Ser de derecha, ser de izquierda

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Foto: larazondemexico

Santiago de Chile.- Lo que más llamó la atención en la primera vuelta de las elecciones chilenas fue que, aun cuando fueron las más competidas entre derecha e izquierda tras el retorno a la democracia hace 20 años, los votantes no percibieron grandes diferencias entre las propuestas de las candidaturas de una y otra corrientes políticas.

Esa coincidencia es la carta de presentación de Chile como país puntero en la región por la madurez de sus políticos y el modelo de organización de su sociedad, lo cual le permitió resolver con equilibrios la preeminencia de la empresa privada en la economía y la del Estado en la protección social.

Ningún otro país de América Latina ha podido solucionar esa disyuntiva entre libre empresa sólida y reparto decente de la riqueza. Por eso aquí apenas el nueve por ciento de la población es pobre y, por ejemplo, en México (muchísimo más rico en recursos y con libre comercio con Estados Unidos y Canadá) lo es el 47.4 por ciento.

El ganador de la primera vuelta con 44.03 por ciento de los votos, el derechista Sebastián Piñera, aseguró ayer: “Vienen tiempos mejores, vamos por un gran salto adelante”. Y el izquierdista Eduardo Frei (29.12) advirtió: “El país se juega dos visiones, las de no dar un salto al vacío y no volver al pasado”.

Pero el que gane la segunda vuelta, el 17 de enero, mantendrá el mismo sentido de Estado impuesto por Concertación Democrática, miríada de partidos de izquierda que manda desde 1989. ¿Por qué? Porque aquí hay una cultura política que sí permite tener claro qué es la derecha y qué la izquierda. Por eso pueden trabajar juntas.

En México, en cambio, cualquier político se pone de un lado sin idea —no ya ética, sino también filosófica— de lo que significa: eso vale un sorbete, pues para él se trata de cuál de los dos polos le garantiza 152 mil pesos mensuales siendo diputado, o cómo llevarse una gubernatura.

No nos irá bien hasta en tanto nuestros políticos no tengan claro que la derecha defiende al individuo y la izquierda a la sociedad. Será entonces que podrán manejar los desencuentros que provoca esa disyuntiva, cuya solución propició la coincidencia programática que exhiben en Chile Sebastián Piñera y Eduardo Frei.

Es un asunto de tensiones entre lo que propugna la derecha (la libertad con orden, la compasión, el mercado, la competencia, la eficiencia, la propiedad y el emprendimiento) y lo que plantea la izquierda (la libertad con igualdad, la justicia, el Estado, la colaboración, la participación, la solidaridad y la regulación).

Haber controlado tales tensiones es razón para admirar a la clase política y la sociedad chilenas.

¡Y para envidiarlas!

ruben.cortes@3.80.3.65

agp

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