NL Y QRoo entran al Simulacro Nacional

A nueve años del 19-S hay pendientes de entregar 1,585 viviendas

En 2017 fueron afectados 22 mil 200 inmuebles; organismos respaldan política de Brugada; en Puebla se emitirá una alerta con menor tiempo para reaccionar; habrá ruta para discapacitados │ Atlas de Riesgos de la CDMX incluyen hundimientos en peligro sísmico; expertos atribuyen a extracción de agua; en Chimalpopoca costureras siguen entre el miedo y la precariedad

El 19-S llega a casi 10 años con más de 1,500 casas pendientes Foto: Especial

Nueve años después del terremoto del 19 de septiembre de 2017, el proceso de reconstrucción de viviendas afectadas en la Ciudad de México se mantiene. Autoridades capitalinas reportaron esta semana mil 585 acciones pendientes dentro de un universo superior a 22 mil.

El corte presentado el pasado 17 de septiembre coloca mil 360 viviendas en proceso de obra, con un avance superior a 60 por ciento, y 225 todavía por iniciar. La cifra representa una reducción frente al saldo difundido apenas días antes, aunque los reportes disponibles también modifican el tamaño total del padrón, por lo que falta una conciliación pública entre ambos registros.

EN LA MEMORIA │ Imágenes del sismo del 19 de septiembre de 2017. ı Foto: Cuartoscuro

A principios de esa misma semana, la plataforma oficial contabilizaba 22 mil 151 viviendas afectadas, de las cuales 20 mil 477 aparecían concluidas, mil 439 en construcción o rehabilitación y 225 sin comenzar. Ese corte dejaba mil 664 pendientes. Tres días después, funcionarios hablaron de 22 mil 200 intervenciones totales y mil 585 por terminar.

  • El Dato: Hoy se realizará el Segundo Simulacro Nacional 2026, por lo que en punto de las 12:00 horas, tiempo del centro, se activará el alertamiento en 23 mil altavoces y celulares. 

Los multifamiliares concentran la mayor parte de la tarea restante. El reporte previo atribuía al Instituto de Vivienda 102 edificios, con 32 terminados, 63 en obra y siete aun por iniciar. Para la Comisión para la Reconstrucción se registraban 425 inmuebles, de los cuales 398 ya habían concluido, 24 seguían bajo intervención y tres aguardaban el arranque.

EN LA MEMORIA │ Imágenes del sismo del 19 de septiembre de 2017. ı Foto: Cuartoscuro

Incluso el financiamiento recibió una nueva inyección este año. El Fondo para la Atención de Desastres de la Ciudad de México aprobó el 17 de abril de 2026 más de mil 703 millones de pesos para continuar y, en su caso, concluir acciones ligadas al sismo. De ese monto, 902.4 millones correspondieron a trabajos a cargo de la Comisión para la Reconstrucción y 800.9 millones al Instituto de Vivienda.

  • 30 mil sismos se registran en México cada año

Persiste además un padrón que no puede considerarse completamente inmóvil. La base abierta de la Comisión, actualizada el 1 de septiembre de 2026, explica que el universo puede cambiar por fallecimientos, desacuerdos entre vecinos de multifamiliares, renuncias, reactivaciones y casos en los que una revisión posterior modifica la atención prevista. El archivo incluye estatus, tipo de apoyo, ubicación, número de edificios y unidades privativas originales.

EN LA MEMORIA │ Imágenes del sismo del 19 de septiembre de 2017. ı Foto: Cuartoscuro

Con nueve aniversarios cumplidos, el problema dejó de ser únicamente cuántas viviendas faltan. También importa cuánto tiempo puede permanecer abierto un expediente de desastre, cuántos recursos adicionales exige y qué causas explican que algunos edificios hayan transitado por casi una década de dictámenes, acuerdos vecinales, proyectos y obras antes de recuperar una solución definitiva.

