El deterioro del ideal democrático

¡Caballeros, aquí no se pueden pelear! ¡Ésta es la Sala de Guerra!

Stanley Kubrick, Dr. Insólito

En el año de 1964, en plena Guerra Fría, Stanley Kubrick estrenó una de sus más importantes cintas: Dr. Insólito o ¿Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba? Durante una crisis militar ocasionada deliberadamente por un demente general del ejército estadounidense, quien se saltó la autoridad presidencial, Rusia se encuentra al borde de un ataque nuclear que resultará devastador. Mientras tanto, el presidente norteamericano y su gabinete más cercano discuten el futuro del planeta. Dentro de una sala de alta tecnología el presidente trata de negociar tanto el fin de la amenaza como de las posibles represalias rusas. En medio de esta encrucijada las cosas se salen de control y un general arremete a golpes contra el embajador ruso, presente en la sala. Ante tal exabrupto el presidente, interpretado por el formidable Peter Sellers, exclama: “¡Caballeros, aquí no se pueden pelear! ¡Ésta es la Sala de Guerra!” Es evidente que, ante todo, se trata de una gran comedia.

Cincuenta años más tarde, esta anécdota cinematográfica cobra una alarmante relevancia. Durante las últimas semanas hemos visto cómo vertiginosamente las reglas de convivencia pacífica en Europa, así como el supuesto ideal común de democracia, a la par que la política diplomática de Barack Obama, se ponen en riesgo ante la arbitrariedad y las acciones totalitarias de su homólogo ruso, Vladimir Putin. Tal parece que no obstante tratarse de un conflicto esencialmente europeo, la crisis en Ucrania y la intransigente anexión de Crimea a Rusia han puesto sobre la mesa el enfrentamiento de las grandes potencias de la Guerra Fría. Los dos hombres más poderosos del planeta establecen una pugna personal y colocan a sus países como gigantes militares: se enfrentan, se increpan, se excusan, se miden y se culpan uno al otro. Volviendo a la película semejan dos personajes que no encuentran un lugar para irse a los puños. Lamentablemente no estamos en aquella comedia.

El futuro de Europa y probablemente del mundo se vería amenazado si alguno de estos protagonistas actuara descabelladamente. Es preocupante constatar la fragilidad del ideal de una Europa unida y apreciar en el mencionado gesto de Putin una convicción autoritaria. Desconcierta también que los intentos de una política internacional conciliadora por parte de Obama se conviertan tan rápidamente en amenazas de sanciones. No cabe duda de que el conflicto entre Estados Unidos y Rusia desacredita los ideales democráticos deseables para el siglo XXI, debilita la cohesión de Europa y evidencia la importancia desmedida de los intereses económicos y militares por encima de la civilización. ¿Estaremos ante una nueva versión de la Guerra Fría?

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