Mónica Garza
Hace unos días conocí a Abraham Villavicencio. Un joven historiador especializado en el virreinato, que hasta hace dos años era maestro de historia en una escuela secundaria.
Hoy es el curador de la exposición Yo, El Rey, una de las más ambiciosas del Museo Nacional de Arte (Munal) en los
últimos ocho años.
Esta curaduría ha generado todo tipo de críticas, desde las más generosas hasta las más venenosas, como aquella que le llamó “el blockbuster del verano del Museo Nacional de Arte”.
“Yo creo que eso resume muy bien la intención de la exposición, que es que la gente venga a ver a los artistas del virreinato”, me dijo divertido Villavicencio.
Este joven académico fue sin duda una apuesta arrojada de Agustín Arteaga, director del Munal, quien lo contrató en marzo del año pasado.
Sabía de su poca experiencia curatorial pero confiaba en su buen currículum académico con el Instituto de Investigaciones Históricas y de Estéticas de la UNAM.
Arteaga le dio a Villavicencio tres meses para presentar un proyecto sobre la representación de El Rey en la Nueva España, y el resultado lo sorprendió tanto que le dijo: “Vamos a pensar en grande”.
Pocos meses después ya estaban involucrados en duras negociaciones y requerimientos protocolarios con los más importantes museos de España, las Colecciones Reales, Estados Unidos y celosos coleccionistas privados.
Finalmente, en un momento que Villavicencio describe como un sueño, vieron llegar las cajas con las obras maestras a México.
Así se colgaron en las paredes del Munal el retrato de Fernando VII, de Francisco de Goya; los de Felipe IV y Mariana de Austria, de Diego Velázquez; los de Felipe V, Carlos III y Fernando VI de Jean Ranc, y el espectacular Hércules contra el León de Nemea de Francisco de Zurbarán, entre muchas otras piezas.
Un lujo quizá inesperado para México, con algunos cuadros cuyas pólizas de seguro, dicen, alcanzan hasta los 20 millones de dólares.
“El Rey me enseñó a pensar que lo grande se puede conseguir”, me dijo Abraham Villavicencio mientras caminábamos por la Plaza Tolsá.
Este estudioso de 33 años, apasionado confeso de las vírgenes del apocalipsis, es licenciado en Historia, con una maestría en Historia del Arte y una especialidad en Psicoanálisis.
Esta última es quizá la que le llevó a pensar que el primer gran reto de su trabajo era curar a través del arte el “trauma virreinal de los mexicanos”, como él lo llama.
“Lo vivimos como un proceso doloroso. No lo comprendemos y lo condenamos desde el presente”,
afirma el curador.
“Esta no es una exposición monárquica como la quieren ver algunos. Está revisando la figura del Rey, cómo se construyó y cómo nos heredó símbolos para el México Independiente”, explica.
Reconocido como uno de los pocos expertos virreinalistas, Abraham Villavicencio sorprende por muchas razones, empezando por su aspecto rebelde.
Confieso que la primera vez que lo vi, mientras él explicaba una de las piezas de la exposición, yo distraída contaba: uno, dos, tres, ¡cuatro perforaciones en las orejas!
Y vaya curiosidad la que me generó un tatuaje enorme que se asomaba por su cuello a través de los dos botones desabrochados de su camisa.
¿Qué figura elegiría para tatuarse todo el pecho un historiador especializado en el Virreinato?, pensé.
Claro que en cuanto pude fui por la respuesta, que resultó más
que sorprendente.
“Un día dije: Cuando me muera quiero que mi cuerpo sea reconocido por mi amor al arte”, me dijo Abraham antes de revelar, primero, el enorme tatuaje en su pecho que es la unión de Athon y Ahura Mazda, dos dioses antiguos del sol.
Sus omóplatos están dedicados al Lamento de Orfeo, de Alexandre Séon y a Juan Bautista decapitado, de Julio Ruelas. Destaca en su espalda baja una ilustración de Prometeo, de Jean Delville, y en las costillas izquierdas Melancolía I, el grabado más icónico del renacentista Alberto Durero.
¡Que manera de llevar también un museo en la piel!
Vaya historia la de este maestro universitario de Teoría del Arte, que confiesa que todos los días vuelve a la sala de Yo, el Rey como confirmando que ese recorrido que ya han hecho más de 80 mil personas, no es un sueño que se quedó en España, sino una realidad en el Munal.
monica.garza@razon.mx
Twitter: @monicagarzag

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