MANIFIESTO. A 41 años del terremoto de 1985 y nueve del sismo de 2017, organizaciones del Movimiento Urbano Popular de la Ciudad de México advirtieron que la emergencia habitacional no ha terminado y externaron su respaldo a las políticas desplegadas por el Gobierno capitalino.

En un manifiesto conmemorativo, el movimiento señaló que la lucha surgida de los escombros del 85 permitió colocar la vivienda social y el derecho a la ciudad en el centro de las demandas ciudadanas.

Las organizaciones citaron un estudio del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey, que advierte que entre 1990 y 2020 la zona centro de la capital perdió alrededor de 1.2 millones de habitantes, un fenómeno asociado con la falta de vivienda asequible, entre otros factores.

Rescatistas y voluntarios pidieron guardar silencio para hallar a personas. ı Foto: Cuartoscuro

Frente a este contexto, el Movimiento Urbano celebró la meta anunciada por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, de impulsar una amplia política de vivienda.

Las organizaciones pidieron a las autoridades locales mayor participación de la sociedad civil en estos proyectos de desarrollo. “La memoria del 19 de septiembre nos exige convertir la solidaridad en derechos, la reconstrucción en justicia social y la planeación urbana en arraigo”, plantearon en el manifiesto.

ASÍ SE VIVIRÁ. El Segundo Simulacro Nacional 2026 se dividirá en cinco zonas, con hipótesis de sismos de distintas magnitudes y epicentros en Puebla, Baja California, Nuevo León, Quintana Roo y Chiapas. En la zona Centro, se planteará un sismo de magnitud 7.7 con epicentro en Tehuacán, Puebla, con participación de 14 entidades, entre ellas Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Guerrero e Hidalgo.

Para la zona Noroeste, el escenario será un sismo de 7.1 en Mexicali, Baja California, con participación de Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Sonora y Sinaloa.En la zona Noreste, que incluye Aguascalientes, Coahuila, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas, se simulará un movimiento de magnitud 5.2 con epicentro en Allende, Nuevo León.

En la península de Yucatán, el ejercicio contemplará un sismo de 7.0 con epicentro en Cabo Catoche, Quintana Roo, con participación de Campeche, Quintana Roo y Yucatán.

Finalmente, en el Golfo de Tehuantepec, se simulará un sismo de magnitud 7.6 con epicentro en Tonalá, Chiapas, que involucrará a Chiapas, Oaxaca y Tabasco.

Detectan hundimientos en CDMX y nuevas franjas de vulnerabilidad

| Por Elizabeth Hernández |

Una parte del riesgo sísmico de la Ciudad de México cambia aun cuando no tiembla. Nuevos estudios sobre el hundimiento del Valle de México muestran desplazamientos acumulados capaces de modificar las condiciones del terreno, mientras una investigación en Azcapotzalco identificó una franja de unos cinco kilómetros donde la deformación del suelo coincide con daños estructurales en viviendas, escuelas y otros inmuebles.

El trabajo más reciente de Geofísica Internacional apareció en abril de 2026. Alberto Jaime-Paredes, Gaspar Alcocer-Gómez y Juan Sandino Sanabria Pérez analizaron imágenes satelitales Sentinel-1 para medir tanto el descenso gradual del terreno como la deformación asociada a los sismos de septiembre de 2017. En las zonas de mayor afectación, el estudio estimó tasas de subsidencia de hasta 45 centímetros por año durante el periodo analizado.

  • El dato: Las mayores deformaciones y hundimientos alcanzan entre 15 y 50 centímetros al año en alcaldías como: Iztapalapa, Iztacalco, Venustiano Carranza y Gustavo A Madero.

Los investigadores también encontraron desplazamientos súbitos, de entre uno y cinco centímetros, vinculados con el terremoto de 2017, con señales relevantes en sectores del Centro Histórico y en las inmediaciones de Xico. El trabajo atribuye el hundimiento regional principalmente a la extracción de agua subterránea y plantea que la vigilancia satelital puede seguir cambios lentos y las alteraciones provocadas por eventos sísmicos.

