Por Emilio Sánchez Santiago
La saga de Mexicana de Aviación nos recuerda a la “Comedia Humana” de Honoré de Balzac. Ha sido una cadena de declaraciones, reclamaciones, aclaraciones, y equivocaciones. El espectáculo no ha sido particularmente dignificante. Estas parecen ser las lecciones que todos debemos sacar:
1) No hacer declaraciones sin ton ni son, especialmente cuando los declarantes no tienen competencia directa sobre el resultado, ni capacidad financiera para invertir. Mexicana ha sido declarada en “concurso mercantil”, el cual es fundamentalmente un “juicio” cuyo “rector” es el Juez de Distrito que lleva el asunto. Las demás autoridades, es decir, la SCT y la Secretaría del Trabajo, tienen una intervención periférica y subordinada a las decisiones del Juez. Ni el Administrador de Mexicana, ni el Conciliador de Mexicana tienen poderes para decidir la suerte final de la línea aérea; eso le corresponde al Juez. Hay que dejarlo hacer su trabajo.
2) No comprometer recursos del Presupuesto para rescatar a una empresa de particulares. Lo mejor es dejar que el concurso mercantil corra su plazo, y que se lleguen a las conclusiones que correspondan desde un punto de vista económico. El concurso mercantil se debe litigar en el Juzgado correspondiente, no en la Cámara de Diputados. Los diputados no son ni jueces ni empresarios capitalistas.
3) No forzar a la banca de desarrollo a otorgar préstamos a una empresa que resulte inviable económicamente. Ni Nacional Financiera, ni Banco Nacional de Comercio Exterior, deben sufrir presiones del Gobierno Federal para inyectar más dinero a una empresa que hoy por hoy parece insolvente.
4) No juzgar prematuramente y sin evidencia con valor judicial, a los accionistas de la empresa emproblemada. Nada se gana con acusar sin pruebas, y aquel que realmente crea tener pruebas judiciales de algún ilícito, debe acudir al Ministerio Público y no a los medios de comunicación.
5) No envolver a la empresa concursada en el lábaro patrio. México es mucho más que una línea área privada. Con tiempo, el mercado mexicano absorberá los recursos humanos y materiales de la emproblemada en caso de quiebra. Los trabajadores van a encontrar otras oportunidades de trabajo en otras empresas aéreas o en otras actividades similares o conexas. Los aviones propios de la emproblemada serán comprados por otras empresas. La marca “Mexicana de Aviación” probablemente será vendida a alguien que la pueda usar en otro momento y circunstancia. El producto líquido de estas ventas servirá para pagar los pasivos de la concursada, empezando con los laborales, hasta donde alcance.
6) No crear falsas expectativas para quienes se quedaron con boletos pagados, emitidos por la compañía de aviación. La Ley de Concursos Mercantiles seguramente los clasificará como acreedores comunes, sin garantía, lo cual hace poco probable que recuperen el valor de sus boletos, y
7) Resolver rápidamente este concurso mercantil. Cada día que pasa, se evapora el valor residual de los activos de la emproblemada. La Ley de Concursos Mercantiles le da al Conciliador el derecho de solicitar la quiebra anticipadamente, si a su juicio no existe un plan realista y oportuno de salvataje.
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