BRÚJULA ECONÓMICA

Política económica a tres bandas

Arturo Vieyra *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Durante este año, es fundamental una coordinación efectiva entre las políticas monetaria y fiscal para lograr simultáneamente la estabilización macroeconómica y mitigar los riesgos de una recesión, cuya probabilidad ha aumentado a la luz de los recientes datos de actividad productiva.

La economía mexicana ha atravesado un periodo complejo en el que la inflación ha mostrado una desaceleración, situándose por debajo del 4% en la primera mitad de enero. Este descenso ha sido impulsado por una combinación de factores, entre ellos: una política monetaria restrictiva, la estabilidad en los precios de las materias primas, la desaceleración de la demanda y una reducción en los precios de los alimentos y la energía.

Este panorama favorable en materia inflacionaria abre la posibilidad de que el Banco Central adopte una postura más agresiva con una reducción de 50 puntos base en la tasa de interés de referencia en su próxima reunión de febrero. Esto aliviaría la carga fiscal y proporcionaría un impulso adicional a la economía. Sin embargo, la decisión no es trivial, pues existen factores clave que deben ser evaluados con detenimiento.

Presiones inflacionarias persistentes. A pesar de la desaceleración general de la inflación, aún persisten presiones en algunos segmentos, como los servicios y mercancías. Los incrementos en costos laborales han limitado la reducción en la inflación del sector servicios, mientras que la reciente depreciación del peso y la imposición de mayores aranceles y cuotas compensatorias sobre importaciones de calzado y textiles podrían generar presiones inflacionarias en las próximas semanas.

Impacto de la política monetaria de la Reserva Federal. La estrecha relación entre las economías de México y Estados Unidos hace que las decisiones de la Fed tengan un impacto directo en México. La fortaleza de la economía estadounidense podría aumentar la demanda de bienes mexicanos, impulsando el crecimiento. Sin embargo, si la Fed mantiene tasas de interés elevadas, podría atraer flujos de capital hacia Estados Unidos, generando presiones sobre el tipo de cambio y aumentando los riesgos inflacionarios en México.

Riesgo de medidas proteccionistas. La amenaza de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos representa un riesgo adicional. Si el gobierno estadounidense impusiera tarifas adicionales a productos mexicanos, México podría responder con medidas similares, afectando la inflación a través de mayores costos de importación. No obstante, la probabilidad de que esto ocurra ha disminuido significativamente en el corto plazo.

A pesar de estos factores, el contexto actual ofrece condiciones favorables para un recorte de 50 puntos base en la tasa de interés. Algunos puntos clave que respaldan esta decisión son: (1) La debilidad de la demanda interna, que reduce presiones inflacionarias; (2) la inflación se encuentra dentro del rango de variabilidad del objetivo de Banxico (3% +/- 1%); (3) los mercados financieros han anticipado un recorte de esta magnitud, como lo reflejan la reducción en la curva de rendimientos y los pronósticos de casi la mitad de los analistas (4) Principalmente, la tasa real de interés sigue siendo elevada, lo que permitiría un recorte sin comprometer el objetivo de control inflacionario.

En este contexto, Banxico enfrenta un dilema: por un lado, debe considerar un estímulo monetario para contrarrestar la debilidad económica interna; por otro, debe actuar con prudencia para evitar posibles presiones inflacionarias en un entorno donde la disciplina fiscal es una prioridad. Estos tres elementos —ciclo económico, inflación y restricción fiscal— serán determinantes en la decisión del banco central.