Foto Carlos Jiménez La Razón
Desde la colina 23 de Enero, donde se encuentra la tumba de Hugo Chávez, se puede apreciar perfectamente toda la capital venezolana. El estadio de beisbol, la Universidad Central y la Casa de Gobierno son edificaciones imposibles de confundir. No obstante, hay una más que destaca no sólo por su altura, sino por su historia: la conocen como la Torre de David, el tercer rascacielos más alto de Venezuela. Son 121 mil metros cuadrados de construcción, 45 pisos de paredes de cristal, helipuerto y algo diferente… en ella solamente viven invasores.
A diferencia de la mayoría de los venezolanos que están sometidos a un estricto control de pago de impuestos, aquí eso no se paga. Para comprar o vender dentro no hay que mostrar la cédula de identificación, como sucede en todos los negocios de Venezuela.
La luz y el agua llegan para todos, pero sólo hay que dar una “cuota interna” a los “Caciques Venezolanos”, como se hacen llamar esos hombres que hacen la función de dirigentes vecinales.
Adentro las leyes las fijan los mismos habitantes. Ningún extraño puede entrar sin su permiso.
“Nuestro comandante Hugo Chávez nos dijo que buscáramos nuestra casa. Que podíamos tener una casa con su ayuda, y aquí estamos. Esto se lo debemos a él”, platica a La Razón Baudelio Luna, uno de los hombres considerado uno de los líderes dentro de la torre.
Fue en 1993 cuando comenzó la construcción de esta torre, ubicada al noroeste de Caracas, por el empresario David Brillembourg, por eso finalmente se le conoció como La Torre de David. Tenía como fin ser el Centro Financiero del banco Cofinazas, pero la crisis de aquel año detuvo su construcción, y al poco tiempo pasó a manos del gobierno que entonces encabezaba Rafael Caldera.
La torre debía ser revestida completamente por cristal. Sin embargo, esto ya no se terminó. Al circular por las calles cercanas se pueden ver los huecos donde debería haber vidrios de más de dos metros cuadrados. Y ahí, entre esos espacios, se aprecian tinacos, calentadores de agua, tendederos con ropa al sol...
En 2001 el gobierno intentó subastarla, pero nadie la compró. Así que en 2007 comenzaron a invadirla. Primero llegaron algunos vagabundos, luego sus familias, poco a poco entraron más y más personas… Ahora se calcula viven casi 800 familias.
“El problema fue que primero dejaron entrar a vagabundos a robarse lo que podían, luego los dejaron quedarse a dormir, y luego ya no hubo cómo detener esto. Ya todos vivían ahí”, cuenta Lucía Mirado, profesora de una escuela básica cercana al lugar.
Lucía relata que las autoridades nunca han intentado desalojarlos. “No les hacen nada porque saben que son votos seguros para el gobierno”, justifica.
Durante la presidencia de Hugo Chávez se prometió que todos los venezolanos tendrían casas. En 2011, durante uno de sus mensajes en el programa Aló Presidente, luego de que Venezuela sufriera una serie de inundaciones que dejó sin vivienda a miles de familias, Chávez dijo: “Invito a todo el pueblo a buscar galpones (casas) ¡A buscar galpones, compadre! Hay mil galpones, dos mil galpones abandonados en Caracas ¡Vamos por ellos que Chávez los expropiará y los pondrá a la orden del pueblo para construir viviendas dignas!”.
Amparado en el impacto causado por unas torrenciales lluvias en diciembre, que dejaron a más de 130 mil personas sin hogar, Chávez obtuvo poderes especiales para legislar hasta el final de su período presidencial en el 2012.
Dichos poderes le permitieron promulgar la Ley de Emergencia de Terrenos y Vivienda que facilita la “ocupación” de superficies privadas o públicas que se consideren subutilizadas o abandonadas, en casos de emergencia.
El tema de la vivienda es sensible en Venezuela. El estudio Vivienda en Venezuela: un problema con solución, realizado en 2012 por el economista Ángel Alayón y el ingeniero José María de Viana, señala que la producción de casas ha sido inferior al crecimiento de la población, y estima que hasta 2011 el déficit habitacional alcanzó mil 94 millones de unidades.
A finales del 2010, Chávez ordenó la expropiación de varios proyectos de vivienda que habían incumplido los plazos de entrega o que acusó de inflar sus precios originales de venta, lo cual ahorcó aún más al sector constructor.