A esa escala metropolitana se suma un problema localizado. Los geólogos Felipe García Villegas, José Asunción García-Valle y Roberto Téllez Cabrera estudiaron, entre octubre de 2021 y septiembre de 2024, distintos puntos de Azcapotzalco donde aparecieron hundimientos diferenciales, inclinaciones y daños. Sus resultados, publicados en diciembre de 2025 por la Revista Mexicana de Ciencias Geológicas, delimitan una franja irregular de aproximadamente cinco kilómetros de longitud y hasta 1.5 kilómetros de ancho.

Edificio en restauración dañado en el sismo de 2017, ubicado en Sonora 149. ı Foto: Jorge Butrón|La Razón

En esa zona, los investigadores documentaron edificios con niveles de riesgo medio o alto en unidades habitacionales y escuelas. Entre ellos: Xochináhuac, la Secundaria Técnica 98, CECATI 1, ESIME, CECyT 8 y el conjunto Jagüey-Pantaco. El inventario corresponde al trabajo de campo y no implica que todos los inmuebles conserven la misma condición que registraron en 2026, pues tenían obras de intervención, reforzamiento o demolición programadas.

Otra conclusión relevante para la planeación urbana. El equipo señaló que “el conocimiento que se tiene del subsuelo en Azcapotzalco no es suficiente” y sostuvo que la zonificación geotécnica existente no incorpora, de manera específica, la franja que identificaron. Los investigadores proponen estudiar con mayor detalle un antiguo paleocauce al que denominan Tepanecas para determinar su geometría, materiales y circulación de agua.

EFECTOS PROGRESIVOS. Un trabajo de investigadores, encabezados por Enrique Cabral-Cano, documentó tasas de hundimiento que en algunos sectores metropolitanos alcanzan medio metro anual y advirtió efectos progresivos sobre infraestructura urbana.

Otro estudio sobre la interacción suelo-estructura concluyó que los asentamientos diferenciales y la inclinación acumulada en el terreno pueden modificar la respuesta de los edificios frente a los movimientos sísmicos.

Protección Civil de la Ciudad de México ya incorpora el fenómeno en su sistema de información. El Atlas de Riesgos capitalino ha sido actualizado durante 2026 y contiene las capas de hundimientos, fallas, fracturas, condiciones geológicas y peligro sísmico.

La pregunta pendiente es si esos cambios del terreno llegan con la misma velocidad a los dictámenes estructurales, programas de mantenimiento y decisiones sobre inmuebles existentes en la capital del país.

Simulacro evidencia inclusión en sismos

| Por Elizabeth Hernández |

Casi medio millón de habitantes de la Ciudad de México enfrentan una emergencia sísmica con necesidades que una ruta convencional de evacuación no siempre resuelve. El simulacro nacional de este sábado trasladará parte de la prueba a hogares y comunidades, fuera del esquema habitual de oficinas y escuelas con brigadas organizadas.

El Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), último recuento completo disponible, identificó en la capital a 493 mil 589 personas con alguna discapacidad, equivalentes a 5.4 por ciento de sus habitantes. De ese grupo, 56.9 por ciento eran mujeres. La proporción aumentaba hasta 18.3 por ciento entre quienes tenían 60 años o más.

La norma federal NOM-008-SEGOB-2015 obliga a incorporar medidas específicas para personas con discapacidad en programas internos de Protección Civil. Su aplicación alcanza inmuebles donde estudian, trabajan o reciben atención y contempla registros que permitan saber quién necesita asistencia durante una emergencia. La plataforma oficial de normalización mantiene vigente esa disposición.

Sin ese registro, reconoce la propia guía federal, los responsables de un inmueble pueden desconocer cuántas personas requieren apoyo y qué tipo de ayuda necesitan. El censo previsto por la norma sirve para identificar limitaciones de movilidad, comunicación, visión, audición u otras condiciones que modifican la respuesta ante un desastre.

  • El Tip: El sistema de alertamiento en teléfonos celulares funciona con tecnología Cell Broadcast (Difusión Celular).

