El comal le dijo a la olla

Alicia Alarcón

“No pérate, si le damos la vuelta al final, le cobramos más”.

“Le muevo por allá, ni cuenta y me quedo con su puesto”.

“Sí, al 70% de descuento señito, es un ofertón que tenemos desde el 2009”.

“Así es, paga sin recargos lo que debe si lo hace en una sola exhibición”.

La letra chiquita. La cláusula de último minuto. La promesa de la mayor oferta que ha existido. El llévelo, llévelo. Entender cómo se hace la movida.

Siempre ir de gane y rapidito. En México todo tiene doble sentido. Las calles, la palabra, la forma de actuar, las promesas, las citas, la legalidad y por supuesto, las vueltas a la izquierda.

Piensa mal y acertarás. Por ahí escuché que esta frase viene de tiempos revolucionarios en donde los trabajadores traicionaban a sus patrones para que el comandante en turno tomara posesión de todo lo que tenían y meter a los riquillos a la cárcel. A pesar de ser fieles a sus jefes, haber trabajado durante años con ellos, caían en la tentación de ser héroes en la bola. Aquí tenemos por costumbre desconfiar unos de los otros. Decir algo cuando queríamos decir otra cosa, unas veces a propósito —para amarrar— y otras veces sin intención. Pero al final la jugada nos sale a todo dar: “tú júntate conmigo, compadre”. Es parte de nuestra cultura, el doble juego de palabras y por lo tanto, de moral. Justicia selectiva, ese mito genial.

Sin embargo, sin superar nuestro pasado agachón, en donde aprendimos que alguien con voz más fuerte y aparente rango superior manda algo y se hace al momento. Morir por un rey lejano, luchar en una batalla entre hermanos, por algo que el cuate de junto dijo que era injusto pero nunca pudimos comprobar. La permanente actitud de “sí patrón, lo que usted mande”. Juzgar al que está arriba y aventarte con todo porque “nos oprime y obedece a intereses ajenos a nosotros”. A pesar de que nunca nos hemos sentido oprimidos y no sabemos de qué intereses hablan los camaradas. Pero ahí estamos. En la bola. Indignados por unas ladies estrellitas polanqueñas que agreden a la autoridad cuando hacen su trabajo. Pero mucho más indignados porque los de azul reprimen nuestra libertad de expresión. Así sea que nos expresemos ampliamente a bombas molotov o incendiando lugares de trabajo —imperialistas por supuesto— y en donde oprimen a nuestros compatriotas ni más ni menos que haciéndolos trabajar.

Ejercer la autoridad se convierte automáticamente en represión por nuestro bagaje culpable sesentero. Ya nadie se puede quejar si la autoridad esa a la que tratamos de comprar con mordida ya no se deja.

“Ándale poli, mira, uno de 100 y quedamos”. Y cuando vemos que hacen su trabajo y ejercen la fuerza legal y que están obligados, los llamamos represores y abusivos. Y cuando vemos que en otros países la autoridad hace lo que tiene que hacer, deseamos pedir asilo en Extranjia porque pareciera que todo es más limpio, más lindo, el gobierno es bueno y justo, la gente respeta las reglas. En México la forma es fondo pero el fondo nunca será forma. ¿Pos qué tiene? Sí podemos, no pasa nada. No importa si hay doble sentido en nuestras palabras o acciones.El chiste es aprovechar “el movimiento”, meterle mano y darle nuestro toque personal para que se note quiénes somos. Al final ganamos, nos expresamos y si nos reprimen, acabamos de mártires. Es un ganar-ganar. Como la tortilla que tiene dos lados, y sólo lo entiendes cuando te la voltean sin que te des cuenta…

Twitter: @aliciaalarcon

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