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El nuevo mapa del crecimiento mundial y cómo se traduce en los mercados de 2026

En 2026 el mundo seguirá creciendo, pero a otro ritmo y con un reparto diferente entre las distintas regiones.

Información para tomar en cuenta. Foto: Especial.

En 2026 el mundo seguirá creciendo, pero a otro ritmo y con un reparto diferente entre las distintas regiones. Para los inversores, entender este nuevo mapa del crecimiento mundial es importante para anticipar dónde habrá más actividad económica, cómo se moverán los capitales y qué sectores pueden liderar los mercados.

Un mundo que crece menos, pero de forma muy desigual

Tras varios años de sobresaltos, el consenso de los grandes organismos apunta a un escenario de crecimiento moderado. Según el FMI, el mundo avanzará en torno al 3,2% en 2025 y el 3,1% en 2026, algo por debajo de los últimos años. La OCDE habla también de una moderación desde aproximadamente el 3,2% hasta el 2,9% en 2026, confirmando un ciclo de crecimiento “tibio, pero crecimiento”.

Detrás de esas medias globales hay, sin embargo, un mundo partido en dos. Las economías avanzadas apenas crecerán un 1,5% anual, mientras que los mercados emergentes superan el 4% de media, con Asia y parte de África como grandes motores. Indias, varias economías del Sudeste Asiático y algunos países africanos combinan el crecimiento demográfico con la urbanización rápida y necesidades de invertir en distintas áreas, mientras que Europa y Japón crecen más despacio que en el pasado.

Para los inversores, esto significa volver a mirar al PIB como la brújula del análisis básico. No está de más recordar qué significan las siglas PIB: el Producto Interior Bruto de un país es el valor de todos los bienes y servicios producidos en él durante un periodo determinado. A día de hoy es el indicador estándar para comparar el tamaño y el ritmo de la economía.

Ganadores y perdedores del nuevo ciclo

Dentro de las economías avanzadas, Estados Unidos sigue en una posición relativamente cómoda… por ahora. Su crecimiento está desacelerándose por los vaivenes políticos internos, pero aún conserva un mercado laboral dinámico y una gran capacidad para atraer capital global y liderazgo en diferentes sectores económicos. El FMI cree que las economías avanzadas crecerán entre el 1,5 y el 1,6%, con Estados Unidos ligeramente por encima de la media. En términos de mercados, esto se traduce en bolsas que siguen sostenidas por beneficios empresariales sólidos.

Europa inicia el ciclo con más dudas. El crecimiento previsto para la Eurozona es modesto, penalizado por el coste de energía y las guerras comerciales. Sus índices bursátiles son más cíclicos, más dependientes del comercio mundial y con un peso menor de grandes tecnológicas que actúen como locomotora del conjunto. Hay excepciones, como el caso de España, por eso los inversores tendrán que mirar país por país, sector por sector, para saber dónde invertir.

En la Asia emergente el cuadro es distinto. China ya no crece tanto y se enfrenta al reto de pasar de un modelo basado en el sector inmobiliario y la inversión pública a otro más apoyado en consumo, servicios y tecnología. India y el Sudeste Asiático, por su parte, combinan población joven, urbanización acelerada y reformas económicas que los convierten en candidatos a liderar el crecimiento mundial hasta el final de la década.

América Latina y África añaden una capa extra de heterogeneidad: algunos países ofrecen estabilidad relativa, reformas y exposición a materias primas críticas (cobre, litio, tierras raras, agroalimentación), mientras que otros siguen muy condicionados por la volatilidad política y la debilidad fiscal. Para el inversor global, la clave pasa menos por “apostar por una región” y mucho más por seleccionar con lupa países, sectores y gobiernos corporativos.

Cómo se traduce este mapa en acciones, bonos, divisas y materias primas

Pasar del análisis macro a tomar decisiones de inversión significa convertir el crecimiento desigual en ideas concretas de cartera. En renta variable, un mundo que crece menos pero sin una recesión favorece estrategias más selectivas: más peso en compañías con ventajas competitivas claras, balances saneados y poder de fijación de precios y menos exposición a negocios endeudados o ligados a un solo ciclo económico global. Geográficamente esto supone combinar un núcleo inversor en EEUU, posiciones tácticas en Europa en sectores concretos y un bloque creciente en Asia y otros emergentes de calidad, donde el potencial de crecimiento es mayor pero también lo son los riesgos regulatorios y políticos.

En renta fija, el nuevo mapa de crecimiento y tipos de interés cambia mucho del que marcó la década posterior a la crisis financiera. Tras el ciclo de subidas agresivas, muchos bancos centrales se mueven hacia una fase de estabilidad o incluso ligeras bajadas, abriendo la oportunidad en bonos soberanos y corporativos con rendimientos más atractivos que hace unos años. Por eso es clave entender qué es el spread en trading, es decir, la diferencia entre precio de compra y venta. Cuanto mayor es, mayor será también la prima que el mercado pide asumir en un determinado riesgo de crédito o de liquidez, y más sensible será el valor del bono ante cambios en el sentimiento del mercado.

El mercado de divisas y el de materias primas también se reordenan con este nuevo mapa. Las monedas de países con tipos de interés reales positivos, instituciones creíbles y perspectivas de crecimiento razonables tienden a atraer flujos, mientras que aquellas donde la inflación se mantiene alta o la política económica genera incertidumbre pueden sufrir salidas de capital. El dólar seguirá siendo la referencia central, pero el peso relativo de divisas asiáticas y de algunas monedas ligadas a materias primas puede aumentar si se confirman las previsiones de crecimiento para Asia y para las economías exportadoras de recursos.

En paralelo, un mundo que crece algo menos, pero que necesita invertir masivamente en transición energética e infraestructuras, tiende a sostener la demanda de metales industriales y de ciertos recursos energéticos, con más protagonismo de la volatilidad y de los factores geopolíticos. Para el inversor diversificado, el reto no es adivinar el próximo titular, más bien está en construir carteras que aguanten distintos escenarios de crecimiento y que, poco a poco, se beneficien de cómo el nuevo mapa mundial se va reflejando en los precios de los activos.

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FGR