De acuerdo con las coordinaciones de Protección Civil, una alerta audible, por ejemplo, no resuelve por sí sola la emergencia para una persona sorda. Una salida señalizada tampoco garantiza autonomía a quien utiliza silla de ruedas si el trayecto incluye escalones, desniveles o una puerta estrecha. En pisos altos, además, una evacuación que depende de asistencia humana exige personal suficiente y una ruta previamente definida.

A escala capitalina, los lineamientos de Protección Civil exigen programas internos para distintos tipos de inmuebles, entre ellos conjuntos habitacionales, hospitales, escuelas, edificios públicos y estaciones del Metro. El marco normativo también remite a criterios de accesibilidad y a la integración de medidas para población con discapacidad.

Más allá de México, la brecha aparece en los diagnósticos internacionales. Una encuesta de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, con seis mil 342 respuestas de 132 países, encontró que sólo ocho por ciento consideraba que los planes locales atendían las necesidades específicas de las personas con discapacidad.

Además, 86 por ciento dijo no haber participado en decisiones comunitarias sobre la prevenciónde siniestros. El ejercicio no representa estadísticamente a México, sin embargo, exhibe un problema global de inclusión en la preparación ante emergencias.

Puebla se pone a prueba con la alerta más corta en simulacro

| Por Elizabeth Hernández |

La Ciudad de México pondrá a prueba este 19 de septiembre un escenario que rompe una de las percepciones más extendidas sobre la alerta sísmica. El aviso no garantiza un minuto para reaccionar. Ante terremotos con origen más cercano a la capital, el margen puede reducirse solamente unos cuantos segundos.

El simulacro nacional de este sábado utilizará para la zona centro un sismo hipotético de magnitud 7.7 con epicentro en Tehuacán, Puebla. La Coordinación Nacional de Protección Civil eligió ese supuesto porque considera físicamente posible un evento en esa región y reconoce que su cercanía representaría para la capital un menor tiempo de anticipación, además del efecto de amplificación que producen los suelos blandos.

  • El Dato: En Información del Servicio Sismológico Nacional de la UNAM, en 2025 hubo 40 mil 256 sismos a nivel nacional; sólo dos movimientos superaron los seis grados.

Una explicación técnica del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), operador del Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, coloca el llamado tiempo de oportunidad aproximadamente entre 20 y 120 segundos. El intervalo depende de la distancia entre la zona donde los sensores detectan el movimiento y la ciudad que recibe la advertencia. No existe, por tanto, una duración uniforme para todos los terremotos.

Casos reales muestran el contraste. El sismo de magnitud 5.7 registrado en Oaxaca el 8 de febrero de 2026 produjo un tiempo preliminar de alerta de 93 segundos para la Ciudad de México, mientras Oaxaca dispuso de 19. Acapulco recibió 64 y Chilpancingo 63, de acuerdo con el reporte de SASMEX.

  • 29 temblores oscilaron los cinco y 5.9 grados en 2025

El 19 de septiembre de 2017 ocurrió lo contrario para la capital. Aquel terremoto de magnitud 7.1 tuvo su epicentro entre Puebla y Morelos, mucho más cerca que los grandes movimientos de subducción frente a Guerrero y Oaxaca. El boletín técnico de la alerta registró alrededor de 20 segundos de oportunidad para la Ciudad de México. Investigaciones posteriores sobre el sistema señalan que diversos usuarios percibieron incluso un margen menor o prácticamente simultáneo al inicio del movimiento telúrico.

Ese comportamiento deriva de una limitación física, no de una falla automática del sistema. Los sensores necesitan detectar el terremoto, estimar su intensidad potencial y transmitir el aviso antes de que las ondas más destructivas alcancen a la capital del país. Mientras más corta sea la distancia respecto del origen, menor será la ventaja disponible.

