El defensa de las Chivas, Jair Pereira, expulsado por airadas reclamaciones el pasado sábado, piensa que los árbitros son “malinchistas” y olvida que también los extranjeros, como Paolo Goltz en la Final o Gabriel Peñalba el domingo en CU, son “maltratados” por decisiones rigoristas o de plano equivocadas.
Lo que sí es cierto, es que dentro de la tremenda inconsistencia del arbitraje mexicano, la mayoría de los jueces adolecen de la personalidad necesaria no sólo para hacer respetar la autoridad que ostentan sino para aplicar el reglamento con firmeza. Les cuesta una barbaridad, sobre todo, imponerse ante futbolistas de gran jerarquía; por eso un Rafael Márquez o un Andre Pierre Gignac tienen absoluta impunidad para gritonearle al juez o dar alguna patada de más sin ser expulsados; las dos primeras fechas del Clausura 2017 así lo ratificaron.
Lo paradójico es que mientras en el campo les falta personalidad, fuera de él se unen con fuerza y hacen valer su voz para provocar la salida de Edgardo Codesal de la Comisión de Arbitraje, hoy acéfala de un verdadero especialista del arbitraje y sólo comandada por un administrador eficiente como Héctor González Iñárritu.
Tal vez por eso, el primer fin de semana sin Codesal, muchas de sus directrices (algunas de ellas cuestionables) fueron olvidadas de golpe. Los árbitros ahora sí se animaron a sacar la tarjeta roja con singular alegría, aunque no siempre con tino. Los siete jugadores expulsados representan una cifra que no se reunió en ninguna de las 17 anteriores jornadas, y dejan ver una postura gremial que habrá que estar vigilando, más si en estos días no hay un hombre, con verdaderos conocimientos arbitrales, que sepa de la materia y pueda distinguir impulsos y líneas de trabajo.
No vaya a ser que a partir de ahora, y sintiéndose con poder y cierta independencia (respecto a un mando con conocimiento de causa) acaben entendiendo que el camino a seguir es sacar tarjetas rojas con generosidad, para enseñarle a los futbolistas quiénes mandan, obvio, tomándola con algunos como Peñalba, con los que han tenido mala relación o con jugadores de mediana o corta personalidad.
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