Columna
Por José Luis Viveros Añorve *
Uno de los cuatro criterios de convergencia (también denominados como criterios de Maastricht, en alusión al Tratado de Maastricht que dio origen a la Unión Europea) que se establecieron para iniciar la tercera etapa de la Unión Económica y Monetaria Europea y la adopción del euro como moneda única, no ha logrado ser respetado por un conjunto de países miembros de la zona euro. Este criterio es el referente a las finanzas públicas, y consta de dos componentes. El primero de ellos es el déficit presupuestario, en este sentido se establece que el déficit como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) no podrá exceder del 3%. El segundo componente es el relativo a la deuda pública, en este caso se señala que ésta no podrá exceder del 60% como porcentaje del PIB.
Este esencial principio para garantizar la estabilidad económica y financiera de los países de la zona euro ha sido violado por la gran mayoría en los años recientes, cabe destacar el caso específico de Portugal, Irlanda, Grecia, España, y más recientemente Francia e Italia, cuyo manejo irresponsable de las finanzas públicas ha puesto en entredicho el futuro de la Unión Europea. De acuerdo a las cifras de la Comisión Europea, se estima que el déficit presupuestario en dichos países sea este año de alrededor del 8%, 12%, 10%, 9%, 7%, y 5% del PIB, respectivamente. En cuanto a la deuda pública el deterioro también ha sido sustancial. En este ámbito los mismo países arrastran un nivel escandaloso de endeudamiento que representa alrededor del 91%, 87%, 134%, 73%, 89%, y 119% del PIB, respectivamente. Ni siquiera Alemania, el motor económico de la Unión Europea, ha logrado cumplir en los dos últimos años con el criterio de las finanzas públicas.
Más allá de la discusión sobre la emisión de un eurobono —lo cual difícilmente sucederá en el corto plazo por el elevado costo financiero que implicaría para Alemania, y quedará como un mecanismo de última instancia— y de la ampliación del fondo de rescate europeo (European Financial Stability Facility), al cual el Parlamento Alemán ya aprobó aportar hasta cien mil millones de euros adicionales a los 111 mil millones iniciales, la crisis financiera, económica, y fiscal que enfrenta la eurozona requiere soluciones de corto y mediano plazo. En el corto plazo es imprescindible implementar medidas para restaurar la credibilidad de los mercados financieros y la confianza de los consumidores, estimular el crecimiento económico por medio de la reactivación del mercado interno vía inversión privada y pública que lleven a la creación de empleo, incrementar el ingreso neto de los individuos y generar riqueza. Es fundamental, por una parte, crear incentivos para estimular la propensión al consumo que fortalezca el dinamismo del mercado interno, e impulsar, por otra parte, el crecimiento de las exportaciones hacia los países emergentes —los cuales tienen mejores perspectivas de crecimiento—. Si bien es cierto que la capacidad productiva instalada se ha recuperado durante los últimos tres años en la zona euro, al pasar de 71% en 2009 a 81% en el segundo trimestre del 2011, aún existe capacidad ociosa para incrementar los niveles de empleo y producción. La formación bruta de capital fijo (inversión) se empieza a recuperar pero aún se encuentra en niveles muy bajos para generar una dinámica de crecimiento sostenido como la que se requiere, ésta creció -0.2% en el último trimestre del 2010 y tan sólo 1.9% al cabo del primer trimestre del 2011. En este sentido, es fundamental que en el corto plazo los países de la región logren un consenso para llevar a cabo una recapitalización del sistema bancario, de tal forma que éste pueda retomar con vigor una política crediticia para impulsar el crecimiento del aparato productivo.
En el mediano plazo, se requiere una reforma institucional de carácter regional e internacional. A nivel regional la reforma debe tener dos, cuando menos, objetivos primordiales. Primero, coordinar las políticas fiscal y monetaria, y avanzar en la dirección de un “gobierno económico” para la región. Segundo, evitar el riesgo sistémico en el sistema financiero, e implementar —como ya lo han manifestado la canciller Merkel y el presidente Sarkozy— un impuesto a las transacciones financieras, un incremento temporal en todos los países del impuesto sobre la renta a quienes tengan un ingreso superior a los 500 mil euros anuales (como Francia), y elevar a rango constitucional en los países miembros la regla del equilibrio presupuestario. A nivel internacional es importante retomar la discusión sobre la reforma del sistema financiero internacional para mejorar la coordinación global, evitar ataques especulativos, y asegurar la estabilidad financiera, entre otras cosas. En este ámbito un acuerdo global deberá incluir la participación de los países emergentes.
En términos generales, el papel de Alemania será vital, por el peso de su economía, para evitar que la zona euro caiga en una recesión e impuslar la recuperación económica, financiera y fiscal de la región. A pesar de la desacelaración de su economía en el segundo trimestre del año, la cual “creció” tan sólo 0.1% debido a factores internos (una caída en el consumo privado y a una pérdida de dinamismo del sector de la construcción) y externos (arrastrada por la desaceleración de la economía de Estados Unidos, y la incertidumbre y especulación en torno a la crisis de la deuda en Europa), se espera que crezca alrededor del 3% en el 2011. La coyuntura puede fortalecer el rol político de Alemania en la región para impulsar e instrumentar reformas estructurales que le permitan a la Unión Europea salir fortalecida.
* Investigador. Centro de Investigación del Desarrollo. Universidad de Bonn
joseluis.viveros@uni-bonn.de