Por contraste, el terremoto de magnitud 8.2 del 7 de septiembre de 2017, originado frente a Chiapas, permitió alrededor de 92 segundos de anticipación en la capital debido a la distancia que las ondas tuvieron que recorrer. La diferencia entre ambos episodios demuestra por qué la misma sirena puede preceder al movimiento por más de un minuto o antecederlo apenas unos segundos.

  • 7.1 grados registró el movimiento telúrico de hace nueve años

La investigación publicada en 2019 sobre el desempeño de la alerta durante los terremotos de 2017 concluyó que una parte crucial del sistema depende de que la población entienda esa variabilidad. Los autores señalaron que el alertamiento debe acompañarse de conocimiento del riesgo, canales de difusión y capacidad de reacción, porque recibir la señal no equivale por sí mismo a disponer de tiempo suficiente para salvar vidas.

Este sábado, además de los altavoces, el Gobierno de México activará el alertamiento mediante telefonía celular. Sin embargo, los comunicados revisados no precisan cuántos segundos de oportunidad produciría en condiciones reales el escenario de magnitud 7.7 en Tehuacán para cada zona de la capital.

Dicha cifra permitiría convertir el simulacro en una prueba más exigente. No sólo medir cuánto tarda una evacuación, sino determinar si la acción prevista cabe realmente dentro del tiempo que daría un terremoto cercano a realidad y la propia Ciudad de México.

NL y QRoo entran en mapa de riesgo

| Por Elizabeth Hernández |

El Segundo Simulacro Nacional de 2026 llegó a este 19 de septiembre con una hipótesis de terremoto a dos regiones que rara vez ocupan el centro de la prevención sísmica en México. Nuevo León ensaya un movimiento de magnitud 5.2 con epicentro en Ciudad de Allende, mientras Quintana Roo sobre un escenario de 7.0 frente a Cabo Catoche.

La Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) diseñó cinco supuestos regionales para el ejercicio de las 12:00 horas. A los casos del noreste y la Península de Yucatán se sumarán un sismo de magnitud 7.7 en Tehuacán, Puebla; uno de 7.1 en Mexicali, Baja California, y otro de 7.6 frente a Tonalá, Chiapas. El Gobierno federal sostiene que las hipótesis parten de información geofísica y buscan sustituir el modelo de un solo escenario para todo el país.

  • El Tip: El 17 de julio se registró el sismo más potente del año con 7.4 grados con epicentro en Ciudad Hidalgo, Chiapas.

Nuevo León ofrece una paradoja. Su actividad sísmica resulta mucho menor que la de la costa del Pacífico, pero diversos estudios científicos descartan que el noreste mexicano pueda considerarse una zona sin terremotos. Una investigación encabezada por Juan Carlos Montalvo-Arrieta, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, reunió 148 movimientos ocurridos entre 1787 y 2006 y advirtió la escasez de registros instrumentales de movimiento fuerte en la entidad.

Otro trabajo de especialistas de la UANL y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) documentó una secuencia de más de 250 temblores al suroeste de Linares durante el segundo semestre de 2012.

Los investigadores lograron relocalizar 52 eventos de magnitudes entre 2.5 y 3.6 y analizaron su relación con estructuras geológicas del área. El episodio mostró que también existe sismicidad intraplaca lejos de los grandes límites tectónicos del Pacífico.

Quintana Roo recibió este mismo año un recordatorio más visible. Un terremoto de magnitud 6.1 registrado el 8 de junio de 2026 al oeste-noroeste de Mantua, Cuba, se percibió en municipios del norte, centro y sur del estado. Protección Civil revisó edificios públicos, escuelas, centros comerciales y zonas estratégicas; aunque no se reportaron personas lesionadas ni daños.

Arturo Iglesias Mendoza, jefe del Servicio Sismológico Nacional, explicó días después que aquel movimiento tuvo origen en la región del Caribe y no en una falla local capaz de generar grandes terremotos. El especialista recordó, sin embargo, que la complejidad tectónica caribeña puede producir eventos de magnitud importante que alcancen a sentirse en el sureste.

