Lesiones, amenazas y robos... delitos principales que cometen

Rozan adolescentes imputados máximos de última década

REPORTAN Fiscalías 55% más casos de jóvenes señalados en 2024 comparado con 2021; desvinculados de su familia, 4 de cada 10 de ese sector

Fachada del centro de internamiento juvenil de Puebla, en imagen de archivo. Foto: Especial

México borró en tres años buena parte de la reducción que había conseguido mantener en el número de adolescentes incorporados a investigaciones penales. Las fiscalías y procuradurías del país reportaron 35 mil 193 personas de entre 12 y 17 años imputadas por algún delito durante 2024, 55.4 por ciento más que en 2021, cuando el indicador había descendido a su punto más bajo desde que inició la serie.

La magnitud del cambio aparece al comparar ambos extremos. En 2017, primer año del registro de las Estadísticas sobre Personas Adolescentes en Conflicto con la Ley (Epacol) 2026, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hubo 36 mil 123 adolescentes señalados por la presunta comisión de algún delito. Cuatro años después, el total había caído a 22 mil 654. Esa trayectoria se revirtió a partir de 2022 y mantuvo el ascenso hasta quedar apenas 930 casos por debajo del nivel observado siete años antes.

DEL DESCENSO AL REPUNTE ı Foto: Especial

Ese movimiento no representa una condena ni permite equiparar a todos los imputados con personas responsables de un ilícito. La estadística contabiliza a quienes quedaron sujetos a una investigación dentro del sistema de justicia penal para adolescentes. Aun con esa precisión, la serie muestra un cambio sostenido en el volumen de menores que llegan ante las autoridades después de varios años de descenso.

Apenas entre 2023 y 2024, el número aumentó 7.1 por ciento. El crecimiento completó tres años consecutivos al alza y colocó nuevamente al sistema cerca de los registros con los que comenzó la medición. De los casos reportados durante el último periodo, 27 mil 669 correspondieron a hombres y seis mil 357 a mujeres, mientras las autoridades no especificaron el sexo en otros mil 167 expedientes.

Tampoco existe un solo mapa territorial para explicar el fenómeno. Los estados asociados con las crisis más visibles de violencia criminal no encabezaron las tasas de aumento. Aguascalientes ocupó el primer lugar, con 841 adolescentes imputados por cada 100 mil habitantes de ese grupo de edad, más de tres veces el promedio nacional que se establece en 259. Nuevo León llegó a 665, Sonora a 631 y Ciudad de México a 612.

Del otro lado aparecen entidades donde la actividad de organizaciones criminales concentra buena parte de la atención pública. Sinaloa registró una tasa de 148, Guerrero 59, Michoacán 51 y Chiapas 37. La distancia entre estos indicadores impide reducir el repunte nacional a los territorios donde el narcotráfico o las disputas entre grupos armados dominan la agenda de seguridad.

Parte de la transformación también está en los delitos que llevan a los adolescentes ante las fiscalías. Durante los primeros años de la serie, el robo ocupó de manera constante el primer lugar. A partir de 2022, las lesiones desplazaron esa conducta y para 2024 concentraron sólo 23 por ciento de los 36 mil 447 ilícitos registrados en investigaciones donde figuraban menores de edad.

El robo se desplazó al segundo puesto, las amenazas quedaron detrás, con 10.6 puntos, mientras que el abuso sexual cerró la terna con 8.6. La composición revela que los expedientes no se concentran en una sola expresión delictiva. Una parte importante corresponde a agresiones contra otras personas, mientras los asuntos relacionados con drogas ocupan una proporción menor dentro del conjunto estatal.

Pero el sistema no sólo registra a adolescentes como probables responsables. En las mismas investigaciones aparecieron 27 mil 912 víctimas durante 2024. Seis de cada diez fueron mujeres y, dentro de ese grupo, 63.7 por ciento tenía entre 10 y 19 años. La estadística coloca así a la población joven en ambos extremos de una parte de la violencia que llega ante las autoridades.

La distancia entre una imputación y una sanción también aparece en las cifras. Al cierre de ese año, cuatro mil 95 adolescentes cumplían alguna medida dictada por el sistema de justicia especializado. Casi dos terceras partes permanecían bajo esquemas que no implican privación de la libertad, mientras tres de cada diez tenían una restricción de ese tipo.