EL AUTOGOBIERNO. Con el paso de los años, La Torre de David se ha vuelto más famosa no sólo por ser invadida.
“Es un lugar en el que no puedes entrar si no vives ahí, sólo que conozcas a alguien o alguien te lleve”, dice Mirof Olivares, el taxista que nos acerca a ese punto.
Para entrar se pasa por un portón oxidado en la que hay cuatro hombres sentados alrededor de una mesa de plástico jugando dominó, pero que todo el tiempo se mantienen atentos para ver a todo aquel que se acerca.
Un chofer de mototaxi es el contacto para entrar. Y es que aquí adentro tienen su propia flotilla de mototaxistas pues se puede subir hasta el piso 25 por las rampas de los estacionamientos y algunas de madera, que ellos mismos construyeron.
El resto de los pisos hay que subirlos por las escaleras que quedaron en obra negra y que no tienen pasamanos.
“El elevador no funciona, por eso había que facilitarnos, imagínese subir caminando ¡Pues no, qué vaina!”, dice Gustavo Aguilera.
Ese es el mayor problema de los habitantes.
Entrar a esta torre es llegar a una pequeña ciudad: un par de tiendas, carnicería, café Internet, gimnasio, peluquería. Hasta una escuela básica para los hijos de los habitantes y una capilla, es parte de lo que hay allí adentro.
El propietario de cada negocio debe entregar una cuota semanal a los caciques, quienes ayer se apresuraban a cobrar porque ya planeaban sus vacaciones de semana santa.
“Carajo que hay que dar la plata, porque ya nos vamos y no regresamos hasta el lunes hija”, le decía Baudelio a la encargada de una tienda.
INVADIDO CON AUTORIZACIÓN. A un par de cuadras de esta torre está lo que debía ser uno de los centros comerciales más grandes de Caracas. Es El Sambil II, una construcción que representa el sueño frustrado de los empresarios Cohen de abrir una segunda sucursal de la plaza que ya tenían al oeste de la capital.
Las escaleras eléctricas que dan a la calle están apagadas, los estacionamientos cerrados y las puertas de acceso bloqueadas por tablones.
Cuando Chávez era presidente expropió el lugar y lo hizo un “refugio temporal” para las personas que no tenían casa. Actualmente viven al menos 200 familias en cuartos que fueron hechos con tabiques dentro de los estacionamientos, y lo que deberían ser locales comerciales.
Para entrar al ahora conocido como Refugio Sambil hay que pasar por un acceso que asemeja las rejas de una cárcel.
Sólo se abre con un seguro eléctrico controlado por tres jóvenes que revisan las pertenencias de quienes acceden. Al igual que en la Torre de David, no hay paso para las personas ajenas.
Los letreros con el rostro de Hugo Chávez adornan esa entrada que fue acondicionada en donde debía ser el estacionamiento del centro comercial.
“Aquí nos dijeron que íbamos a estar un tiempito en lo que nos daban una casa, pero no nos han dado nada. No pagamos luz, ni agua, ni nada, pero hombre nosotros lo que queremos es nuestro departamento”, dice Viviana Lunia.
El chavismo tiene su bastión electoral en los sectores más humildes del país, a los que ha destinado miles de millones de dólares en programas asistenciales, escuelas, sanidad y un discurso de justicia social.
Por ello Nicolás Maduro anunció el 31 de marzo pasado que los dueños de casas rentadas durante más de 20 años tenían la obligación de venderlas a los inquilinos o se harían acreedores a multas y, de cualquier manera, perderían la casa.
Militares, imputados por incitar a rebelión
Oswaldo Hernández, José Machillanda y Carlos Millán, militares de la Fuerza Armada, así como el capitán retirado Juan Carlos Nieto, fueron imputados ayer por instigación a la rebelión.
Estos cuatro militares forman parte, según el diario Últimas Noticias, de un grupo de 30 oficiales que “estarían detenidos” por conspirar.
“Las razones por las cuales se le imputa este delito es simplemente por un reporte de inteligencia que refleja que Juan Carlos estuvo en EU”, indicó.
El 25 de marzo Maduro anunció la detención de tres generales de la Aviación que, según dijo, pretendían alzar a la Fuerza Aérea contra el gobierno.
