Comentan en los pasillos de San Lázaro que el pastor de los diputados federales guinda, Ricardo Monreal, se ha venido consolidando como el réferi por excelencia de su partido y también de las fuerzas aliadas en el Congreso. En el caso del primero es un movimiento al que, nos dicen, ya se le hizo costumbre andar de pleito en pleito interno y más ahora que hay compromisos electorales cerca. Antes ya lo vimos, por ejemplo, tratando de unir las manos de Morena y el Verde, cuando el partido del tucán se negó a respaldar el Plan A electoral. Ahora se subió a los conflictos que se han suscitado en Baja California, donde la gobernadora Marina del Pilar Ávila ha acusado a su antecesor Jaime Bonilla —otro miembro de la 4T— de tenderle una trampa para desprestigiarla ante la opinión pública y ante la propia Presidenta Claudia Sheinbaum. Ante este escenario, cuentan que Monreal ya se puso en medio para pedir un cese a las confrontaciones públicas, pues advirtió que las diferencias entre integrantes del movimiento lo único que hacen es afectar la confianza ciudadana y la unidad rumbo al proceso electoral de 2027.


