No es necesario ser un especialista en comportamiento humano para identificar el deseo o la necesidad de las personas psicológicamente débiles, de mostrarse fuertes ante uno más vulnerable o incapaz de defenderse. Uno de los ejemplos más claros está en aquellos que practican el maltrato animal.
Como el rejoneador mexicano Emiliano Gamero que a través del video que circuló esta semana en redes sociales fue exhibido castigando a cadenazos a uno de sus caballos.
Sin embargo, cabe mencionar que en el caso de ese destacado torero a caballo, al parecer se trata de una práctica no poco común en él, eso de desquitarse con sus corceles, sus empleados o quien esté enfrente, cuando algo no le sale bien.
Aseguran algunos cronistas de la fuente taurina que es parte del temperamento irascible del rejoneador mexicano quien suele tener relaciones complicadas con prácticamente todo su entorno.
“Es un hombre controversial en la plaza, porque si un aficionado le dice algo, él va y lo encara. También tengo datos de un caballerango que trabajó con él y renunció porque no soportó la forma en la que él trata a sus animales”, me dijo esta semana uno de ellos.
El lunes pasado, sin haber visto aún el video, de sólo leer las encendidas reacciones que causó en redes sociales, adiviné que era un material que iba a llenarme de ira a mi también. Tardé tres días en darle play, y medio segundo en enfurecer.
Aunque sin perder de vista que el hecho lo protagoniza alguien que es parte de una fiesta que hace de la sangrienta agonía de un toro el estelar de su espectáculo. Entonces ¿por qué habría de tener más misericordia con sus caballos?…
Sin embargo sería injusto e ignorante no reconocer que en la disciplina del rejoneo existen reglas y códigos tan antiguos como estrictos. Es una práctica histórica que implica no sólo el entrenamiento riguroso del equitador sino una doma espectacular del caballo.
Un caballo al que el jinete no sólo le debe el lucimiento y la gallardía de su exhibición, sino su propia vida. Como lo describió el rejoneador español Manuel Baena en un artículo que se publicó en 2004 y que cayó en mis manos esta semana:
“El caballo es un animal grande, fuerte, herbívoro, naturalmente constituido para correr, que es su forma de defenderse. Para huir por derecho, con su velocidad, no esquivando una acometida o utilizando su movilidad como arma defensiva”.
Así, las imágenes en las que se ve a Emiliano Gamero agarrar a cadenazos a su caballo resultan más dolorosas, por el hecho mismo y porque se trataba de un animal amarrado, sin la posibilidad de usar lo más elemental de su naturaleza para defenderse.
Está claro que en cualquier disciplina donde interviene la relación humano-animal, como es el caso de la equitación, el castigo del caballo forma parte del entrenamiento, pero castigo no es lo mismo que maltrato.
Gamero le faltó al respeto con su acción no sólo a su oficio, también al “arte” como sus aficionados le llaman; a sus caballos, a sí mismo, pero sobre todo a los miembros de su gremio.
Un gremio que acordó exhibirlo, porque fueron ellos quienes circularon las imágenes de lo que ocurrió al final de esa corrida en Durango, que se viralizó en segundos y provocó el que quizá sea el fin de la carrera del que en 2016 fuera considerado el mejor rejoneador mexicano.
En horas Emiliano Gamero perdió a su representante, el matador Fermín Espinoza “Armillita” y al menos seis contratos de trabajo, dicen que el más importante era en la corrida de rejoneadores de Val’Quirico en el estado de Puebla, uno de los eventos más importantes del mundo del caballo en México.
Si bien es cierto que la acción de Emiliano Gamero no representa a todos en la fiesta brava, indudablemente sí le asestó un golpe muy duro a la tauromaquia en México, que al igual que en Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú, Francia, España y Portugal, los países donde aún es tolerada, existe una fuerte presión para dejar de darle cabida a esa tradición en este siglo XXI, particularmente sensibilizado por el respeto a los animales y la lucha contra los actos que inciten a la violencia.
monica.garza@razon.mx
Twitter: @monicagarzag