La Península de Yucatán ya había experimentado un episodio semejante en enero de 2020. Un terremoto de magnitud 7.7 entre Cuba y Jamaica provocó evacuaciones preventivas en inmuebles de Quintana Roo y obligó a revisar posibles variaciones del nivel del mar, sin embargo las autoridades de la entidad descartaron afectaciones en la infraestructura local.

Por primera vez, el simulacro nacional permitirá observar de manera simultánea cómo responde una población acostumbrada al alertamiento sísmico y otra para la cual estos fenómenos resultan excepcionales. La diferencia no radica sólo en la probabilidad de un terremoto. También intervienen los reglamentos de construcción, el conocimiento ciudadano, la instrumentación, los protocolos y la capacidad para reconocer qué hacer cuando el movimiento telúrico no forma parte de la experiencia cotidiana.

“Las condiciones en los centros de trabajo son las mismas desde 1985”

| Por Claudia Arellano |

El sismo de 2017 volvió a desnudar las condiciones en las que trabajaban cientos de mujeres en talleres textiles de la Ciudad de México. Sobrevivientes recuerdan el miedo, los edificios inseguros y la falta de derechos laborales; algunas prefieren no hablar públicamente de su experiencia por temor a perder su empleo.

A nueve años del sismo del 19 de septiembre de 2017, la esquina de Bolívar y Chimalpopoca, en la colonia Obrera, permanece como uno de los lugares que concentran la memoria de las tragedias que han golpeado a las costureras de la industria textil en la Ciudad de México.

Ahí, en un edificio de cuatro niveles, murieron 21 personas tras el colapso provocado por el terremoto. La mayoría eran mujeres vinculadas con actividades textiles y de manufactura.

  • 21 personas murieron en el derrumbe de la fábrica de ropa

Treinta y dos años antes, el terremoto de 1985, había dejado cientos de costureras muertas bajo los escombros de talleres ubicados principalmente en la zona de San Antonio Abad. Aquella tragedia dio origen a organizaciones de trabajadoras que denunciaron por décadas los bajos salarios, falta de seguridad social y las condiciones inseguras de los centros laborales.

“Las condiciones siguen siendo las mismas en los centros de trabajo y las estructuras de los edificios. Yo no veo ninguna situación diferente entre 1985 y en el 2017”, denunció Gloria Juandiego, costurera sobreviviente del prime terremoto y una de las fundadoras del extinto sindicato de costureras, al recordar el derrumbe de Chimalpopoca.

Para ella, aquella tragedia demostraba que las condiciones que habían provocado la vulnerabilidad de las trabajadoras no habían desaparecido, ya que las trabajadoras que sobrevivieron al derrumbe tuvieron que regresar a sus empleos, buscar nuevas fuentes de ingreso o continuar dentro de una industria en la que, históricamente, las condiciones laborales han estado marcadas por la precariedad.

“Algunas sobrevivientes han preferido mantener el anonimato cuando se habla de sus actuales condiciones laborales. El temor no necesariamente está relacionado con volver a vivir un terremoto, sino con las consecuencias que puede tener denunciar públicamente las condiciones de un taller: perder el empleo, ser identificadas por sus patrones o quedarse sin una fuente de ingresos”, explicó la trabajadora.

Durante las primeras investigaciones, posteriores al sismo, se documentaron condiciones laborales precarias que enfrentaban algunas trabajadoras fallecidas.

Un informe de la Secretaría de Trabajo y Fomento al Empleo de la entonces Ciudad de México señaló que tres mujeres que murieron en uno de los centros de trabajo cobraban alrededor de 200 pesos por día y no contaban con servicios de seguridad social.

La investigación realizada tras el movimiento telúrico, señaló que el inmueble de Chimalpopoca no participó en el simulacro realizado la mañana del 19 de septiembre de 2017. Cuando ocurrió el terremoto, aproximadamente dos horas después, los trabajadores se encontraban en el edificio; de alrededor de un centenar de personas, sólo una parte logró salir.

