del Mundo —Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León— figuran históricamente entre las entidades con mayores registros de denuncias relacionadas con violencia familiar y delitos contra las mujeres.
Para Wendy Figueroa, directora general de la RNR, ignorar esta realidad en la planeación del Mundial sería un error.
“No queremos un Mundial que sólo deje cifras de turismo y derrama económica; queremos un Mundial que deje acciones concretas para prevenir las violencias, fortalecer redes de protección y garantizar el derecho de las mujeres a vivir libres y seguras”, sostiene.
La activista considera que la seguridad de las mujeres debe entenderse como parte de la infraestructura necesaria para albergar un evento internacional.
La investigadora feminista Ana Güezmes García, especialista en derechos de las mujeres en América Latina, ha señalado que los grandes eventos internacionales obligan a los Estados a fortalecer sus mecanismos de prevención y protección frente a posibles redes de explotación.
La experiencia internacional muestra que los países anfitriones suelen reforzar protocolos de vigilancia, campañas informativas y coordinación con organizaciones civiles para prevenir situaciones de violencia sexual y trata.
Sin embargo, organizaciones mexicanas consideran que las estrategias anunciadas hasta ahora se han concentrado principalmente en infraestructura urbana, movilidad y turismo, y dejan en segundo plano la protección integral de mujeres, niñas y adolescentes.
Mientras los gobiernos afinan operativos policiales, sistemas de transporte y programas de promoción turística, colectivos feministas demandan la construcción de una agenda paralela centrada en la prevención de las violencias machistas.
La campaña de la Red Nacional de Refugios (RNR) busca, precisamente, abrir esa conversación mediante la participación de deportistas, periodistas, académicas, activistas, artistas y sobrevivientes de violencia.
A través de materiales audiovisuales, mensajes públicos y acciones de sensibilización, la iniciativa pretende impulsar una cultura de cero tolerancia a la violencia contra las mujeres antes, durante y después del torneo.
La campaña, impulsada desde México, también busca articular esfuerzos con organizaciones de Estados Unidos y Canadá, países que compartirán la organización de la Copa del Mundo.
El objetivo de la campaña es construir redes de apoyo transfronterizas, compartir información y fortalecer mecanismos de atención para mujeres que puedan enfrentar situaciones de violencia.
“La violencia contra las mujeres no reconoce fronteras; la protección y la prevención tampoco deberían hacerlo”, consideró Figueroa Morales.
Para especialistas como la investigadora feminista Rita Segato, la verdadera transformación no depende únicamente de aumentar la presencia policial o instalar más cámaras de vigilancia. La solución pasa por fortalecer las políticas públicas, garantizar presupuestos suficientes para la atención de víctimas y construir mecanismos permanentes de prevención.
Ese es precisamente uno de los principales reclamos de las organizaciones feministas rumbo a 2026: que las medidas de protección no sean temporales ni respondan únicamente a la celebración de un evento deportivo.
Para las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres, la respuesta es clara: ningún Mundial será verdaderamente exitoso si deja fuera de la conversación la seguridad, la libertad y la vida de las mujeres.
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