Mujeres en la Historia

Judith Reyes, la voz de las protestas campesinas y estudiantiles que reivindica Jueves de Mujeres

La tamaulipeca combinó música y periodismo para denunciar problemas sociales; durante 1968 ofreció conciertos en la UNAM y el IPN

Judith Reyes, artista tamaulipeca Foto: Especial

Judith Reyes convirtió la canción popular en una forma de denuncia política y pagó un costo personal por hacerlo. Perseguida y encarcelada por sus letras, activa durante el movimiento estudiantil de 1968 y posteriormente obligada al exilio, la cantante, compositora y periodista tamaulipeca fue recuperada este jueves por Noemí Juárez en la sección “Mujeres en la Historia” como una de las voces que acompañaron las luchas campesinas, obreras y estudiantiles del país.

Nacida el 22 de marzo de 1924 en Ciudad Madero, Tamaulipas, Reyes recibió de su padre una guitarra sexta doble cuando tenía 12 años. Dos años después comenzó a presentarse en teatros y campos petroleros de Tampico, antes de trasladarse a la Ciudad de México para continuar su carrera artística.

En la capital conoció al músico y compositor Eduardo Alarcón Leal, con quien formó el dueto Alarcón y contrajo matrimonio. También trabajó como intérprete en la XEW, etapa que consolidó su formación antes de emprender una gira por Estados Unidos, donde vivió episodios de discriminación que la acercaron a la causa de los trabajadores migrantes.

Tras concluir esa relación, la artista se incorporó a la Sociedad de Autores y Compositores de México, donde revisaba música utilizada en películas.

Ahí conoció a figuras como Jorge Negrete y escribió canciones que llegaron al cine de la época de oro, periodo en el que comenzó a ser identificada como “la tamaulipeca”.

Su carrera tomó después un giro hacia la denuncia social. Reyes recorrió distintas regiones del país y combinó la composición con el periodismo al colaborar en El Informador de Chihuahua, Índice y Acción y Voz Revolucionaria del Pueblo, publicación que llegó a dirigir.

Sí, señor, yo voy a escribir sobre sus problemas. No solo voy a escribir, lo voy a cantar”, resume una de las frases recuperadas durante la presentación para explicar la forma en que vinculó ambas actividades. Su trabajo la convirtió en una de las voces asociadas con las luchas agraristas y diversos movimientos sociales.

La confrontación con el poder tuvo consecuencias directas. En 1964 sufrió persecución y encarcelamiento por su labor periodística y por el contenido crítico de sus canciones. Cuatro años más tarde, durante el movimiento estudiantil de 1968, encabezó una caravana de corridos en la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional, donde llegó a ofrecer hasta dos conciertos diarios.

Después de sufrir un secuestro, Reyes salió al exilio en Francia e Italia. Desde Europa fundó el Comité por la Defensa Física y Moral de los Presos Políticos de México y escribió su autobiografía La otra cara de la patria. Durante la década de 1970 mantuvo sus viajes y la composición de música de protesta.

Judith Reyes murió en 1988, pero su voz quedó unida a las luchas sociales que acompañó durante décadas. Su obra hizo de la canción popular un espacio de memoria, denuncia y resistencia para campesinos, trabajadores y estudiantes.

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MSL

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