Mario Velázquez Miranda
En nuestro país, una constante en la construcción de la democracia es el problema de la desconfianza, a pesar de los resultados y las fortalezas de las autoridades electorales, la ausencia de confianza continúa siendo la gran asignatura pendiente y a través de los años se ha constatado que es su talón de Aquiles. La desconfianza no puede eliminarse por un decreto, pues su erradicación depende del concierto de todas las fuerzas políticas.
De acuerdo con el Informe Latinobarómetro 2013, en México únicamente el 37% de la ciudadanía valora positivamente a nuestra democracia; éste es el indicador más bajo desde que se mide este dato para nuestro país en este informe, pues entre 1995 y 2013, el promedio era del 49%.
Generar confianza es un desafío que difícilmente se puede abordar con éxito a través de campañas informativas y spots de radio y televisión, de modo que las estrategias adoptadas en los últimos años por los órganos electorales locales y federales, deberán revisarse y realizar una labor de mayor calado que tenga como propósito central, el concientizar a la ciudadanía de que su participación no se agota con la emisión de su voto.
El camino hacia la construcción de la ciudadanía es todavía largo, pero el fortalecimiento de estas capacidades se puede incentivar desde las instituciones públicas, por lo que el gran reto de los órganos electorales, en el camino de la construcción de la ciudadanía, es tener una política expansiva de la tutela de los derechos político-electorales, garantizando el libre ejercicio de los derechos de los ciudadanos de votar y ser votados, fomentando y garantizando el derecho fundamental de asociación política, la paridad de género en la postulación de candidaturas para la ocupación de cargos de elección popular, impulsando la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones públicas, fortaleciendo los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas de las autoridades electorales, asociaciones políticas y candidatos y fundamentalmente, estableciendo la corresponsabilidad entre gobernantes y gobernados en la solución de los problemas de nuestra sociedad.
Frente a ese gran reto y bajo el nuevo sistema electoral nacional, el IEDF buscará mecanismos efectivos de comunicación con la ciudadanía que además de lo básico, que es informar sobre los detalles de la organización del proceso electoral, se promueva una participación real de los capitalinos en los diferentes espacios a los que se les convoque, tales como candidatos, como integrantes de los consejos distritales, observadores, auxiliares electorales, o funcionarios de mesas directivas de casilla.
Consejero Presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal
SoberanÍA
