En la Galería de Arte Mexicano se está exhibiendo la muestra “A N Ó N I M O S”, de la artista belga-mexicana Trini. Son 18 lienzos en acrílicos sobre tela del año 2010, en variados formatos.
Trini es una artista que prefiere ser llamada así, Trini, sin más nombre o apellidos.
La Galería de Arte Mexicano fue la primera creada en México, en 1935, por Carolina Amor, y después la manejó durante toda su vida Inés Amor.
Actualmente dirigen los destinos de esta legendaria institución su hija Mariana Pérez Amor y Alejandra Iturbe.
Por esta galería han pasado en su primera etapa, artistas como Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, Agustín Lazo, Frida Kahlo, Diego Rivera, Ángel Zárraga, Siqueiros, Miguel Covarrubias; todos los artistas de la ruptura hasta llegar a los contemporáneos. Entre quienes también han exhibido en la galería podemos señalar a Stefan Brüggemann, Joy Laville, Jens Kull, Jan Hendrix, los mexicanos Alfredo Castañeda, Francisco Toledo, Leonora Carrington, y todos los que han tenido algo que ver con algún movimiento importante dentro del arte mexicano. Traspasar las puertas del recinto situado en la calle de Rafael rebollar es adentrarse a un mundo mágico, de historia, un lugar apartado del ruido donde se respira mucha paz.
La Razón conversó en exclusiva con la artista plástica. Trini es de palabras cortas, pero que cuando responde parece sentenciar con ellas.
¿Quiénes están retratados en tus obras? Son, como bien dice el título de la exposición, personajes anónimos. A primera vista todos lo son, pero al final te das cuenta que no es así; son gente vista de reojo. En general, cuando pinto, lo que hago es transportar a la tela el análisis del momento que me captó la atención. Siempre estoy buscando el porqué me atrajo tanto. Va muy dirigido a los personajes. Me enfoco en quiénes son, qué hacen, cómo se relacionan, cómo se mueven, qué tanto me parezco a ellos.
¿Te ves reflejada en tus obras? Sí, de alguna manera todos nos reflejamos. Por ejemplo, en el cuadro sobre un Café, es lo que hacemos cuando estamos en una terraza, congelo momentos. Pero no son retratos de lugares, son atmósferas y ahora con la atención hacia los personajes.
¿Cómo es ese proceso creativo en Trini? Siempre hago fotos. La gran mayoría son mías, el resto son apropiaciones de imágenes antigüas. Me detengo ante una toma y si me conmueve de alguna manera, comienzo a trabajar. Investigo por qué esa foto me llamó tanto la atención. Aunque debo advertir que no siempre funciona. A veces tengo que dejar el proyecto a medias, o de plano pararlo porque se necesita mucha concentración.
¿Has borrado obras supuestamente terminadas? Sí, mucho. Creo que en esta serie “A N Ó N I M O S”, más que en cualquier otra, porque tuve un poco más de tiempo al aplazarse la fecha de inauguración. Cosa que disfruté mucho, porque me dio tiempo de tomar distancias desde lo emocional y lo visual; ver un poco más y decidir si realmente yo me desplazaría en esta ciudad para visitaruna obra como la mía. Cuando esas razones no son suficientes, entonces la borro.
¿Cómo sale esa atmósfera y esas tonalidades tan particulares en cada una de tus obras? Es en parte decisión mía. Yo decido cómo va a ir la obra de antemano, pero finalmente ésta decide por sí misma. De repente decido que será una obra muy detallada, y termina siendo una pieza muy suelta, o al revés. Para mí es muy importante dejar que hable el tema y mi inconsciente. Cuando siento que habla y que realmente dice algo, es que está bien, que está lista para salir al encuentro con el público. Desde que empecé a pintar siempre he utilizado la misma forma de expresión.
Siento que estoy en el principio del proceso, a lo mejor acabo pintando obras abstractas. Aún tengo mucho que decir. A todos nos interesa lo humano, dónde vivimos, cómo vivimos.
¿Siempre trabajas en series? Sí, trabajo así porque me gusta mucho meterme a un tema. En realidad pienso que mis series son muy cortas, que debería un día de retomar todas las que he pintado. En la Galería de Arte Mexicano he estado exponiendo cada dos años, es esta mi cuarta exposición aquí.
¿Cómo vives la reacción del público ante tu obra? Siempre las vivencias son de formas diferentes, depende de lo que cada uno ve. Lo que reconoce cada gente al enfrentarse a una pieza. Hay a quien no le gusta una obra que trate el tema de la vejez; tal vez para no sentirse reflejado.
Otros sí gustan del tema, al reconocerse en ciertas atmósferas de los estados de ánimo. Hay quien se identifica con las estaciones belgas de trenes que pinto, es muy variado. Cuando veo mi obra colgada en otros lugares es como experimentar sensaciones muy fuertes. Las piezas tienen otra luz, las ves con otra distancia, adquieren otro tamaño, se ven hasta más chicas; en mi taller, que no es tan grande, las obras se ven inmensas, aquí adquieren su justa dimensión. Me gusta escuchar los comentarios de la gente, ahí me doy cuenta si logré expresar lo que pretendía. Es muy agradable ver cómo espectadores, que no tienen nada que ver conmigo, reconocen en mi obra una atmósfera, su atmósfera.
¿Qué es la pintura para Trini? La pintura para mí es una tradición. Siento que voy en un proceso, es muy placentero para mí ser representada por la Galería de Arte Mexicano, y exponer en estos salones llenos de paz y de calma. Afuera todo va muy de prisa, los estilos cambian muy rápido, mucha gente quiere hacer creer que la pintura dejará de existir; son conceptos poco amistosos.
¿Dónde te preparaste académicamente? Estudié en Bélgica, en Amberes, en una escuela de arte que ya se mudó a otra ciudad. Todo ha cambiado, la escuela es una academia muy tradicional allá, hasta Vincent Van Gogh estudió ahí. Es la Academia Real para Bellas Artes, hice la maestría allá y la terminé aquí, pues había pedido una beca para la Academia de San Carlos. Desde hace 24 años vivo en México, después de haber vivido en Bélgica otros 24.
¿Por qué los lectores de La Razón deben venir a ver tu obra en la Galería de Arte Mexicano? Lo que yo busco cuando voy a ver una exposición, leo un libro, o asisto al teatro o al cine, es algo que me conmueva, que me hable; es lo que trato de hacer, de lograr con el público que visite mi muestra, es mi intención. Espero que los espectadores sientan ganas de desplazarse para ver mi obra, que sientan que llegando a pararse frente a esas piezas se les puede llenar el alma.
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