La realidad de un cuerpo inerte

5eecdc291cdf7.jpeg
Foto: larazondemexico

Por Leticia Olvera

En 1632 Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) pinta La lección de anatomía del doctor Tulp; 335 años después, en 1967, nos encontramos una imagen parecida a una evocación, la fotografía que Freddy Alborta (1932-2005) tomada ante el cuerpo sin vida de Ernesto Che Guevara.

Frente a la realidad en que las dos imágenes convergen en una serie de “coincidencias”, nos preguntamos los motivantes, qué encontraron los dos autores para llevarnos por los caminos del imaginario. Sin embargo, las preguntas nos invitan a reflexionar ante un hecho ineludible: la muerte.

Para poder encontrar las coordenadas en las que estas dos imágenes se tocan, La Razón consultó a tres especialistas de la imagen que desde su marco teórico en la semiología, la historia y la fotografía otorgan un punto de partida donde podemos encontrar el disfrute contemplativo de estas imágenes de la historia universal.

Desde la composición visual y sus valores formales, se supone una paráfrasis elaborada. Sin embargo, ésta la provoca la historia al ver a un pequeño grupo social ante el eje compositivo de un cuerpo inerte. Una formación lleva a que cada uno de los personajes sepa su lugar en la historia, subordinándose al cadáver.

Tanto en el caso de Rembrandt como en el de Alborta, cada uno de los integrantes retratados está consciente de su propia condición profesional, representa un papel en relación con la ciencia o con la política, desde la curiosidad, el conocimiento, la sorpresa, la sobriedad e incluso la indiferencia.

Cuerpos semidesnudos sometidos a la voluntad de los representantes del “poder” científico o militar.

El sentido de la temporalidad de los hechos también retrata la realidad de su tiempo; como afirma Alfredo Rivera, maestro en artes visuales: “en un barroco holandés el deber del retrato colectivo es resaltar a un grupo social específico, pinturas que se mandan hacer por encargo para hacer a los espectadores de la obra partícipes de la jerarquía de los representados”, constantes que se cumplen también en el hecho fotográfico.

Por ello, ante la contemplación de cualquier imagen, estamos mucho más obligados a saber y entender los contextos por los cuales una imagen se vuelve representativa de una época.

El curador e historiador de fotografía, Armando Cristeto asegura que un personaje como el Che Guevara, “figura mitificada en vida y que las que lo llevaron a la muerte violenta, desde el punto de vista documental, reafirman el mito, ante la exposición de su cuerpo como un trofeo militar”.

Por su parte el doctor en estudios latinoamericanos Miguel Ángel Esquivel es contundente en su apreciación al señalar: “la coincidencia de estas dos imágenes está dada por la historia: el cuerpo en su sentido laico, sin mitificación y sin divinidad; uno visto desde la ciencia, el otro desde la fuerza del Estado.

La comparación debe ser meramente histórica, pues ambas imágenes son la exposición de cuerpos desprovistos de toda teología y de toda metafísica”.

En cualquier caso, desde el punto de vista científico o político, la contemplación de estas dos imágenes dentro de la historia les ha otorgado la inmortalidad.

fdm

Temas: