El inicio de un año siempre es un momento propicio para mirar hacia adelante y preguntarnos qué horizonte queremos construir. En América, región marcada por contrastes y desafíos, la democracia ha sido mantenida en la mayoría de los casos, aunque se encuentra amenazada cada vez más. El 2026 se abre como una oportunidad para reafirmar que los procesos electorales no son simples trámites administrativos, sino celebraciones de la pluralidad y recordatorios de que el respeto a la voz ciudadana es el mejor método para mejorar las sociedades.
En los últimos años, la narrativa dominante ha sido la de la polarización. Sin embargo, el nuevo año invita a pensar la política como un espacio de encuentro. América necesita recuperar la convicción de que el diálogo y la construcción de consensos son posibles. La política no tiene por qué ser un campo de batalla permanente; puede ser también un puente que acerque a quienes piensan distinto, un terreno fértil para imaginar soluciones compartidas a problemas comunes.
El contexto internacional refuerza la idea de que 2026 será un año muy relevante. En el continente americano coincidirán elecciones de alto impacto, como los comicios presidenciales en Brasil, Colombia, Perú y Costa Rica, que determinarán si la tendencia hacia gobiernos de derecha en la región se consolidará este año y, más importante, si triunfarán candidaturas populistas o se abrirá paso a opciones pluralistas. Las elecciones de medio término en Estados Unidos serán muy relevantes para México en relación con el gobierno del presidente Trump. Si logra mantener el control de las dos cámaras del Legislativo su gobierno se fortalecerá de cara a la segunda mitad de su mandato. En caso contrario, podríamos atestiguar el fenómeno conocido como lame duck, en donde el presidente en turno ve reducida sustancialmente su capacidad de maniobra y gobernabilidad. Paradójicamente éste podría ser un escenario más complejo para México, pues la negociación de los tratados comerciales es conducida por el Ejecutivo que podría radicalizar sus posturas frente a un entorno doméstico hostil.
En México, se abre un reto mayúsculo. De presentarse una iniciativa del Ejecutivo sobre una reforma electoral, será indispensable generar un contexto de discusión y exigencia para asegurar que lo mucho avanzado en instituciones y procedimientos democráticos se mantenga, abriendo la posibilidad de avanzar en temas como la proporcionalidad pura, mejores formas de financiamiento, autonomía de las autoridades electorales y condiciones de competencia justa entre los más relevantes.
El año que comienza nos recuerda que la democracia no es un destino fijo, sino un camino que se recorre día a día. Aprovecho la ocasión para desearle un extraordinario 2026.