Petróleo y Bolsas en niveles no vistos desde 1987

2020, la peor caída para la economía desde la gran depresión

Virus sorprendió al mundo y bajó las perspectivas para todas las naciones; en un hecho inaudito, las materias primas se cotizaron en terreno negativo, el WTI se cotizó en -37.63 dólares por barril

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En la imagen de archivo, un inversionista bursátil pendiente de las noticias.Foto: Reuters
Por:
  • Berenice Luna

Los primeros indicios del virus SARS-CoV-2 empezaron a golpear a los mercados internacionales en febrero, cuando se comenzó a observar un incremento en los contagios, impactando directamente en el precio del crudo y las acciones de las principales Bolsas de Valores.

El 11 de marzo y después de que se observara una rápida propagación del Covid-19, enfermedad causada por el virus, la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó la declaratoria de pandemia, acción que causó gran volatilidad en los mercados bursátiles de todo el mundo, mientras que, para los principales índices estadounidenses, el efecto significó una caída de hasta 10 por ciento, el peor desplome desde 1987.

Si bien, la declaratoria se realizó el martes 10 de marzo, el efecto duró para los mercados dos días más de altibajos al inicio de la jornada del 12 de marzo se pararon las actividades después de que los índices iniciaran la sesión con una fuerte caída de 7.0 por ciento.

En ese momento los analistas señalaban que la caída de 9.99 por ciento del Dow Jones, era la más profunda desde el 19 de octubre de 1987.

Los mercados bursátiles europeos registraron desplomes; por ejemplo, el Euro Stoxx 600 registró un descalabro de 11.48 por ciento, el mayor desde que se tienen registros de ese índice en 1987, y se ubicó en 294.93 unidades, nivel no visto desde el 17 de julio del 2013, alrededor del punto más adverso de la crisis de los altos déficits de Europa. Por su parte, los índices DAX de Alemania y FTSE 100 de Londres retrocedieron en 12.24 y 10.87 por ciento, a niveles de 9,161.13 y 5,237.48 puntos, respectivamente.

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PETRÓLEO

En el mercado petrolero, desde antes de que hicieran la declaratoria de pandemia, ya se disputaba una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia, situación que desembocó en que el 8 de marzo estas diferencias llevaran a que el West Texas Intermediate y el Brent cayeran 30 por ciento, a niveles por debajo de los 30 dólares por barril, el más bajo de los últimos cuatro años.

Una semana antes la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) recomendó recortes adicionales al programa por 1.5 millones de barriles diarios, los cuales buscaban que se extendieran hasta finales de año; sin embargo, Rusia lo rechazó, por lo que Arabia Saudita amagó con aumentar su producción por encima de los 10 millones de barriles por día.

La discusión continuó al grado de que en la sesión de ese domingo, el crudo Brent comenzó la venta con un derrumbe de 30 por ciento en segundos, lo que significaría una caída, la más importante desde la Guerra del Golfo de 1990 a 1991.

Pese a que el Brent se había negociado brevemente por encima de los 70 dólares por barril a principios de año, el 30 de marzo cayó a 21.65 dólares, el nivel más bajo en casi dos décadas, debido a la lucha de los precios.

Lo anterior impactó gravemente al sector estadounidense, que a medida que los precios caían, los trabajadores del sector shale perdían rápidamente sus empleos. Whiting Petroleum, una vez el mayor productor del estado norteamericano de Dakota del Norte, se declaró en bancarrota el 1 de abril.

En medio de una gran incertidumbre, los días fueron pasando y, para el 20 de abril, después de varios días en el que la pandemia se volvía cada vez más fuerte, el mercado energético registraba un hecho inédito: el precio del referencial estadounidense WTI caía más de 300 por ciento.

Ese lunes negro, el WTI para entrega en mayo cerró en -37.63 dólares por barril, marcando así la primera vez en la historia que un indicador concluía en un umbral negativo, al contraerse 305.97 por ciento.

En ese momento, analistas señalaron que el desplome se explicaba por una tormenta perfecta causada por la caída en la demanda de crudo, ocasionado por el Covid-19, y problemas logísticos de almacenamiento.

Expertos afirmaban que la presión a la baja fue causada por el nerviosismo del impacto de la pandemia en la economía, lo que desembocó en un desequilibrio en el mercado petrolero, debido a la amplia destrucción de la demanda de crudo; no obstante, los efectos observados en el precio del contrato de mayo del WTI fueron causados por los operadores de petróleo, al deshacerse desesperadamente del activo.

Dicho de otra manera, los productores llevaron los precios a negativos, o lo que es igual, “pagaron para no tener que recibir crudo ya que no tienen dónde almacenarlo”.

El precio del crudo Brent no corrió con la misma suerte, ya que llegó a venderse en 26.04 dólares por barril, lo que equivale a una contracción en su cotización de 7.26 por ciento.

Los precios del crudo continuaron comportándose de manera similar y no fue, sino hasta el 12 de mayo, cuando después de muchas reuniones, Arabia Saudita anunciaba un recorte en su producción en un millón de barriles diarios, calmando así las inclemencias en el mercado internacional.

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MACROECONOMÍA

Si bien éstos fueron los efectos inmediatos, antes de que concluyera el tercer mes del año, la economía mundial ya estaba “contagiada”, pues en las principales economías del globo (Estados Unidos, España, Reino Unido, Italia, etc.) ya se había registrado un incremento importante de casos positivos, situación que prendió las alertas de los organismos financieros más importantes del mundo.

El 24 de marzo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) señalaba que la economía mundial se encaminaba hacia una recesión tan mala como la crisis financiera de 2008-2009 o peor; sin embargo, Gita Gopinath, directora del Departamento de Investigación del FMI, aseguró que la crisis que libra la economía mundial es la peor desde la gran depresión. “Así, el Gran Confinamiento se convierte en la peor recesión desde la Gran Depresión, dejando muy atrás a la crisis financiera mundial”.

El Banco Mundial señaló que derivado de la pandemia y el cierre de las economías avanzadas más de 60 millones de personas caerían en pobreza extrema; es decir, aquella población que vive con menos de 1.90 dólares por día, anulando gran parte de los avances realizados en la mitigación de la pobreza.

Con los datos analizados hasta abril, el BM preveía una caída del Producto Interno Bruto (PIB) global de 5.2 por ciento; no obstante, después de la reapertura económica tras el primer confinamiento, instituciones financieras como Fitch esperan que pueda moderar la caída y quede en una disminución de 3.7 por ciento.

Con todo lo anterior, la OCDE consideró que después del descalabro de 2020, la producción mundial volverá a niveles previos a la pandemia hacia finales de 2021.