El arte de recibir una crítica

Vale Villa

Un hombre pasa varias noches en vela porque ha recibido una crítica despiadada e inmerecida (así lo interpreta él) por parte de un colega del trabajo. Intenta convencerse de que el tipo es un cretino, un patán, un bocón y elemental que no piensa antes de hablar. Pero no logra borrar de su mente las palabras crueles y descalificadoras de alguien que no debería tener mayor importancia en su vida.

Hay que preguntarse de vez en cuando, qué tan delgada o gruesa tenemos la piel cuando los otros se atreven a criticarnos. Dicen algunos estudios sobre la personalidad (Personality types and coping, Volratt & Torgersen, 2000) que las críticas las reciben peor quienes califican alto en neuroticismo (inestabilidad e inseguridad emocional, ansiedad, tendencia a la culpa, a la preocupación y al pensamiento catastrófico) y en meticulosidad (autovigilancia y perfeccionismo). Lo mismo puede tratarse de un llamado de atención a la calidad de nuestro trabajo, un comentario sarcástico de una hija adolescente –poseída por el amor a la neta– que le dice a usted que tiene mal gusto para vestir o el comentario atinado pero no por eso menos doloroso, de un padre que sabe por instinto que su hija está mucho menos enamorada de lo que dice y que cuando se atreve a mencionarlo, recibe el grito airado de que no se meta en su vida. El tema es lo de menos, lo importante es la reacción.

Algunos llevan muy mal el ser criticados. No soportan que nadie los cuestione y exigen argumentos que no están dispuestos a escuchar. Piensan obsesivamente en la gente que no los quiere, o que los hizo sentir inferiores, o que les señaló algún defecto. El ego varía en un rango que va desde la autodevaluación, pasando por el amor propio y desvirtuándose hasta la desmesura del narcisismo. Caerse bien, valorarse y hacer bien las cosas, no garantiza la aprobación de todos. Por ejemplo, alguien que se piensa como un buen compañero amoroso, podrá ser calificado como egoísta por su pareja y no le quedará más remedio – si tiene ganas de que el amor perdure – que escuchar una versión menos benigna e ideal sobre su forma de amar.

Poder decirle a una amiga que es tan egocéntrica que no puede dejar de hablar de sí misma para preguntar cómo estamos, es un ejercicio de autenticidad que debería unir en lugar de separar.

Las pieles muy delgadas frente a la crítica, en su gran fragilidad, aspiran, desean y llegan a creerse intocables. Nadie deberíamos serlo. La democracia también se construye en los microespacios de la vida cotidiana. Recibir la crítica con elegancia y tranquilidad es elocuente de autoestima, de ego bien domesticado y de apertura intelectual. Y aunque pensemos que nos debilita, en realidad nos fortalece.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

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