Vaya aprieto el que se le presentó a Imelda Castro, pues, nos hacen ver, no pudo celebrar como ella hubiera querido el hecho de ganar la posibilidad de convertirse en la próxima candidata guinda a la gubernatura de Sinaloa. Y es que todos los reflectores se fueron hacia ella por la relación que pueda tener con el gobernador recientemente orillado a retirarse del cargo, Rubén Rocha Moya. Los que tienen buena memoria no dejaron de recordarle que apenas el pasado 27 de junio, cuando la senadora se registró en el proceso interno de Morena, salió en defensa de Rocha. En ese momento, nos dicen, cuestionó el interés de Estados Unidos en las acusaciones sobre sus presuntos vínculos con grupos delictivos. “Ningún país tiene derecho a intervenir en nuestra vida nacional…”, declaró entonces. Nos señalan que ahora que Imelda deberá cortejar al electorado sinaloense, separarse de lo que dijo en el pasado inmediato es casi obligatorio. Cuando le preguntaron si ahora hay una ruptura con el rochismo, Castro respondió: “Es un proceso de transición que se tiene que dar en Sinaloa para irnos alejando de este momento”. Ahí el dato.

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