“Durante las primeras horas después del derrumbe hubo una disputa por el rescate de personas y el resguardo de mercancías, documentos y maquinaria. Testimonios recogidos entonces describieron cómo, mientras decenas de voluntarios buscaban sobrevivientes, también se retiraban materiales y bienes pertenecientes a las empresas que operaban en el inmueble: narró Gloria.

Juandiego recordó que, tres décadas antes, las prioridades de los dueños de los talleres habían sido motivo de indignación entre las trabajadoras. Años después, el sismo de 2017 puso sobre la mesa la relación entre precariedad laboral, inseguridad estructural y falta de protección civil.

Rébsamen: a 9 años, la herida sigue

| Por Claudia Arellano |

A nueve años del sismo del 19 de septiembre de 2017, el Colegio Enrique Rébsamen, en la alcaldía Tlalpan, permanece en obra negra, como una estructura detenida en el tiempo que mantiene presente el recuerdo de una de las tragedias más dolorosas ocurridas en aquel terremoto.

El plantel colapsó durante el sismo de magnitud 7.1 y dejó un saldo de 26 personas fallecidas: 19 niñas y niños y siete adultos. A casi una década de distancia, el inmueble continúa sin ser rehabilitado, mientras alrededor del predio permanecen las huellas de una tragedia que modificó para siempre la vida de familias, vecinos y comunidades escolares.

La imagen de la construcción inconclusa contrasta con los años que han transcurrido desde aquel 19 de septiembre. Para los habitantes de la zona, el inmueble no representa solamente una edificación abandonada: también es un recordatorio permanente de las horas de angustia que siguieron al movimiento telúrico y de las labores de rescate que se prolongaron entre los escombros.

En julio pasado, una audiencia judicial volvió a colocar el nombre del Rébsamen en el centro de la discusión, luego de que Mónica García Villegas, exdirectora y propietaria del colegio, señalara que no cuenta con recursos para cubrir la reparación del daño establecida por la justicia. El predio donde se encontraba la escuela está sujeto a un proceso de extinción de dominio, por lo que un juez rechazó utilizarlo como garantía para cubrir ese pago.

En agosto, además, se abrió el juicio oral contra Juan Apolinar Torales, Director Responsable de Obra señalado en la investigación por el colapso. De acuerdo con el expediente citado en versiones periodísticas, el funcionario había suscrito en junio de 2017 documentos mediante los cuales afirmó que los inmuebles reunían las condiciones de seguridad necesarias para operar como colegio.

El caso permanece así como una herida abierta: el edificio no ha sido rehabilitado, las familias continúan enfrentando procesos relacionados con la reparación del daño y todavía existen procedimientos judiciales derivados de lo ocurrido.

Aníbal, padre de Patricio, uno de los alumnos que sobrevivió al colapso, ha señalado que las consecuencias de aquella mañana continúan presentes. En febrero de 2026, denunció junto con otras familias la suspensión o reducción de apoyos económicos destinados a sobrevivientes, recursos que, explicó, eran utilizados para atender secuelas físicas y psicológicas.

“Las dispersiones se hacen normalmente dentro de los primeros diez días hábiles. Cuando se cumplieron, varias madres me avisaron que no habían recibido nada”, relató el padre, al denunciar que decenas de familias habían dejado de recibir los recursos.

El impacto no sólo se mide en apoyos económicos. Una de las sobrevivientes, identificada como Luna, relató que todavía experimenta ansiedad cuando escucha la alerta sísmica. Explicó que durante el terremoto vio cómo una maestra quedó atrapada entre los escombros y que esa imagen permanece en su memoria.

Ivonne Carbajal, madre de Axel, uno de los alumnos que logró salir con vida, recordó que llegó al colegio pocos minutos después del terremoto y encontró un escenario irreconocible: “Salí corriendo y cuando llegué, ver la escuela fue horrible”. La angustia aumentó cuando no encontraba a su hijo entre el movimiento de padres, rescatistas y autoridades. Finalmente logró localizarlo.


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