La operación militar por la cual fueron arrestados Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas, la madrugada del 3 de enero de 2026, fue bautizada como “Resolución Absoluta”. El término, que proviene de la fotografía, sirve para señalar una escala más de precisión en una imagen captada en alta resolución.
No creo que haya fórmula más apropiada para caracterizar lo que ha sucedido en Venezuela: una fotografía nítida de la nueva era en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina que impulsa el Gobierno de Donald Trump y que está condensada en la más reciente estrategia de seguridad nacional.
Frente al pasado inmediato, incluso aquel en que se inscriben las últimas intervenciones militares directas en la región (Granada en 1983 o Panamá en 1989), el giro es pronunciado: no se trató de una ocupación del territorio, tampoco de la instalación de un gobierno interventor y mucho menos de un cambio de régimen o una transición democrática. Sin embargo, el jefe de Estado de un país soberano fue removido por la fuerza y sometido a juicio en Brooklyn.

Los dólares de la troca
No es cierto, como se repite, que no hubiera plan para después de la detención de Maduro. El plan estaba registrado desde hace meses en los intentos de negociación entre el propio Maduro y Trump, cuando se barajó la posibilidad de que, a cambio de indultos en Nueva York y en la Corte Penal Internacional, el dictador se exiliara en Rusia o Turquía.
Desde entonces se prefiguró que el gobierno sucesor estaría encabezado por Delcy Rodríguez en el poder ejecutivo y su hermano Jorge Rodríguez en la Asamblea Nacional. Ambos estarían respaldados por Diosdado Cabello desde el Ministerio del Interior y Vladimir Padrino al frente de las Fuerzas Armadas.
Con Trump, Estados Unidos deja atrás cualquier escrúpulo sobre transiciones democráticas y filosofías de los derechos humanos, tan características del periodo posterior a la Guerra Fría, y se concentra de manera descarnada en sus intereses: control de recursos naturales y energéticos de su área de influencia, contención migratoria y combate al narcotráfico.
La preferencia por una sucesión autoritaria, agenciada por excolaboradores de Maduro en el Estado, el ejército y el empresariado, por sobre una transición democrática, liderada por Edmundo González y María Corina Machado, que ganaron las elecciones de julio de 2024, responde a esa racionalidad. El secretario Marco Rubio llegó a descartar la celebración de nuevas elecciones, previstas por la propia Constitución venezolana, en este año.
Lo prioritario para Trump es el acceso privilegiado al petróleo venezolano, desplazando a aliados de Caracas como China, Rusia, Irán y Cuba. Los Rodríguez parecen dispuestos a concederlo, lo cual acabaría por desmantelar lo poco que queda del bloque bolivariano como alternativa a Estados Unidos y la Unión Europea en el Caribe. Una derrota estructural del chavismo y una perpetuación de la autocracia madurista.

