Trump ha sido claro al decir que Cuba “se cae sola”, dice
En un momento de sacudidas profundas para América Latina, la caída de Nicolás Maduro reconfigura equilibrios políticos, energéticos y estratégicos en toda la región. Cuba enfrenta uno de los escenarios más complejos de su historia reciente, mientras México redefine, entre presiones internas y externas, su relación con La Habana. Sobre este nuevo tablero geopolítico y qué es lo que viene en un futuro próximo, esta semana platicamos con Rafael Rojas, historiador y uno de los mayores especialistas en Cuba y América Latina; además, es colaborador de La Razón.
Rafael Rojas (RR): Lo ocurrido recientemente en Venezuela, con el arresto de Nicolás Maduro y Cilia Flores, así como el inicio de un largo proceso judicial en Nueva York, plantea interrogantes muy serias para Cuba. El desafío inmediato tiene que ver con el control de recursos energéticos venezolanos, que ahora está ejerciendo el Gobierno de Estados Unidos con apoyo del Gobierno sucesor en Venezuela. Esto es tremendamente paradójico e inédito. Con ese nuevo control, Cuba pierde a su principal proveedor de combustible.
Cuba necesita alrededor de 140 mil barriles diarios de petróleo para funcionar. En el último año, Venezuela ya estaba enviando menos de 12 mil barriles diarios, una cifra muy baja. De hecho, México terminó enviando una cantidad similar, desplazando a Venezuela como principal proveedor, pero sigue siendo un volumen claramente insuficiente. Todo indica que Cuba perderá buena parte del subsidio petrolero que recibía desde Caracas.
Bibiana Belsasso (BB): ¿Qué pasará con la forma en que México abastece combustible a Cuba? ¿Se mantendrá el apoyo ante la presión de Estados Unidos?
RR: Ese subsidio ha sido objeto de mucha discusión. La Presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho que forma parte de una tradición histórica de la política exterior mexicana hacia Cuba, incluso remontándola hasta la época de López Mateos. Pero eso no es del todo correcto. Esa justificación es distinta a la que daba AMLO, quien decía que su gobierno retomaba una política de solidaridad perdida durante el periodo neoliberal.
La realidad es que, si bien México siempre mantuvo buenas relaciones con Cuba, esa relación no se basaba en subsidios petroleros, sino en comercio, créditos e inversiones. Todo eso se fue abandonando y, durante el gobierno de López Obrador, prácticamente colapsó el comercio bilateral. En su lugar apareció el subsidio petrolero, que es una práctica mucho más parecida a la que Cuba tuvo con Venezuela durante el periodo de Hugo Chávez.
Lo que vimos el año pasado probablemente se repita: un apoyo oscilante. Aumenta en ciertos meses, baja en otros, repunta a finales de año y vuelve a caer. Todo depende de la presión que ejerza Washington y de las críticas que surjan en EU. No será un esquema estable.
BB: Entonces, ¿qué gana México con este apoyo a Cuba?
RR: Yo diría que gana tres cosas. Primero, mantener una buena relación con un actor todavía relevante en el Caribe. Segundo, cierta compensación simbólica frente a su relación asimétrica y absorbente con EU. Y tercero, probablemente, un gesto hacia las bases bolivarianas de Morena, para las cuales Cuba es un referente ideológico y simbólico importante. Más allá de eso, no veo beneficios económicos ni estratégicos claros.
BB: Durante años se negó la presencia militar cubana en Venezuela. ¿Qué lectura haces de esto?
RR: La muerte de esos 32 oficiales cubanos es una evidencia más de que la colaboración militar y de seguridad entre Cuba y Venezuela se mantuvo, aunque con altibajos. Esa cooperación viene desde la época de Hugo Chávez y Fidel Castro. Es cierto que en los últimos años de Maduro hubo una reducción en la intensidad de esa colaboración, pero nunca desapareció. Durante el periodo de acercamiento entre Raúl Castro y Barack Obama, entre 2014 y 2016, Cuba intentó minimizar públicamente ese vínculo con Venezuela. La razón era clara: presentar a Cuba como un actor que no representaba un riesgo para la seguridad de EU y facilitar la normalización de relaciones. Por eso se recurrió tantas veces al desmentido.
BB: También se percibe a Miguel Díaz-Canel visiblemente incómodo y una seguridad e inteligencia cubana que no le funcionó a Maduro.
RR: Sí, coincido. El aparato de seguridad cubano ya no es el mismo que fue hace 20, 40 o 50 años, cuando contaba con el respaldo soviético. Estos hechos evidencian una pérdida de capacidad, pero también una enorme incomodidad política. Tanto el Gobierno cubano como el venezolano han manejado todo esto con gran opacidad, pero más que ocultar algo, yo creo que refleja malestar y desconcierto frente a una situación que se les salió de las manos.
BB: En México hemos visto la llegada de muchos cubanos oficialmente, como médicos. ¿Existe el riesgo de que haya personal de seguridad infiltrado?
RR: No tengo información concreta que permita afirmar eso. En el caso de los médicos, sí hubo un esquema claro durante el gobierno de López Obrador, muy similar al aplicado por Venezuela con Cuba. Cuba enviaba personal de salud y, a cambio, recibía apoyos energéticos o financieros. Aunque, como bien señalas, México también pagaba millones de dólares por esos servicios.
Ese esquema se justificó en nombre de la solidaridad y el humanismo, y en algunos casos respondió a emergencias reales, como el incendio del tanque en Matanzas o algunos ciclones. Pero con el tiempo se volvió una práctica rutinaria. Su antecedente directo es el subsidio energético entre Chávez y Fidel Castro, con un fuerte componente ideológico.
BB: ¿Crees que ese modelo se mantenga con el Gobierno de Sheinbaum?
RR: Tengo la impresión de que ese esquema ha perdido fuerza. Aunque el subsidio petrolero continúa, lo hace de manera intermitente y precaria. El Gobierno de Sheinbaum parece más receptivo a las críticas provenientes de Estados Unidos y ajusta la intensidad del apoyo según el contexto. A futuro, ese proyecto será cada vez más difícil de sostener.
BB: ¿Qué le espera a Cuba a futuro?
RR: Cuba ya estaba en una situación muy grave antes de estos acontecimientos. Hay una crisis profunda de insumos energéticos, apagones constantes, escasez de agua, deterioro del sistema de salud, aumento de la desigualdad y una incapacidad productiva estructural. Todo esto obliga al Gobierno a replantear su política económica y social y, eventualmente, su sistema político.
Las protestas de 2021 y 2022 fueron una advertencia clara. Desde entonces ha habido manifestaciones más dispersas pero constantes. El riesgo de un nuevo estallido social sigue latente y ahora se suma la pérdida del respaldo energético venezolano. La necesidad de reformas es urgente para evitar un colapso mayor.
BB: ¿Ves cercano el final del régimen encabezado por Díaz-Canel?
RR: No necesariamente. Para que eso ocurra tendría que darse un estallido social incontrolable o una intervención externa, y no veo ninguna de las dos como inminente. Donald Trump ha sido claro al decir que Cuba “se cae sola”. La apuesta parece ser que el deterioro interno y la falta de apoyo energético provoquen un colapso gradual. Cuando Trump y figuras como Marco Rubio mencionan a Cuba, Colombia o México como escenarios de presión, no lo hacen en un sentido literal, sino como parte de una estrategia de efectos indirectos. En el caso cubano, el control energético sobre Venezuela puede tener consecuencias devastadoras sin necesidad de una acción militar directa.