En los centros especializados o federales, las autoridades reportaron mil 562 ingresos de personas de entre 14 y 17 años, 3.6 por ciento más que durante 2023. Nueve de cada 10 correspondieron a hombres y más de la mitad se concentró en el Estado de México, Ciudad de México, Baja California, Sonora, Chihuahua y Nuevo León.

Así, el dato que marca el Día Internacional de la Juventud no es sólo que decenas de miles de adolescentes aparecen cada año en investigaciones penales. El cambio está en la velocidad con la que el indicador regresó hacia sus niveles más altos después del descenso registrado hasta inicios de la década. En tres años, el sistema sumó más de 12 mil 500 imputados adicionales y quedó prácticamente en el mismo punto donde se encontraba al inicio de la serie.

Las estadísticas del Inegi no identifican las causas penales de ese repunte ni permiten atribuirlo por sí solo a un aumento general de la delincuencia juvenil en el país. Tampoco establecen qué peso tienen factores que los especialistas han señalado como detonantes, como son la violencia familiar, deserción escolar, reclutamiento criminal o condiciones económicas.

En el país 40% de jóvenes se desvincula de sus entornos

| Por Claudia Arellano |

En México, al menos cuatro de cada 10 jóvenes de entre 15 y 29 años enfrentan un proceso de “desafiliación” o desvinculación de instituciones y espacios que tradicionalmente han representado fuentes de apoyo, pertenencia y sus oportunidades de desarrollo.

De acuerdo con los principales hallazgos de la encuesta Jóvenes en México 2026, elaborada por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica en colaboración con Fundación SM, una proporción importante de las nuevas generaciones no encuentra actualmente un lugar de pertenencia en ámbitos como la familia, la escuela, el empleo, las relaciones de pareja o las amistades.

  • El dato: según el informe, los muchachos esperan que su trabajo les dé un buen sueldo, estabilidad y movilidad. La expectativa choca con la realidad, donde 69% gana un salario mínimo.

José Antonio Pérez, coordinador del proyecto, explicó que al menos 40 por ciento de los jóvenes consultados reportan que “simplemente no se hallan” en ninguno de estos espacios, lo que refleja un proceso de alejamiento de las instituciones y relaciones que durante décadas funcionaron como redes de integración.

El fenómeno no se limita a la falta de empleo o a la deserción escolar, sino que involucra distintos ámbitos de la vida cotidiana de los jóvenes.

Chicos caminan por una calle de la colonia Roma Norte, ayer durante la tarde. ı Foto: Cuartoscuro

La familia, la escuela, el trabajo y las relaciones personales constituyen espacios fundamentales para construir identidad, establecer vínculos y desarrollar proyectos de vida. Sin embargo, los resultados de la encuesta muestran que una parte significativa de los jóvenes no está encontrando en ellos las condiciones para sentirse integrada.

El concepto de “desafiliación”, utilizado por los investigadores, busca describir precisamente esa pérdida o debilitamiento de los vínculos con instituciones y redes sociales.

De acuerdo con Pérez Islas, el hecho de que cuatro de cada 10 jóvenes no se identifiquen plenamente con ninguno de estos espacios, representa un desafío que va más allá de las estadísticas de escolaridad o empleo.

El fenómeno plantea preguntas sobre la capacidad de las instituciones tradicionales para responder a las necesidades, expectativas y formas de relacionarse de las nuevas generaciones.

La situación analizada también ocurre en una etapa de la vida en la que los jóvenes suelen construir buena parte de su identidad, definir proyectos personales y establecer vínculos sociales y profesionales junto a una visión de vida.

Por ello, la desvinculación con su entorno puede tener consecuencias serias en su acceso a oportunidades, redes de apoyo y participación en la sociedad.

“Estas instituciones que hemos construido fundamentalmente los adultos, están dejando de funcionarle a las nuevas generaciones”, advirtió Pérez.

El informe, que fue publicado en el marco del Día Internacional de la Juventud, también encontró señales de esa desconexión en distintos ámbitos, así como indicadores de malestar personal ante las expectativas de vida presentes.

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