Los balances también se polarizan. Hay quienes miran el primer año de la 4T luminoso; hay quienes lo ven extraviando promesas entre discursos machacones.
Lo cierto es que López Obrador llega bien y de buenas a su celebratorio dominguero del Zócalo, el ánimo “mas-si-osare” (un extraño enemigo —Trump— al acecho) permea y obsequia escenografía y ambiente de unidad nacional en su festejo personal.
López Obrador cambió el modito de andar. Drenó la frivolidad de la administración pública; la austeridad que roza el austericidio, heredará una mejor impronta en el servicio público, más temprano que tarde, la burocracia dejará de ser vista como la cueva de Alí Babá gracias a la tozudez de un Presidente que predica sencillez y empatía con el ejemplo.
López Obrador gusta de lenguajes simples y falsos dilemas; recién dijo que entre sus funcionarios prefiere 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de experiencia, cuando debería exigir el 100 por ciento de ambas. La pauperización del aparato gubernamental es un riesgo que debe afrontar la 4T, dejando de menospreciar la pericia al tiempo que la etiqueta como excluyente de probidad.
A un año de gobierno, urgen al país contrapesos; la oposición de siempre está descabezada, pesan más figuras que institutos y eso, sin ser culpa de AMLO, debería estar en su lista de buenos propósitos, aunque difícilmente pensará en ello el mandatario feliz, feliz, feliz.
La retórica mañanera no corrige distorsiones reales, estamos ante un presidencialismo recargado, la agenda nacional gira en torno al inquilino de Palacio Nacional, sus retratos hablados son órdenes para senadores y diputados, la pauta no la marca él, él es la pauta. En un año, la institucionalización del poder se ha diluido, se concentra en un solo hombre.
Con un pueblo proclive al culto patriarcal, la edificación de un Tlatoani nos aleja de la madurez democrática y nos acerca al tiempo de los caudillos. La instauración de un régimen, el anhelo por trascender, le resta energía a la tarea de gobernar, no sólo honrada y austeramente, sino también con talento (que lo hay) y humildad (que no se le mira).
En materia económica el Gobierno ha mantenido la ortodoxia neoliberal, equilibrio macroeconómico, baja inflación a costa de nulo crecimiento; ha elevado la masa salarial, dispersado dinero entre los estratos más desprotegidos dando real bienestar a los que menos tienen. El reparto de pensiones, becas y apoyos ha sido relevante y positivo, mientras que su instrumentación será siempre perfectible. En este renglón la 4T atina.
El estancamiento, el cero por ciento de crecimiento económico echa por tierra promesas y lances discursivos sobre dejar atrás los mediocres indicadores de los neoliberales. El reto ahora es demostrar que efectivamente se han sentado las bases para un desarrollo sustentable, aun en contextos globales adversos.
La ratificación del T-MEC en Estados Unidos y los coletazos por la campaña de Donald Trump demandan mesura y astucia. México tiene condiciones para un optimismo moderado. A pesar de la críticas, el canciller Marcelo Ebrard destaca por su capacidad e inteligencia.
La inversión privada tan anunciada y presumida, pero tan escondida, debe ser el motor que impulse un mejor 2020. Estimular la expansión para que el desarrollo sea sustentable pasa por moderar la prédica moral y fortalecer la certeza legal que el país ofrece.
A un año de gobierno, Andrés Manuel López Obrador debe estar satisfecho por trastocar estructuras viciadas que devaluaron la vida política de la nación. Sus avances no son pocos, ni menores, pero sus retos vienen abundantes y mayores.
Los niveles de aprobación del Presidente son los más elevados para un mandatario al cumplir un año de ejercer el poder; la empatía y capacidad de comunicación son evidentes. Construye cada mañana su narrativa. La distancia presupuestal con medios de comunicación y periodistas ha limpiado una parte del entramado; la incrustación de jilgueros anónimos ha ensuciado otra. Libertad y tolerancia están aún a prueba. Persiste la tendencia a victimizarse y ver a la crítica como adversaria.
La polarización promovida desde el poder pierde sentido. Tiene la 4T que mirar más hacia adelante y menos al pasado. La violencia e inseguridad son su talón de Aquiles.