Una de las preguntas más frecuentes en el mundo del derecho se refiere a la cuestión de ¿qué surgió primero, la política o el derecho?
Se considera que en sentido amplio surgió primero la política, pues fue gracias a ella que las personas se organizaron para establecer las primeras leyes que regularon a la sociedad, incluso, a la propia política.
Ambas son dos pilares fundamentales para la organización de las sociedades modernas. Su interacción es compleja y dinámica, pues mientras la política se ocupa de la toma de decisiones colectivas y la distribución del poder, el derecho establece las normas que regulan la convivencia y limitan el ejercicio del poder.

El queda bien
La relación de la política y el derecho ha estado a lo largo de la historia, incluso, el origen del estado moderno se debe a los acuerdos políticos alineando sus ideologías, principios e intereses para que de esta forma se generen las leyes, como lo es la propia constitución política de un Estado, de donde derivan todas las demás leyes.
No obstante, la relación no es unidireccional, pues muchas veces el derecho delimita el orden político, estableciendo las reglas para llegar al poder (mediante elecciones), así como las diversas formas de ejercerlo, estableciendo la división de poderes, lo cual muchas veces puede no gustarle al jefe de Estado tener limitado su poder por la ley.
El derecho es muchas veces una herramienta de la política, pero muchas otras, es una limitación a los excesos de los poderes del Estado, mediante el establecimiento de reglas fundamentales como el respeto de los derechos humanos, los derechos políticos, y los principios fundamentales de igualdad, libertad y fraternidad que enarboló la Revolución francesa.
Uno de los problemas que se ha desarrollado muchas veces se refiere a que el derecho se ha utilizado políticamente, donde los impartidores de justicia son influenciados por intereses partidistas, socavando la imparcialidad en la impartición de justicia, ejemplos de ello tenemos a Venezuela y Polonia, donde la impartición de justicia criminaliza opositores y legitima gobiernos ilegítimos. Uno de los juristas que intentó separar el derecho de la moral fue Hans Kelsen, estableciendo que la validez de las normas depende de su legítima creación por las autoridades correspondientes, no de su justicia, mientras que por otro lado sus opositores comunistas criticaron que el derecho produjera estructuras de poder sirviendo a las élites gobernantes, por lo cual surgió una tercera posición del llamado constitucionalismo moderno (Dworkin), que propuso que el derecho debe basarse en principios éticos universales, limitando las decisiones políticas contrarias a dichos principios.
La relación entre la política y el derecho ha sido compleja y cambiante, por ahora parece que con la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, se impondrá la política por encima del derecho, como ha sucedido en diversos países, desde Turquía hasta Rusia, donde Putin es el prototipo de gobernante que pone por encima la política al derecho; el problema de ello es que se violentan los derechos adquiridos, no se puede confiar en las sentencias y se pierde el Estado de derecho, donde ya no existe la justicia sin adjetivos, pues por encima de ella se imponen las razones de Estado, por ello se avecinan tiempos oscuros para la justicia y el derecho.

