Sana, Yemen
Miles de yemeníes salieron ayer a las calles de varias ciudades para exigir la renuncia del presidente y denunciar la participación del gobierno en una reciente explosión en una fábrica de municiones en el sur del país, que dejó un centenar de muertos.
Las protestas ocurrieron en Saná, la capital, así como en otras ciudades. Los grupos opositores acusaron al presidente Alí Abdalá Saleh de colaborar con milicianos de Al Qaeda al retirar al ejército de la factoría y permitir la ocupación de la zona por la red terrorista.
“Sin esta retirada organizada y el caos planificado por el régimen, la masacre en la fábrica no hubiera sucedido”, señalaron en un comunicado.
Saleh ha cooperado estrechamente con Estados Unidos en la batalla contra la rama yemení de Al Qaeda, que utilizó zonas del país no controladas por el gobierno para lanzar ataques, incluido el intento fallido de derribar un avión de pasajeros que se dirigía a Detroit.
Sin embargo, el presidente también enfrenta rebeliones regionales en el norte y el sur y la oposición lo acusa de aprovechar el miedo occidental a un surgimiento de Al Qaeda en caso de producirse su derrocamiento.
Yusef Said, dirigente del gobernante Partido del Congreso y profesor de la Universidad de Adén, rechazó esas acusaciones, que calificó de “falsas y producto de las maniobras políticas de la oposición”.
El vocero opositor, Mohamed al-Sabri, por su parte, criticó al ministro de Defensa estadounidense Robert Gates, quien dijo por televisión que la caída del régimen de Saleh significaría un “verdadero problema” para Washington.
“Estas declaraciones indican claramente que el gobierno de Estados Unidos respalda a Saleh, quien dio a los elementos de Al Qaeda luz verde para generar el caos en el sur y asustar a los (norte) americanos”, señaló al-Sabri.
El control del Estado disminuyó bruscamente este mes ante las manifestaciones multitudinarias en las grandes ciudades. En muchas poblaciones los manifestantes expulsaron a la policía y el ejército y crearon milicias de autodefensa.