TEATRO DE SOMBRAS

Tecnología y democracia

Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

¿Por qué la democracia liberal se encuentra en declive en el primer mundo? En el siglo pasado, la democracia liberal tenía un enemigo declarado: el comunismo. Después del derrumbe del muro de Berlín, es decir, del derrumbe del comunismo como sistema político y económico, parecía que la democracia liberal reinaría, sin oponentes, en el mundo entero, por eso se habló del fin de la historia política, porque la democracia liberal se quedaría para siempre, hasta el fin de los tiempos. Pues bien, ¿qué sucedió con el cambio de siglo? ¿Quién derrotó a la democracia liberal? No fue el comunismo, repito. Ni siquiera queda claro que haya sido otra ideología opuesta. ¿Qué fue, entonces?

Mi respuesta es que fue el desarrollo del sistema capitalista impulsado por las nuevas tecnologías. Para ponerlo en pocas palabras: la democracia liberal no embona con el mundo regido por la Inteligencia Artificial, el Internet y las redes sociales. Son esas nuevas tecnologías o, mejor dichos, los intereses políticos y económicos de los dueños de esas nuevas tecnologías los que han socavado el régimen global de la democracia liberal que surgió después del fin de la Guerra Fría.

Para usar el tipo de lenguaje que empleaba el filósofo francés Michel Foucault, digamos que el sujeto de la democracia liberal ha quedado superado por las nuevas estructuras de poder político y económico. Ese sujeto ideal era un individuo autónomo, crítico, discursivo, que lee el periódico por las mañanas, ya no tiene sitio en el mundo de hoy. El nuevo sujeto ya no lee el periódico, sino que está amarrado a las redes sociales y a la información seleccionada que recibe por su teléfono. El nuevo sujeto ya no es autónomo, sino que cree y siente lo que las estrategias de mercado le indican lo que crea y sienta. El nuevo sujeto critica lo que se le instruye que critique, sobre todo, las viejas políticas de la democracia liberal. El nuevo sujeto, dicho en cuatro palabras, ya no es autónomo. El nuevo sujeto está moldeado por los algoritmos, capturado en las burbujas de la información, dominado por una Inteligencia Artificial brutalmente poderosa que lo convierte en un peón.

No es una coincidencia que el declive de la democracia liberal haya coincidido con el desarrollo de las nuevas tecnologías.

Los nuevos enemigos del mundo occidental son los narcotraficantes, los delincuentes, los emigrantes. Para acabar con ellos se propone cerrar las fronteras, instalar cámaras de seguridad, hacer redadas en las calles, disponer de la información de todas las personas, cortar las libertades que se daban por supuestas hasta hace poco. Los orgullosos ciudadanos de los países avanzados exigen que el Estado se vuelva más poderoso, que expulse a los indeseables, que elimine a los enemigos. Esos individuos son los que votaron por Trump y aplauden sus desplantes. Son los hombres y las mujeres del presente.

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