QUEBRADERO

Somos parte de la bronca

Javier Solórzano Zinser. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

A partir de que sacó de su lista a Nicolás Maduro, Trump ha entrado en una “negociación” con Venezuela en materia petrolera. Anunció unilateralmente que el país sudamericano enviará a EU entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo en los próximos 90 días.

La producción petrolera venezolana es de 1 millón de barriles diarios, esto significa que por lo menos durante tres meses buena parte de su producción estará destinada a EU. El temporal gobierno venezolano no se ha manifestado, pero no lo ha negado.

La presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, estará en el cargo al menos 90 días. La Constitución venezolana, la cual puede ser modificada en cualquier momento con la mayoría abrumadora del oficialismo, otorga una prórroga de otros 90 días más. El siguiente paso es declararla presidenta formalmente o convocar a elecciones.

Trump pareciera tener claros sus escenarios. La posibilidad de que quede Delcy Rodríguez en la presidencia se ve remota. El presidente ha hecho saber en innumerables ocasiones su total inconformidad política-ideológica con el régimen chavista y lo que queda del madurista.

El secretario de Estado de EU presentó ayer al congreso lo que viene para Venezuela. Aseguró que la primera fase es la estabilización, sobre todo económica; la segunda, la recuperación, con énfasis en la reconciliación nacional; la tercera, la transición y celebración de elecciones.

Para Venezuela vienen momentos más complicados de los que está viviendo. EU va a tratar de hacer a un lado a la actual clase gobernante, lo cual no será una empresa sencilla, porque es fuerte e influyente y está más metida en el radar ciudadano de lo que se piensa. Es un enigma lo que pueda pasar. Hasta ahora las calles venezolanas no se han hecho valer, porque prevalece el miedo y en algún sentido el vandalismo; las negociaciones son para abonar el terreno, no para consolidar a quienes gobiernan.

Habrá que ver qué mecanismos utiliza para imponer sus decisiones, porque, a pesar de lo que quiera hacer, no puede pasarse por alto a los venezolanos. En sentido estricto, Nicolás Maduro es pasado y habrá que ver qué termina por negociar el expresidente que bien podría negociar su estancia en la cárcel, porque es realmente remoto que regrese a Miraflores. Todo se concentra en cómo actuará Trump ante la clase gobernante que tiene buena parte de los hilos del país.

Como fuera, el presidente sigue avanzando. Ayer a Venezuela le informó que sólo comprará productos de EU; los tiene contra las cuerdas.

El inquilino de la Casa Blanca tiene ahora en la mira a Cuba. Al desarticular y presionar a la clase gobernante venezolana, la isla se queda sin uno de sus apoyos. Para Trump no pasó de largo que en torno a Maduro existía un escuadrón de vigilancia de militares cubanos.

El hecho desmiente categóricamente a Cuba y Venezuela. Ambos gobiernos negaron de manera fehaciente algo que sabía todo el mundo, pero jugaban a que no se conociera. Visto a la distancia la forma en que lo negó resulta, por decirlo menos, tramposa y lamentable.

El rompimiento de la relación de identidad entre estos dos países le abre a Trump un importante espacio en su estrategia contra Cuba. En este proceso quien puede quedar en medio es México. El soporte mayor en este momento de la isla es nuestro país, andamos en que les mandamos petróleo y más, y ellos nos envían médicos.

El Gobierno va a tener que tomar decisiones que lo van a llevar a riesgosas encrucijadas de las cuales sólo podrá salir con negociaciones que lo lleven a replantear su relación con la isla. Para EU, Cuba ha estado y está en el centro, no ha dejado de ser un dolor de cabeza en términos de la geopolítica.

Queramos o no, somos parte de la bronca.

RESQUICIOS.

Es probable que para Trump el petróleo sea a Venezuela lo que el narcotráfico es para México. Si así fuera no hay que pasar por alto las continuas referencias, nada nuevas, sobre que en México gobierna el narcotráfico por encima de la Presidenta.

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