La necropsia no encontró indicios de violencia física o sexual en el cadáver de la niña Paulette Gebara Farah. El fallecimiento se debió a “asfixia mecánica por sofocación en su modalidad de obstrucción de orificios por respiración y compresión torácica por posición”.
Lo que no aclara el dictamen es la fecha probable de la muerte, pues el margen que señala es inaceptablemente amplio: de cinco a nueve días previos al hallazgo, que tuvo lugar el martes 30 de marzo. Así que el deceso ocurrió entre el 21 —un día antes
de que se denunciara la desaparición— y el 25 de ese mes, lo que no permite dilucidar si fue antes o después de que la menor desapareciera.
En cualquiera de los dos supuestos lo ocurrido es asombroso: si Paulette murió en su cama, ¿por qué sustraer de allí su cuerpo y después devolverlo al mismo lugar? Si falleció en otro sitio, ¿por qué introducir el cadáver a la habitación?
No hace falta ser detective, agente del Ministerio Público, criminalista o policía para saber —lo sabe cualquiera que haya visto un programa policiaco— que la escena del crimen debe ser aislada y preservada. La inobservancia de esta pauta básica de actuación policial posibilitó que a la niña, ya sin vida, se le colocara de nuevo en su lecho.
El procurador Bazbaz tuvo un gesto de nobleza al desistirse del arraigo contra los padres y las nanas seguramente al recapacitar en que no había pruebas que lo sustentaran (un juez lo había otorgado, pero es muy conocido que los jueces suelen ser muy obsequiosos al concederlo). Lo común es que los procuradores persistan perversamente en sus errores aunque se les hagan ver (recuérdese que la contumacia del doctor Del Villar prolongó la injusta prisión de los acusados del homicidio de Paco Stanley). Pero, además del yerro de la falta de preservación de la recámara, las cambiantes hipótesis ofrecidas por el Procurador generaron una desconfianza aún más grande que la que suscita siempre la actuación de nuestras procuradurías. ¿No debió Bazbaz esperar hasta que la investigación hubiera concluido? Porque el público tiene derecho a enterarse, pero una indagatoria penal no es una telenovela de la que deba ofrecerse cada tarde un capítulo con su respectiva vuelta de tuerca.
Si se confirma que no hubo asesinato, ¿debe concluirse que no hay delito que perseguir? No necesariamente: si Paulette fue sacada viva de su casa podríamos estar ante una privación ilegal de la libertad, y si después murió porque sus captores no le proporcionaron los cuidados que su condición requería no podría descartarse el homicidio culposo por omisión. Más allá del tema jurídico, la desaparición y la aparición del cuerpo así como el móvil de una y otra configuran un misterio digno de una novela o una película de esas que atrapan en la avidez por conocer el desenlace.
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