¿Santander defrauda selectivamente a algunos clientes?

Foto: larazondemexico

Continuamos con esta invitación del señor director, Rubén Cortés, para hacer públicas las maniobras de uno de los pilares de la banca mexicana —con sede en Casilla la Vieja— para despojar por sus pistolas (deben ser arcabuces) a uno de sus clientes. A esta colaboración agregamos parte de la documentación que esa “institución financiera” presentó al interesado, ingenuo poseedor de una tarjeta de débito de tan “afamado y prestigioso banco”.

Al observar dicha documentación puede concluir cualquiera que no sea ciego, analfabeta o cómplice que resulta más que inusitado, increíble, que en un solo día, el malhadado 19 de mayo pasado, el malandrín (¿banquero?) usó, bajo el rubro “cargo consumo”, la tarjeta de débito hasta por una suma de 21,724.38 pesos M. N. Un banco normal, no contaminado en su interior, al darse cuenta de tan extraño proceder, debió haber informado al tarjetahabiente lo que estaba ocurriendo, pues tal conducta distaba diametralmente del uso acostumbrado de esa tarjeta de débito. Además, repetimos que el titular nunca utilizó el servicio del cajero automático en 10 años. ¿Por qué lo iba a hacer ese día?

Pero el banco en cita no le informó nada, como debió hacerlo, simplemente autorizó esos cargos sin chistar y después acusa —lo que el interesado rebate— que como la tarjeta tiene chip, por ende, sólo la puede haber utilizado su titular. De manera que para esos invisibles jueces no cuenta el historial cumplido del poseedor del plástico. La opinión de un “empleado de alta jerarquía” es la verdad inapelable. El ofendido, pues no solamente ya no vio prosperar su fundada queja, sino que ahora se pone en tela de duda su honorabilidad y resulta juzgado y vencido, sin mayor evidencia, como presunto defraudador del límpido Banco Santander.

La banca, así en general, se ha vuelto un elemento esencial de la vida de todos: empresarios, empleados, trabajadores, amas de casa, estudiantes y toda clase de ciudadanos usan una tarjeta de crédito o débito. A ellos les advertimos: ¡tengan cuidado en manos de quién dejan su dinero! A lo mejor es más seguro guardar sus billetes bajo el colchón. Si acaso piensa usted en Santander, recuérdela como una provincia de Castilla la Vieja y no como un potencial retenedor de su dinero, para ganarse el cual usted ha trabajado con intensidad y entrega; todo ello para que de una plumada un “ejecutivo” decida ante sí y por sí que un honrado y cumplido cliente está tratando de engañarlos. Por lo que, además, lo tildan de timador. ¡No se vale!

Pero, por desgracia, así está “funcionando” la banca en nuestro país. No hay autoridad que los vigile. Muchos “lavan” dinero ilícitamente adquirido a sabiendas (naturalmente cobrando “comisiones” exageradas). Otros, como en el caso concreto, permiten que algunos de sus empleados se queden con copias de las tarjetas que expiden e impunemente se dedican (cual huachicoleros cibernéticos) a desvalijar a los clientes. Cuando éstos protestan, con decir simplemente “el culpable es el titular de la tarjeta porque tiene chip y sólo él puede efectuar retiros y aceptar cargos” resuelven, a su entender, sin posterior instancia, estos asuntos.

A mayor abundamiento, se deduce la participación de gente del banco en el hecho de que el sinvergüenza que sacó el dinero ajeno, sabía la suma que tenía el titular en la cuenta bancaria, de la que se deriva la tarjeta de débito, por el hecho de que ese sujeto (¿empleado del banco, surge duda?) nunca se pasó de la suma allí depositada.

De lo cual se desprende que en el banco Santander, empleados infieles o verdaderos sinvergüenzas (no es necesario serlo para trabajar en un banco, pero en ciertos casos ayuda mucho), puestos en connivencia, están robando a miles de usuarios del que debería ser un servicio eficiente y honrado, mas hablar de honradez en el caso de Santander es abarcar un territorio que desconocen.

Invitamos a quienes hayan sufrido similares atracos en su patrimonio, por un banco, a dirigirse a La Razón, explicando cuál fue su problema y, sobre todo, cómo se resolvió, si acaso se resolvió. Gracias.

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