Ayotzinapa, 12 años después

Alumnos heredan lucha: “No juzguen sin saber la historia”

Estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos asumen como propia la exigencia de conocer el paradero de los 43; demanda de verdad y justicia permanece sin respuesta, advierten

Normalistas, encabezados por la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, realizaron una protesta a las afueras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ayer.
Normalistas, encabezados por la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, realizaron una protesta a las afueras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ayer. Foto: Cuartoscuro

A 12 años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, las nuevas generaciones de Ayotzinapa mantienen como propia la exigencia de conocer su paradero y aseguran que ingresar al plantel implica no sólo estudiar, sino continuar una lucha que ha trascendido a quienes vivieron directamente los hechos de septiembre de 2014.

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos” es una consigna que permanece entre alumnos que llegaron a la escuela años después de la desaparición y que se refieren a los 43 como “sus compañeros”.

Mitchel, estudiante de la normal, explicó a La Razón que esa exigencia forma parte de la vida cotidiana de quienes se preparan como docentes y deben combinar su formación con las movilizaciones.

“Es algo complicado, ya que tenemos que estar estudiando y luchando a la vez contra el Gobierno (…) y lo que buscamos es que ya no se alargue más años. Entonces, por eso nos van a ver siempre luchando hasta no encontrar la verdad. No juzguen si no conocen la historia”, señaló.

Explicó que una de las principales dificultades que enfrentan las nuevas generaciones es el cuestionamiento público a sus formas de protesta. Consideró que las normales rurales han sido desacreditadas por las acciones que realizan para hacer visibles sus demandas.

“Desgraciadamente, si uno no toma esas armas, el Gobierno mucho menos te hace caso”, afirmó.

El plantel luce hoy instalaciones renovadas después de la reconstrucción por los daños provocados por el sismo de 2017. En sus espacios conviven la formación de futuros maestros y los símbolos que mantienen presente la desaparición.

Murales didácticos sobre el territorio guerrerense se mezclan con antorchas dibujadas como símbolo de lucha, fotografías de los rostros de los 43 y montajes mediante los cuales los estudiantes reiteran la exigencia de conocer su paradero.

Aquilino Florencio Mejía, quien fue compañero de los normalistas desaparecidos, consideró una responsabilidad que las generaciones posteriores mantengan esa exigencia y advirtió que también “tienen la tarea de prevenir quizás un poco que la desaparición forzada se agudice”.

Doce años después, aseguró, tampoco ha cambiado la respuesta que reciben muchas de las movilizaciones. “No cambia nada. Justo el hecho de que no se les dé ninguna respuesta (…) les pone vallas, que es lo que pude notar. Se sigue criminalizando, se sigue discriminando”, señaló.

Mejía, quien posteriormente amplió su formación académica en la Universidad Iberoamericana, recordó que la estigmatización también alcanzó a los estudiantes de su generación, quienes, afirmó, llegaron a ser señalados de pertenecer a grupos criminales relacionados con el caso.

Ante la información sobre la investigación que el Gobierno federal prevé presentar el lunes, el exnormalista espera que los nuevos elementos no se conviertan en “otra verdad histórica”.

“Ya tenemos tres administraciones y la respuesta fundamental que nos deberían dar, dónde están, no se nos ha dado. Esperemos que esa información tenga que ver con el apego a los derechos humanos, con el acceso a la justicia y a la verdad”, dijo.


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